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Cuando nace Mary Somerville,
Inglaterra presenta un decaimiento del desarrollo
científico en prestigiosas sociedades
como la Royal Society o el Gresham College.
En el siglo XVIII, las universidades de Oxford
y Cambridge no eran centros de investigación
científica sino esencialmente Seminarios,
y una mayoría de los estudiantes iba
a parar a la Iglesia o a escuelas terminales
en las que se ejercía docencia más
que investigación. Pero al comienzo del
siglo XIX, la proliferación de sociedades
filosóficas, literarias y científicas
se fue generalizando en todo el Reino Unido
y a finales de siglo eran mas de cien con un
volumen de socios comparable a los de la Royal
Society durante los siglos anteriores.
Las nuevas universidades y, en particular, las
universidades escocesas de Glasgow y Edimburgo
contaban con científicos como Lord Kelvin,
que defendieron la introducción del trabajo
experimental en la formación universitaria.
Surgen los Institutos de Mecánica de
Glasgow, Birmingham y otros en casi todas las
grandes ciudades; la mayoría poseían
un nivel bastante elevado, siendo ya en 1850
más de seiscientas las organizaciones
que reunían a más de cien mil
personas. La ciencia se estaba volviendo compleja
y difícil de comprender para los intelectos
sin formación, y la investigación
experimental requería aparatos costosos,
así como más clara implicación
en el desarrollo industrial.
Los primeros pasos de Mary Somerville en el
mundo de la ciencia tuvieron como escenario
una Escocia en plena ebullición. Esta
circunstancia favoreció su inicial desarrollo
como científica y el posterior conocimiento
y difusión de sus trabajos
En Edimburgo, existía una actitud, aun
dentro de los convencionalismos de la época,
más abierta a la participación
de las mujeres en actos sociales en los que
se daban conferencias y se realizaban demostraciones
científicas, a menudo con el fin de obtener
financiación necesaria para sostener
nuevos proyectos. Mary Somerville era consciente
de que estas reuniones culturales eran los únicos
contactos posibles con las últimas novedades
científicas, algo vital para estar en
la primera línea de la ciencia que se
desarrollaba en ese momento.
Hija
de un vicealmirante de la armada inglesa, la
familia vivía cerca de Edimburgo, donde
pasaban los inviernos. Mary se había
manifestado como una joven inquieta y observadora,
de manera que inició un aprendizaje autodidacta
muy común a otras científicas
de su tiempo. En su autobiografía describe
cómo le llamaban la atención los
animales y las plantas cuando paseaba por el
campo. Uno de aquellos veranos, su tío,
el Dr. Somerville admirado por su deseo de saber,
le recomendó iniciarse en las lecturas
en latín de autores clásicos,
y al tiempo le hablaba de mujeres sabias de
la antigüedad.
En 1804
se casó con Samuel Greig, oficial de
marina, y se trasladaron a Londres. Este cambio
en su vida fue duro pero crucial para su futuro
científico. Nacieron dos hijos y su marido
murió al tercer año de matrimonio.
Se encontró lejos de su familia, pero
con una independencia personal y económica
que para ella supuso una nueva manera de afrontar
la vida.
Descubrió
en Londres un ambiente científico que
comenzó a interesarle. Su buena posición
económica le facilitó aumentar
su biblioteca y decidió dedicar parte
del tiempo a mejorar su formación. Su
primer “éxito” fue ganar
una medalla de plata por la solución
de un problema sobre las ecuaciones diofánticas
en el Mathematical Repository de Wallace. Por
entonces, ya había leído Los Elementos
de Euclides y el Álgebra de Bonycastle.
Volvía
con frecuencia a Edimburgo, donde sus amigos,
conocedores de su dedicación a las matemáticas,
le animaban a que participara en coloquios y
reuniones que se celebraban con frecuencia,
y en las que tomó contacto con importantes
científicos, entre ellos William Wallace
quien orientó sus lecturas matemáticas
haciéndole llegar los trabajos de los
más importantes matemáticos franceses
de la época.
Su segundo
matrimonio, en 1812, con su primo William Somerville,
inspector médico de la Royal Navy, supuso
para ella una convivencia larga y feliz y un
respaldo fundamental en su dedicación
a la ciencia. Su marido estaba orgulloso de
los conocimientos de Mary y se convirtió
en su principal ayudante a la hora de facilitarle
contactos con la comunidad científica.
Se instalaron en Londres y William se hizo socio
de la Royal Society, ya que en dicha Institución
no se admitían mujeres ni les estaba
permitido el acceso a las instalaciones. En
su biblioteca él copiaba a mano los artículos
que a su mujer le resultaban interesantes para
sus investigaciones.
Cuando
tuvieron la oportunidad de visitar París,
en 1817, aprovecharon para encontrarse con los
más importantes matemáticos de
la época como Lagrange, Poisson y Laplace,
quienes les mostraron el avance de sus trabajos.
Para una científica como ella, el estudio
de estos materiales era fundamental dado que
en Inglaterra le resultaba muy difícil
conseguir tratados matemáticos de esta
importancia.
En 1830,
el prestigioso científico Charles Babbage
publicó un libro bajo el título
“Reflexiones sobre la decadencia de la
ciencia en Inglaterra”. El revuelo que
ocasionó fue importante, y Brewster,
desde su condición de científico
aficionado y como vicecanciller de la universidad
de Edimburgo, convocó una reunión
nacional de “Amigos de la Ciencia”,
en la que se acordó la fundación
de la Asociación Británica para
el Avance de la Ciencia que, entre sus objetivos,
planteaba una profunda reforma de la universidad,
tanto en su estructura como en la cuantía
y el destino de sus inversiones.
Mary
Somerville seguía de cerca estos acontecimientos.
La Asociación fue muy activa en el movimiento
por la reforma de la educación superior,
aunque estaba todavía muy lejos de plantearse
el acceso de las mujeres a las enseñanzas
universitarias. Por su parte, la Royal Society
también emprendió algunas reformas,
en especial en cuanto a las características
de sus socios. A partir de 1874 los pares no
dispusieron ya de un acceso privilegiado dando
prioridad a los científicos mejor formados,
aunque hubo que esperar hasta 1945 para que
se admitiera a las mujeres como miembros.
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