Sophie Germain fue una matemática autodidacta.
Nació en París en las últimas
décadas del Siglo de las Luces. Los cambios
políticos y sociales que se producían
en Francia durante su niñez determinaron
que, desde muy pequeña, considerara la
Ciencia y especialmente las Matemáticas,
como el estímulo intelectual que daba
sentido y tranquilidad a su existencia.
Sus primeros trabajos en Teoría de Números
los conocemos a través de su correspondencia
con C. F. Gauss, con el que mantenía
oculta su identidad bajo el pseudónimo
de Monsieur Le Blanc. El teorema que lleva su
nombre fue el resultado más importante,
desde 1753 hasta 1840, para demostrar el último
teorema de Fermat, además permitió
demostrar la conjetura para n igual a 5. Posteriormente
sus investigaciones se orientaron a la teoría
de la elasticidad y en 1816 consiguió
el Premio Extraordinario de las Ciencias Matemáticas
que la Academia de Ciencias de París
otorgaba al mejor estudio que explicara mediante
una teoría matemática el comportamiento
de las superficies elásticas y publicó
varios libros sobre este tema. En los últimos
años de su corta vida, además
de dos trabajos matemáticos, uno sobre
la curvatura de superficies y otro sobre teoría
de números, escribió un ensayo
sobre filosofía de la ciencia que Augusto
Comte citó y elogió en su obra
La historia de Sophie es la de una matemática
brillante que no pudo lograr su pleno desarrollo
porque en sus años de formación
no pudo acceder a una educación matemática
formal y en su madurez tuvo que trabajar en
solitario porque una jerarquía científica,
totalmente masculina, la excluía. Tener
una formación autodidacta, anárquica
y con lagunas le perjudicará toda su
vida. Su aislamiento no fue tan evidente cuando
trabajaba en teoría de números,
pero cuando comenzó a trabajar en física
matemática no tuvo, en un primer momento,
los últimos conocimientos matemáticos
que entonces se estaban utilizando y que requerían
un trabajo cada vez menos solitario y ligado
a la comunidad científica. Aunque su
obra merecía el reconocimiento académico,
nunca recibió título alguno. Una
calle de París y un Liceo llevan su nombre,
y una placa, en la casa donde murió,
(el número 13 de la rue de Savoie) la
recuerda como matemática y filósofa.
Actualmente, el Instituto de Francia, a propuesta
de la Academia de Ciencias, concede anualmente
“Le prix Sophie Germain” al investigador
que haya realizado el trabajo más importante
en Matemáticas, pero todo este reconocimiento
es póstumo, ya que incluso en su certificado
de defunción lo que figura como profesión
es rentista y no matemática..