Sobresale
especialmente porque sus teoremas geométricos, en los que
aparece el germen del concepto de demostración, constituyen
el punto de partida en el proceso de organización racional
de las matemáticas.
Thales, uno de los siete sabios de Grecia, es también
el fundador de la filosofía natural, y busca en el agua
el principio y realidad última de todas las cosas.
THALES Y
SU ÉPOCA
La Ciencia nace en Oriente, pero no adquiere características
racionales hasta que, en el siglo VI a.C., Grecia comienza a organizar
los conocimientos empíricos de las antiguas civilizaciones.
Hacia el año 600 antes de nuestra era, los griegos están
dispersos en ciudades-estado independientes ubicadas a lo largo
del Mediterráneo y de las costas de Asia Menor (la actual
Turquía), en donde aparecen diversos personajes que ocupan
puestos de superioridad respecto a sus conciudadanos. A esa categoría
de hombres pertenecen los llamados siete sabios de Grecia, que
emiten sentencias, proverbios y preceptos morales que muestran
el punto de partida del pensamiento griego cuando se aplican a
conductas de la vida, y también aconsejan sobre asuntos
políticos.
En Jonia, situada en la costa egea de Anatolia, se encuentra la
próspera ciudad de Mileto, cruce de civilizaciones de tres
continentes y capital de gran número de colonias distribuidas
en torno al Mar Negro. En ella surge la denominada Escuela de
Mileto, donde se inician la filosofía y la matemática
griegas, y cuyas figuras más ilustres son Thales y sus
sucesores Anaximandro y Anaxímenes.
Thales, de ascendencia fenicia, hijo de Examio y Cleobulina, vino
al mundo en aquella ciudad. Aunque no hay unanimidad sobre las
fechas exactas de su existencia, lo que parece más probable
es que habría nacido en el año 624 a.C. y fallecido
en el 547 a.C.
En una primera aproximación a la figura de Thales, hay
que empezar diciendo que él es, precisamente, el primero
de los siete sabios (los demás son Pítaco, Bías,
Solón y otros tres que varían según diferentes
autores, alguno de los cuales llega a completar la lista de los
cuatro citados hasta diez o incluso diecisiete). Entre las sentencias
expresadas por Thales desde esa situación preeminente se
encuentran su célebre máxima: “Conócete
a ti mismo” y su respuesta a la pregunta sobre cuál
debe ser la conducta de una vida justa: “Abstenerse de hacer
lo que criticamos en los demás”. Menos conocidos
son, sin embargo, algunos apotegmas que asimismo se le atribuyen;
como los siguientes: “Acuérdate de tus amigos, estén
ausentes o presentes”, “No te enriquezcas con desvergüenza”,
“La ociosidad es penosa”, “La ignorancia es
una pesada carga”, etc.
FUENTES
BIBLIOGRÁFICAS ORIGINALES
Si bien el nombre de Thales de Mileto es bastante conocido –debido
sin duda a su célebre teorema-, en cambio, se sabe muy
poco de su vida e incluso de su obra. Hasta tal punto es esto
cierto, que el que suele ser llamado teorema de Thales –los
segmentos determinados por dos rectas concurrentes cortadas por
paralelas son proporcionales- no parece que haya sido de su paternidad.
Pero, incluso en el improbable supuesto de que él hubiera
sido su descubridor, es prácticamente seguro que no lo
habría probado, pues su demostración, nada fácil,
aparece por vez primera en el Libro VI de los Elementos
de Euclides.
Aunque existe abundante literatura de su vertiente como filósofo,
es muy escasa la disponible sobre su faceta matemática,
que es conocida únicamente por testimonios de escritores
muy posteriores, quienes en no pocas ocasiones presentan versiones
no coincidentes. Esta situación es por otra parte bastante
general, pues las referencias existentes sobre los inicios de
la geometría griega son, paradójicamente, menos
fiables que las relativas a las matemáticas babilónica
y egipcia, ya que se carece de manuscritos originales de aquella
época.
Una de las más importantes fuentes de procedencia sobre
Thales sería una Historia de la Geometría escrita
por Eudemo de Rodas (s. IV a.C.), que se habría perdido,
si bien antes de su desaparición alguien pudo hacer un
resumen de una parte de la misma; sin embargo, el original de
dicho resumen parece ser que asimismo se extravió, salvo
algunos fragmentos. En el Comentario al Libro I de los Elementos
de Euclides del filósofo Proclo
de Bizancio (410-485), se incluye algo de la información
transmitida por Eudemo, y en él se apoya en buena medida
lo que se conoce de Thales como matemático.
Existen también otras fuentes más dispersas en relación
con sus actividades matemáticas y otras aportaciones técnicas,
que proceden de Plinio, Plutarco y Diógenes Laercio. A
ellas hay que añadir las referencias como filósofo,
que están basadas sobre todo en Aristóteles y, en
menor grado, en Herodoto, Aristófanes, Platón,
Aecio, Cicerón, Simplicio ... Por último, hay igualmente
diferentes opiniones sobre Thales expresadas por sus doxógrafos,
tomadas de una recopilación de testimonios y fragmentos
de los presocráticos realizada por el insigne helenista
H. Diels en 1893
SU OBRA MATEMÁTICA
El interés de Thales por la ciencia posiblemente se originara
en sus contactos comerciales con Egipto y Mesopotamia, fruto de
los cuales llegó a conocer en buena medida la matemática
y la astronomía babilónicas; además, resulta
probado que viajó a Egipto y permaneció allí
algún tiempo, en el que se inició en los misterios
de su religión y aprendió lo que pudo de su geometría,
cuyos contenidos trasladaría luego a Grecia. Se le atribuyen
cinco teoremas geométricos y la resolución de dos
problemas prácticos; unos y otros se enuncian y comentan
a continuación.
1) Todo círculo queda dividido en dos partes iguales
por su diámetro.
Este teorema, junto a los tres siguientes, aparece en el Comentario
de Proclo. Si bien parece ser que Thales fue el primero en
demostrarlo, la palabra “demostrar” no debe ser entendida
como lo es actualmente. Según Cantor, lo que posiblemente
haría para llegar a esta conclusión fuera dibujar
círculos y observar que quedan divididos en sectores circulares
iguales por 2, 4, 6, ... diámetros convenientemente trazados
(perpendiculares, formando 45º, etc.). Con todo, hay que
hacer constar que ni siquiera Euclides
probaría este teorema, sino que lo enunciaría como
una definición, concretamente la XVII, en el Libro I de
los Elementos.
2) Los ángulos de la base de todo triángulo
isósceles son iguales.
Conviene precisar que Thales, en realidad, usó el término
“semejantes” en vez de “iguales”; lo que
parece indicar que no concebía la amplitud del ángulo
como una magnitud, sino como una figura que tiene una determinada
forma. El teorema aparecería después como la Proposición
V del Libro I de los Elementos de Euclides.
3) Los ángulos opuestos por el vértice que se
forman al cortarse dos rectas son iguales.
Aunque Thales, en efecto, descubriera el teorema, seguramente
no lo probó de manera rigurosa. Fue Euclides quien lo hizo
en su Proposición XV del Libro I de sus Elementos.
4) Si dos triángulos tienen un lado y los dos ángulos
adyacentes respectivamente iguales, entonces los triángulos
son iguales.
También Eudemo en su Historia afirma que Thales conocía
este teorema. De nuevo, figura en los Elementos de Euclides; concretamente
en la Proposición XXVI del Libro I
.
5) Todo ángulo inscrito en una semicircunferencia es
un ángulo recto.
Este teorema, que según parece ya sabían los geómetras
de Babilonia y acaso Thales con ocasión de sus viajes a
esas tierras, algunos autores lo denominan teorema de Thales.
Sorprende, no obstante, que conociera la existencia de infinitos
triángulos rectángulos con una hipotenusa común
y no se planteara en cambio qué relación guardan
los catetos con dicha hipotenusa; máxime cuando es probable
que hubiera oído hablar en Egipto del triángulo
rectángulo de lados 3, 4, 5.
Hay sin embargo otras opiniones acerca de la paternidad del teorema.
La más importante posiblemente sea la de Diógenes
Laercio, quien duda si fue Thales o Pitágoras el primero
en inscribir un triángulo rectángulo en un círculo.
Como anécdota hay que decir que en cualquiera de las dos
hipótesis, su autor habría sacrificado un buey debido
a la importancia del hallazgo.
Eudemo también atribuye el descubrimiento a los pitagóricos
y da a entender que Thales no lo conocía, pues no cree
que pudiera llegar a él sin saber previamente que los ángulos
de cualquier triángulo suman dos rectos. Cantor, en cambio,
presume que primero probaría esta última proposición
y luego demostraría el teorema, y basa su argumentación
en un Comentario sobre las Cónicas de Apolonio debido a
Eutocio. En cualquier caso, ha de entenderse, como ya se ha dicho,
que si Thales hubiera demostrado el teorema nunca se trataría
de una prueba formal.
6) Determinación de la altura de la pirámide
de Keops.
Como es sabido, Thales calculó la altura de la Gran Pirámide
de Gizeh a partir de la longitud de la sombra que proyectaba.
Hay varias versiones de cómo lo hizo: Diógenes Laercio
(tomando como fuente a Jerónimo) afirma que midió
su altura observando la longitud de su sombra en el momento en
que la sombra de Thales era igual a su altura; Plinio dice lo
mismo, aunque en vez de recurrir a la altura y la sombra de Thales,
supone que tomó como referencia las de determinados objetos;
Plutarco, en fin, relata que usó como elemento auxiliar
un bastón colocado verticalmente, y estableció una
relación de proporcionalidad entre los lados de los triángulos
determinados por la pirámide y su sombra y el bastón
y la suya.
La opinión más probable es la primera –que
poco difiere de la segunda-, pero, aun dando crédito a
la tesis de Plutarco, en realidad su método no iría
mucho más allá de los procedimientos técnicos
empleados por los egipcios en la medición de pirámides
que figuran en el papiro Rhind. En efecto, en estos problemas
se distinguen los segmentos ukha-thebt (lado de la base)
y piremus (altura), y la razón:
se-qet = 
que determina la pendiente de la pirámide (o sea, la cotangente
del ángulo diedro formado por una cara lateral y la base);
y luego se halla la altura a partir de la base de la pendiente.
Thales, en cambio, realizaría su cálculo partiendo
de la longitud del bastón y de su sombra y de la longitud
de la sombra de la pirámide; aunque, evidentemente, su
método resulta equivalente a que se hubiera impuesto que
los triángulos rectángulos correspondientes tuvieran
la misma pendiente.
7) Cálculo de la distancia de una nave a la costa.
Si bien existen varias hipótesis sobre cuál fue
el procedimiento seguido por Thales para hallar la distancia de
una nave a la costa, como por ejemplo, el que emplearían
siglos después algunos agrimensores para calcular la distancia
de un punto a otro inaccesible y que está basado en el
teorema 4, la suposición más probable es la que
se indica a continuación. Según esa opinión,
si la nave se encontrara
en
un lugar N, Thales se habría subido a
una torre AB en la costa, a la orilla del mar,
con un aparato formado por dos listones en ángulo recto.
Colocado uno de ellos, CD, vertical, en línea
recta con AB, y el otro horizontal hacia el mar,
lanzaría una visual desde D hacia el barco,
la cual determinaría un punto E en su
intersección con el listón horizontal. Conocidas
las longitudes de AC, CD y CE,
por la semejanza de los triángulos CDE
y ADN, se tendría entonces, finalmente
AN = (AC+CD) • 
Ahora bien, más allá de esas aportaciones concretas
de Thales, ¿cuál es la valoración de su repercusión
en el desarrollo de la matemática?
Para analizar sus implicaciones, tengamos en cuenta en primer
lugar que, en sus orígenes, la geometría griega
aparece como tributaria de la egipcia, y en menor grado de la
babilónica, esencialmente prácticas y dirigidas
al cálculo de magnitudes, principalmente en agrimensura,
construcción, etc. Con Thales, sin embargo, se empieza
a pasar de lo meramente empírico a lo teórico, a
la vez que se inicia la idea de demostración, que en un
principio es experimental, basada fundamentalmente en la simetría,
la visualización, la superposición ...; se trata,
pues, de “demostraciones” más convincentes
que rigurosas. La geometría de Thales marca, por tanto,
el inicio de la geometría como una auténtica ciencia,
tal como hoy la concebimos, y emprende la formulación de
teoremas, enunciados de manera inmaterial y abstracta y con su
correspondiente demostración.
Las características concretas que nos parecen más
importantes son las siguientes: 1) suponen auténticos teoremas,
o sea, afirmaciones exactas sobre objetos matemáticos,
mientras que la geometría prehelénica se limitaba
al estudio de propiedades numéricas de figuras particulares;
2) son proposiciones en las que se enuncian propiedades sumamente
sencillas, pero inútiles para las necesidades prácticas:
su sentido es, pues, muy diferente al de la matemática
babilónica y egipcia, generalmente aplicada y de un buen
nivel técnico; 3) no se tratan de demostraciones totalmente
formales, pues no construye –ni existe entonces- un sistema
de axiomas o principios básicos ni, por supuesto, se siguen
en sus razonamientos las pautas de un proceso hipotético-deductivo
en sentido estricto. A pesar de todo ello, las indudables carencias
en el rigor deberían quedar en un segundo plano al lado
del significado que globalmente representan sus aportaciones:
ser el punto de partida en la transformación de la matemática
experimental hacia la matemática como ciencia deductiva.
APORTACIONES EN OTROS CAMPOS
Además de matemático, Thales sobresale fundamentalmente
como filósofo, aunque también destaca en astronomía.
Se le reconocen asimismo, pero en menor grado, otras facetas de
tipo utilitario, como la de ingeniero, físico e, incluso,
en algún momento, comerciante u hombre de negocios.
Se podría comenzar la descripción de sus relaciones
con la astronomía trayendo a colación una anécdota,
bien sabida, que nos presenta a Thales como un observador de estrellas,
y que nos relata Diógenes Laercio: “Dícese
que un día, por estar mirando las estrellas y observándolas,
cayó en un pozo y que la gente se burlaba de él
diciendo que mal podría conocer las cosas del cielo quien
no acertaba a ver siquiera dónde pisaba”. Aunque
su contribución más célebre en este campo
es, sin duda, la predicción de un eclipse solar, posiblemente
el 28 de mayo de 585 a.C., coincidiendo con una batalla entre
medos y lidios, que finalmente detuvo el fenómeno celeste
y condujo a la paz. En todo caso, hay que precisar que Thales
ignoraba la causa de los eclipses, debido a una particular concepción
del sistema solar y a una falta de conocimientos técnicos
y de una base sólida de observaciones, por lo que su pronóstico
tuvo que realizarse con la ayuda de tablas empíricas procedentes
de los babilonios.
Entre otras aportaciones, Eudemo le atribuye el descubrimiento
de que “el periodo del Sol con respecto a los solsticios
no siempre es el mismo”, lo que se supone significa que
advirtió la desigualdad de la duración de las cuatro
estaciones astronómicas (parece ser que basa su argumento
en los escritos Sobre los solsticios y Sobre los equinoccios
del propio Thales, según Diógenes Laercio).
Asimismo se cree que conocía la división del año
solar en 365 días, Calímaco le reconoce como el
descubridor de la Osa Menor, etc.
En cuanto al resto de sus facetas prácticas, se pueden
destacar que dirigió una escuela de naútica en Mileto
y que probablemente escribiera el manual Astronomía naútica
(otros se lo asignan a Foco de Samos), en el que se encuentran
distintas propuestas naúticas, como la navegación
por la Osa Menor para llegar al polo, en vez de la costumbre griega
de hacerlo por la Osa Mayor. Igualmente se le atribuyen otras
aptitudes y contribuciones, como su competencia en las obras hidraúlicas
o el descubrimiento de atracción de los imanes y de la
electricidad estática al observar que el ámbar frotado
con un paño atraía pequeños objetos.
También, al menos en un momento de su vida, demostró
ser un buen hombre de negocios; lo que tuvo lugar con ocasión
de los reproches que algunas veces le dirigieron sus conciudadanos
en relación con su pobreza e inutilidad de su filosofía.
Así, según cuenta Aristóteles en su Política,
Thales pronosticó, de acuerdo con la astrología,
que la siguiente cosecha de aceitunas habría de ser muy
abundante; motivo por el cual se hizo con el control de las prensas
de aceite de Mileto y de Quíos, y de esta manera pudo imponer
meses después el precio que quiso a quienes requirieron
su utilización, llegando a conseguir con ello una cierta
fortuna.
Sin embargo, por encima de todo ello hay que resaltar su figura
como filósofo, ya que Thales fue el fundador de una nueva
corriente filosófica; es más, Aristóteles
entre otros, le considera el padre de la filosofía. Como
es sabido, su pensamiento se sustenta sobre la idea de que el
agua es el principio, sustancia y fundamento de todas las cosas;
según se dice, por ejemplo, en la Metafísica
de Aristóteles.
Las razones que debieron llevarle a ello estarían en la
observación de que “lo que nutre a todas las cosas
es húmedo, hasta el punto de que el calor mismo nace de
la humedad y vive de ella, y que aquello de que todas las cosas
nacen es el principio de todas las cosas”, como relata Aristóteles;
y algo parecido opinan otros comentaristas suyos, como Plutarco
o Simplicio. De acuerdo con este último, Thales sería
un físico, por admitir un único principio móvil.
De este modo aspiraba a dar una interpretación racional
del mundo, frente a las explicaciones mitológicas anteriores
a él; es, por tanto, el primero de los filósofos
de la naturaleza o filosofía física,
que busca el principio o realidad última (arkhê)
independientemente de las explicaciones míticas tradicionales.
Es innegable además, que estas ideas constituyen un nuevo
saber, más racional, que marcará el nacimiento del
pensamiento científico y, en particular, de la estructuración
formal de la matemática.
Por otra parte, el papel que Thales concede al agua se extiende
incluso a una concepción cosmológica del mundo (que
sería perfeccionada poco después por Anaximandro),
según la cual “la Tierra era un disco plano que flotaba
en el agua; había aguas encima y a nuestro alrededor (¿de
dónde, si no, vendría la lluvia?). El Sol, la Luna
y las estrellas eran vapor en estado de incandescencia, y navegaban
por el firmamento gaseoso encima de nosotros ...”, como
señala B. Farrington en el libro reseñado en la
bibliografía.
Parece obligado también hacer siquiera una referencia a
que a su principal afirmación: todo procede del agua, Thales
añadió una segunda: todo está lleno de dioses
(seres suprahumanos o démones). Igualmente resulta
inevitable mencionar que, para él, el alma era algo que
se mueve; así –decía- “la piedra magnética
y el ámbar tienen alma” (esta teoría de Thales
y de los antiguos jónicos, según la cual la materia
vive y que las cosas inanimadas tienen alma es llamada hilozoísmo).
LA MATEMÁTICA DESPUÉS DE THALES
Los sucesores de Thales, Anaximandro (c 610 a.C.-545 a.C.) y Anaxímenes
(c 585 a.C.-528 a.C.), nacen también en Mileto; son, junto
a él los tres primeros presocráticos, todos ellos
filósofos naturales.
Sin embargo, los dos últimos no hicieron aportaciones a
las matemáticas –sólo alguna contribución
a la astronomía-, a excepción de la posible influencia
del concepto de infinitud de Anaximandro en la muy posterior construcción
por Cantor de la noción de transfinito. Por tanto, puede
decirse que ninguno de ellos continuó la labor matemática
de Thales; es más, se desconoce casi por completo cómo
progresó la geometría entre Thales y Pitágoras.
Tan sólo se tiene el siguiente testimonio al respecto de
Proclo: “Después de Thales, Ameristo ... se encargó
del estudio de la geometría ...”, pero no se sabe
nada del pretendido geómetra, del que incluso su nombre
–Mamerco, según otros- ofrece dudas.
La caída de Mileto provoca el éxodo de los intelectuales
hacia el occidente: la Magna Grecia; allí aparece Pitágoras
de Samos, nacido hacia el año 570 a.C., quien prosigue
y engrandece la obra de Thales, supuesto maestro suyo. A Thales
y a Pitágoras, a la cabeza de los matemáticos jónicos
y pitagóricos, respectivamente, les cabe el inmenso mérito
de haber jugado un papel iniciático en la construcción
de la matemática –y en particular de la geometría-
como una disciplina formal. Con justicia, son designados uno y
otro, respectivamente, el primer matemático y el padre
de la matemática
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