Siempre es difícil acercarse a un personaje
y en particular cuando éste es tan controvertido.
Así como su trayectoria científica
es diáfana, su perfil humano no admite
un único dibujo. Depende del autor de
su aproximación. Así, su discípulo
San Juan dirá:
“Todos en Toledo queríamos a D.
Ventura; sabíamos de su bondad y caridad
llevada al más absoluto olvido de sí
mismo; daba todo
Cobo lo expresará:
“Extrañable
don Ventura! Pintoresco e inolvidable. Después
de tanta reflexión y tanto dato acumulado,
queda la sensación de algo inasible,
que se escapa tenaz, una y mil veces, a nuestras
indiscretas miradas. Contra la tosca frase
de Urabayen (“¡la corteza, sólo
es bella la corteza!”) exclamamos: uno
de esos espíritus amables que llenan
de animación y vida el recuerdo de
una época”.
Dicho lo anterior,
Ventura Reyes nace en Castuera el 31 de mayo
de 1863 y muere en Madrid el 27 de noviembre
de 1922. Fue de los pocos, quizás también
García de Galdeano, que mantuvo correspondencia
y amistad con muchos científicos extranjeros
en el último tercio del siglo XIX y
principios del XX.
Estudia la carrera
de Ciencias Naturales en la Universidad de
Madrid, donde cursa el doctorado; obteniendo
en ambos títulos la calificación
de Premio Extraordinario. Su trabajo de Tesis
se tituló: Catálogo de las
aves de España, Portugal e Islas Baleares.
Pero es, sin lugar
a dudas, en Matemática donde brilla
con luz propia, y habría que encajarlo
como uno de los matemáticos españoles
mejores de su época.
En 1887 acompaña
a su hermano Eduardo (Catedrático de
Botánica de la Universidad Complutense)
a un viaje a Alemania y traba amistad duradera
con F. Klein y Ferdinand Lindermann, investigadores
alemanes en Lógica Matemática,
así como en Geometrías no-Euclídeas.
Asimismo, como él reconoce, su interés
por la Lógica se despertó después
de leer una obra de Shröder.