SU OBRA MATEMÁTICA
El interés de Thales por la ciencia posiblemente
se originara en sus contactos comerciales con
Egipto y Mesopotamia, fruto de los cuales llegó
a conocer en buena medida la matemática
y la astronomía babilónicas; además,
resulta probado que viajó a Egipto y
permaneció allí algún tiempo,
en el que se inició en los misterios
de su religión y aprendió lo que
pudo de su geometría, cuyos contenidos
trasladaría luego a Grecia. Se le atribuyen
cinco teoremas geométricos y la resolución
de dos problemas prácticos; unos y otros
se enuncian y comentan a continuación.
1) Todo círculo queda dividido en
dos partes iguales por su diámetro.
Este teorema, junto a los tres siguientes, aparece
en el Comentario de Proclo. Si bien
parece ser que Thales fue el primero en demostrarlo,
la palabra “demostrar” no debe ser
entendida como lo es actualmente. Según
Cantor, lo que posiblemente haría para
llegar a esta conclusión fuera dibujar
círculos y observar que quedan divididos
en sectores circulares iguales por 2, 4, 6,
... diámetros convenientemente trazados
(perpendiculares, formando 45º, etc.).
Con todo, hay que hacer constar que ni siquiera
Euclides probaría
este teorema, sino que lo enunciaría
como una definición, concretamente la
XVII, en el Libro I de los Elementos.
2) Los ángulos de la base de todo
triángulo isósceles son iguales.
Conviene precisar que Thales, en realidad, usó
el término “semejantes” en
vez de “iguales”; lo que parece
indicar que no concebía la amplitud del
ángulo como una magnitud, sino como una
figura que tiene una determinada forma. El teorema
aparecería después como la Proposición
V del Libro I de los Elementos de Euclides.
3) Los ángulos opuestos por el vértice
que se forman al cortarse dos rectas son iguales.
Aunque Thales, en efecto, descubriera el teorema,
seguramente no lo probó de manera rigurosa.
Fue Euclides quien lo hizo en su Proposición
XV del Libro I de sus Elementos.
4) Si dos triángulos tienen un lado
y los dos ángulos adyacentes respectivamente
iguales, entonces los triángulos son
iguales.
También Eudemo en su Historia afirma
que Thales conocía este teorema. De nuevo,
figura en los Elementos de Euclides; concretamente
en la Proposición XXVI del Libro
I
.
5) Todo ángulo inscrito en una semicircunferencia
es un ángulo recto.
Este teorema, que según parece ya sabían
los geómetras de Babilonia y acaso Thales
con ocasión de sus viajes a esas tierras,
algunos autores lo denominan teorema de Thales.
Sorprende, no obstante, que conociera la existencia
de infinitos triángulos rectángulos
con una hipotenusa común y no se planteara
en cambio qué relación guardan
los catetos con dicha hipotenusa; máxime
cuando es probable que hubiera oído hablar
en Egipto del triángulo rectángulo
de lados 3, 4, 5.
Hay sin embargo otras opiniones acerca de la
paternidad del teorema. La más importante
posiblemente sea la de Diógenes Laercio,
quien duda si fue Thales o Pitágoras
el primero en inscribir un triángulo
rectángulo en un círculo. Como
anécdota hay que decir que en cualquiera
de las dos hipótesis, su autor habría
sacrificado un buey debido a la importancia
del hallazgo.
Eudemo también atribuye el descubrimiento
a los pitagóricos y da a entender que
Thales no lo conocía, pues no cree que
pudiera llegar a él sin saber previamente
que los ángulos de cualquier triángulo
suman dos rectos. Cantor, en cambio, presume
que primero probaría esta última
proposición y luego demostraría
el teorema, y basa su argumentación en
un Comentario sobre las Cónicas de Apolonio
debido a Eutocio. En cualquier caso, ha de entenderse,
como ya se ha dicho, que si Thales hubiera demostrado
el teorema nunca se trataría de una prueba
formal.
6) Determinación de la altura de
la pirámide de Keops.
Como es sabido, Thales calculó la altura
de la Gran Pirámide de Gizeh a partir
de la longitud de la sombra que proyectaba.
Hay varias versiones de cómo lo hizo:
Diógenes Laercio (tomando como fuente
a Jerónimo) afirma que midió su
altura observando la longitud de su sombra en
el momento en que la sombra de Thales era igual
a su altura; Plinio dice lo mismo, aunque en
vez de recurrir a la altura y la sombra de Thales,
supone que tomó como referencia las de
determinados objetos; Plutarco, en fin, relata
que usó como elemento auxiliar un bastón
colocado verticalmente, y estableció
una relación de proporcionalidad entre
los lados de los triángulos determinados
por la pirámide y su sombra y el bastón
y la suya.
La opinión más probable es la
primera –que poco difiere de la segunda-,
pero, aun dando crédito a la tesis de
Plutarco, en realidad su método no iría
mucho más allá de los procedimientos
técnicos empleados por los egipcios en
la medición de pirámides que figuran
en el papiro Rhind. En efecto, en estos problemas
se distinguen los segmentos ukha-thebt
(lado de la base) y piremus (altura),
y la razón:
se-qet = 
que determina la pendiente de la pirámide
(o sea, la cotangente del ángulo diedro
formado por una cara lateral y la base); y luego
se halla la altura a partir de la base de la
pendiente. Thales, en cambio, realizaría
su cálculo partiendo de la longitud del
bastón y de su sombra y de la longitud
de la sombra de la pirámide; aunque,
evidentemente, su método resulta equivalente
a que se hubiera impuesto que los triángulos
rectángulos correspondientes tuvieran
la misma pendiente.
7) Cálculo de la distancia de una
nave a la costa.
Si bien existen varias hipótesis sobre
cuál fue el procedimiento seguido por
Thales para hallar la distancia de una nave
a la costa, como por ejemplo, el que emplearían
siglos después algunos agrimensores para
calcular la distancia de un punto a otro inaccesible
y que está basado en el teorema 4, la
suposición más probable es la
que se indica a continuación. Según
esa opinión, si la nave se encontrara
en
un lugar N, Thales se habría
subido a una torre AB en la
costa, a la orilla del mar, con un aparato formado
por dos listones en ángulo recto. Colocado
uno de ellos, CD, vertical,
en línea recta con AB,
y el otro horizontal hacia el mar, lanzaría
una visual desde D hacia el
barco, la cual determinaría un punto
E en su intersección
con el listón horizontal. Conocidas las
longitudes de AC, CD
y CE, por la semejanza de los
triángulos CDE y ADN,
se tendría entonces, finalmente AN =
(AC+CD) • 
Ahora bien, más allá de esas aportaciones
concretas de Thales, ¿cuál es
la valoración de su repercusión
en el desarrollo de la matemática?
Para analizar sus implicaciones, tengamos en
cuenta en primer lugar que, en sus orígenes,
la geometría griega aparece como tributaria
de la egipcia, y en menor grado de la babilónica,
esencialmente prácticas y dirigidas al
cálculo de magnitudes, principalmente
en agrimensura, construcción, etc. Con
Thales, sin embargo, se empieza a pasar de lo
meramente empírico a lo teórico,
a la vez que se inicia la idea de demostración,
que en un principio es experimental, basada
fundamentalmente en la simetría, la visualización,
la superposición ...; se trata, pues,
de “demostraciones” más convincentes
que rigurosas. La geometría de Thales
marca, por tanto, el inicio de la geometría
como una auténtica ciencia, tal como
hoy la concebimos, y emprende la formulación
de teoremas, enunciados de manera inmaterial
y abstracta y con su correspondiente demostración.
Las características concretas que nos
parecen más importantes son las siguientes:
1) suponen auténticos teoremas, o sea,
afirmaciones exactas sobre objetos matemáticos,
mientras que la geometría prehelénica
se limitaba al estudio de propiedades numéricas
de figuras particulares; 2) son proposiciones
en las que se enuncian propiedades sumamente
sencillas, pero inútiles para las necesidades
prácticas: su sentido es, pues, muy diferente
al de la matemática babilónica
y egipcia, generalmente aplicada y de un buen
nivel técnico; 3) no se tratan de demostraciones
totalmente formales, pues no construye –ni
existe entonces- un sistema de axiomas o principios
básicos ni, por supuesto, se siguen en
sus razonamientos las pautas de un proceso hipotético-deductivo
en sentido estricto. A pesar de todo ello, las
indudables carencias en el rigor deberían
quedar en un segundo plano al lado del significado
que globalmente representan sus aportaciones:
ser el punto de partida en la transformación
de la matemática experimental hacia la
matemática como ciencia deductiva.
APORTACIONES EN OTROS CAMPOS
Además de matemático, Thales sobresale
fundamentalmente como filósofo, aunque
también destaca en astronomía.
Se le reconocen asimismo, pero en menor grado,
otras facetas de tipo utilitario, como la de
ingeniero, físico e, incluso, en algún
momento, comerciante u hombre de negocios.
Se podría comenzar la descripción
de sus relaciones con la astronomía trayendo
a colación una anécdota, bien
sabida, que nos presenta a Thales como un observador
de estrellas, y que nos relata Diógenes
Laercio: “Dícese que un día,
por estar mirando las estrellas y observándolas,
cayó en un pozo y que la gente se burlaba
de él diciendo que mal podría
conocer las cosas del cielo quien no acertaba
a ver siquiera dónde pisaba”. Aunque
su contribución más célebre
en este campo es, sin duda, la predicción
de un eclipse solar, posiblemente el 28 de mayo
de 585 a.C., coincidiendo con una batalla entre
medos y lidios, que finalmente detuvo el fenómeno
celeste y condujo a la paz. En todo caso, hay
que precisar que Thales ignoraba la causa de
los eclipses, debido a una particular concepción
del sistema solar y a una falta de conocimientos
técnicos y de una base sólida
de observaciones, por lo que su pronóstico
tuvo que realizarse con la ayuda de tablas empíricas
procedentes de los babilonios.
Entre otras aportaciones, Eudemo le atribuye
el descubrimiento de que “el periodo del
Sol con respecto a los solsticios no siempre
es el mismo”, lo que se supone significa
que advirtió la desigualdad de la duración
de las cuatro estaciones astronómicas
(parece ser que basa su argumento en los escritos
Sobre los solsticios y Sobre los equinoccios
del propio Thales, según Diógenes
Laercio). Asimismo se cree que conocía
la división del año solar en 365
días, Calímaco le reconoce como
el descubridor de la Osa Menor, etc.
En cuanto al resto de sus facetas prácticas,
se pueden destacar que dirigió una escuela
de naútica en Mileto y que probablemente
escribiera el manual Astronomía naútica
(otros se lo asignan a Foco de Samos), en el
que se encuentran distintas propuestas naúticas,
como la navegación por la Osa Menor para
llegar al polo, en vez de la costumbre griega
de hacerlo por la Osa Mayor. Igualmente se le
atribuyen otras aptitudes y contribuciones,
como su competencia en las obras hidraúlicas
o el descubrimiento de atracción de los
imanes y de la electricidad estática
al observar que el ámbar frotado con
un paño atraía pequeños
objetos.
También, al menos en un momento de su
vida, demostró ser un buen hombre de
negocios; lo que tuvo lugar con ocasión
de los reproches que algunas veces le dirigieron
sus conciudadanos en relación con su
pobreza e inutilidad de su filosofía.
Así, según cuenta Aristóteles
en su Política, Thales pronosticó,
de acuerdo con la astrología, que la
siguiente cosecha de aceitunas habría
de ser muy abundante; motivo por el cual se
hizo con el control de las prensas de aceite
de Mileto y de Quíos, y de esta manera
pudo imponer meses después el precio
que quiso a quienes requirieron su utilización,
llegando a conseguir con ello una cierta fortuna.
Sin embargo, por encima de todo ello hay que
resaltar su figura como filósofo, ya
que Thales fue el fundador de una nueva corriente
filosófica; es más, Aristóteles
entre otros, le considera el padre de la filosofía.
Como es sabido, su pensamiento se sustenta sobre
la idea de que el agua es el principio, sustancia
y fundamento de todas las cosas; según
se dice, por ejemplo, en la Metafísica
de Aristóteles.
Las razones que debieron llevarle a ello estarían
en la observación de que “lo que
nutre a todas las cosas es húmedo, hasta
el punto de que el calor mismo nace de la humedad
y vive de ella, y que aquello de que todas las
cosas nacen es el principio de todas las cosas”,
como relata Aristóteles; y algo parecido
opinan otros comentaristas suyos, como Plutarco
o Simplicio. De acuerdo con este último,
Thales sería un físico, por admitir
un único principio móvil. De este
modo aspiraba a dar una interpretación
racional del mundo, frente a las explicaciones
mitológicas anteriores a él; es,
por tanto, el primero de los filósofos
de la naturaleza o filosofía
física, que busca el principio o
realidad última (arkhê)
independientemente de las explicaciones míticas
tradicionales. Es innegable además, que
estas ideas constituyen un nuevo saber, más
racional, que marcará el nacimiento del
pensamiento científico y, en particular,
de la estructuración formal de la matemática.
Por otra parte, el papel que Thales concede
al agua se extiende incluso a una concepción
cosmológica del mundo (que sería
perfeccionada poco después por Anaximandro),
según la cual “la Tierra era un
disco plano que flotaba en el agua; había
aguas encima y a nuestro alrededor (¿de
dónde, si no, vendría la lluvia?).
El Sol, la Luna y las estrellas eran vapor en
estado de incandescencia, y navegaban por el
firmamento gaseoso encima de nosotros ...”,
como señala B. Farrington en el libro
reseñado en la bibliografía.
Parece obligado también hacer siquiera
una referencia a que a su principal afirmación:
todo procede del agua, Thales añadió
una segunda: todo está lleno de dioses
(seres suprahumanos o démones).
Igualmente resulta inevitable mencionar que,
para él, el alma era algo que se mueve;
así –decía- “la piedra
magnética y el ámbar tienen alma”
(esta teoría de Thales y de los antiguos
jónicos, según la cual la materia
vive y que las cosas inanimadas tienen alma
es llamada hilozoísmo).
LA MATEMÁTICA DESPUÉS
DE THALES
Los sucesores de Thales, Anaximandro (c 610
a.C.-545 a.C.) y Anaxímenes (c 585 a.C.-528
a.C.), nacen también en Mileto; son,
junto a él los tres primeros presocráticos,
todos ellos filósofos naturales.
Sin embargo, los dos últimos no hicieron
aportaciones a las matemáticas –sólo
alguna contribución a la astronomía-,
a excepción de la posible influencia
del concepto de infinitud de Anaximandro en
la muy posterior construcción por Cantor
de la noción de transfinito. Por tanto,
puede decirse que ninguno de ellos continuó
la labor matemática de Thales; es más,
se desconoce casi por completo cómo progresó
la geometría entre Thales y Pitágoras.
Tan sólo se tiene el siguiente testimonio
al respecto de Proclo: “Después
de Thales, Ameristo ... se encargó del
estudio de la geometría ...”, pero
no se sabe nada del pretendido geómetra,
del que incluso su nombre –Mamerco, según
otros- ofrece dudas.
La caída de Mileto provoca el éxodo
de los intelectuales hacia el occidente: la
Magna Grecia; allí aparece Pitágoras
de Samos, nacido hacia el año 570 a.C.,
quien prosigue y engrandece la obra de Thales,
supuesto maestro suyo. A Thales y a Pitágoras,
a la cabeza de los matemáticos jónicos
y pitagóricos, respectivamente, les cabe
el inmenso mérito de haber jugado un
papel iniciático en la construcción
de la matemática –y en particular
de la geometría- como una disciplina
formal. Con justicia, son designados uno y otro,
respectivamente, el primer matemático
y el padre de la matemática. 