Mary
Somerville, matemática y científica escocesa, fue
una de las mujeres de su tiempo que con más pasión
se dedicó al estudio de las matemáticas y al conocimiento
de los avances científicos. Ser mujer supuso una dificultad
con la que convivió, sorteando obstáculos con la
paciencia y la convicción de quien cree en su trabajo.
Pero ni el acceso a la Universidad ni la participación
en Asociaciones Científicas le estaba permitido. No se
puede por tanto, desde esta perspectiva, medir sus aportaciones
en la medida en la que se miden las de quienes trabajaron en plena
libertad y con todos los medios en sus manos.
En sus obras predomina el deseo de contribuir a la divulgación
del pensamiento científico del momento. La importancia
de la versión traducida de la obra de Laplace “Mecanique
Celeste” bajo el título “Mechanism of the Heavens”,
fue el comienzo de una serie de trabajos de una riqueza y complejidad
admirable para sus contemporáneos. “The Connection
of the Physichal Sciences” es un profundo ensayo filosófico,
con una amplia explicación científica, acerca de
los fundamentos de las fuerzas que mueven el universo. Su obra
“Physical Geography” se ha utilizado durante años
en las aulas inglesas, reconociendo así su calidad, su
carácter innovador y su capacidad para explicar los fenómenos
naturales y las relaciones entre los seres vivos. Su última
obra, “Molecular and Microscopic Science” aborda el
mundo microscópico en la búsqueda de explicaciones
a la composición de la materia, el fenómeno del
calor y los movimientos vibratorios, entre otras cuestiones.
En todas sus obras, la autora desarrolló las aportaciones
matemáticas necesarias para una mejor comprensión
de las teorías expuestas. Su estilo, riguroso, sencillo
y didáctico, favoreció el enorme éxito de
sus trabajos y la consideración de que fue objeto por parte
de la comunidad científica en el siglo XIX
Cuando nace Mary
Somerville, Inglaterra presenta un decaimiento del desarrollo
científico en prestigiosas sociedades como la Royal Society
o el Gresham College. En el siglo XVIII, las universidades de
Oxford y Cambridge no eran centros de investigación científica
sino esencialmente Seminarios, y una mayoría de los estudiantes
iba a parar a la Iglesia o a escuelas terminales en las que se
ejercía docencia más que investigación. Pero
al comienzo del siglo XIX, la proliferación de sociedades
filosóficas, literarias y científicas se fue generalizando
en todo el Reino Unido y a finales de siglo eran mas de cien con
un volumen de socios comparable a los de la Royal Society durante
los siglos anteriores.
Las nuevas universidades y, en particular, las universidades escocesas
de Glasgow y Edimburgo contaban con científicos como Lord
Kelvin, que defendieron la introducción del trabajo experimental
en la formación universitaria. Surgen los Institutos de
Mecánica de Glasgow, Birmingham y otros en casi todas las
grandes ciudades; la mayoría poseían un nivel bastante
elevado, siendo ya en 1850 más de seiscientas las organizaciones
que reunían a más de cien mil personas. La ciencia
se estaba volviendo compleja y difícil de comprender para
los intelectos sin formación, y la investigación
experimental requería aparatos costosos, así como
más clara implicación en el desarrollo industrial.
Los primeros pasos de Mary Somerville en el mundo de la ciencia
tuvieron como escenario una Escocia en plena ebullición.
Esta circunstancia favoreció su inicial desarrollo como
científica y el posterior conocimiento y difusión
de sus trabajos
En Edimburgo, existía una actitud, aun dentro de los convencionalismos
de la época, más abierta a la participación
de las mujeres en actos sociales en los que se daban conferencias
y se realizaban demostraciones científicas, a menudo con
el fin de obtener financiación necesaria para sostener
nuevos proyectos. Mary Somerville era consciente de que estas
reuniones culturales eran los únicos contactos posibles
con las últimas novedades científicas, algo vital
para estar en la primera línea de la ciencia que se desarrollaba
en ese momento.
Hija de un vicealmirante
de la armada inglesa, la familia vivía cerca de Edimburgo,
donde pasaban los inviernos. Mary se había manifestado
como una joven inquieta y observadora, de manera que inició
un aprendizaje autodidacta muy común a otras científicas
de su tiempo. En su autobiografía describe cómo
le llamaban la atención los animales y las plantas cuando
paseaba por el campo. Uno de aquellos veranos, su tío,
el Dr. Somerville admirado por su deseo de saber, le recomendó
iniciarse en las lecturas en latín de autores clásicos,
y al tiempo le hablaba de mujeres sabias de la antigüedad.
En 1804 se casó
con Samuel Greig, oficial de marina, y se trasladaron a Londres.
Este cambio en su vida fue duro pero crucial para su futuro científico.
Nacieron dos hijos y su marido murió al tercer año
de matrimonio. Se encontró lejos de su familia, pero con
una independencia personal y económica que para ella supuso
una nueva manera de afrontar la vida.
Descubrió en Londres
un ambiente científico que comenzó a interesarle.
Su buena posición económica le facilitó aumentar
su biblioteca y decidió dedicar parte del tiempo a mejorar
su formación. Su primer “éxito” fue
ganar una medalla de plata por la solución de un problema
sobre las ecuaciones diofánticas en el Mathematical Repository
de Wallace. Por entonces, ya había leído Los Elementos
de Euclides y el Álgebra de Bonycastle.
Volvía con frecuencia
a Edimburgo, donde sus amigos, conocedores de su dedicación
a las matemáticas, le animaban a que participara en coloquios
y reuniones que se celebraban con frecuencia, y en las que tomó
contacto con importantes científicos, entre ellos William
Wallace quien orientó sus lecturas matemáticas haciéndole
llegar los trabajos de los más importantes matemáticos
franceses de la época.
Su segundo matrimonio,
en 1812, con su primo William Somerville, inspector médico
de la Royal Navy, supuso para ella una convivencia larga y feliz
y un respaldo fundamental en su dedicación a la ciencia.
Su marido estaba orgulloso de los conocimientos de Mary y se convirtió
en su principal ayudante a la hora de facilitarle contactos con
la comunidad científica. Se instalaron en Londres y William
se hizo socio de la Royal Society, ya que en dicha Institución
no se admitían mujeres ni les estaba permitido el acceso
a las instalaciones. En su biblioteca él copiaba a mano
los artículos que a su mujer le resultaban interesantes
para sus investigaciones.
Cuando tuvieron la oportunidad
de visitar París, en 1817, aprovecharon para encontrarse
con los más importantes matemáticos de la época
como Lagrange, Poisson y Laplace, quienes les mostraron el avance
de sus trabajos. Para una científica como ella, el estudio
de estos materiales era fundamental dado que en Inglaterra le
resultaba muy difícil conseguir tratados matemáticos
de esta importancia.
En 1830, el prestigioso
científico Charles Babbage publicó un libro bajo
el título “Reflexiones sobre la decadencia de la
ciencia en Inglaterra”. El revuelo que ocasionó fue
importante, y Brewster, desde su condición de científico
aficionado y como vicecanciller de la universidad de Edimburgo,
convocó una reunión nacional de “Amigos de
la Ciencia”, en la que se acordó la fundación
de la Asociación Británica para el Avance de la
Ciencia que, entre sus objetivos, planteaba una profunda reforma
de la universidad, tanto en su estructura como en la cuantía
y el destino de sus inversiones.
Mary Somerville seguía
de cerca estos acontecimientos. La Asociación fue muy activa
en el movimiento por la reforma de la educación superior,
aunque estaba todavía muy lejos de plantearse el acceso
de las mujeres a las enseñanzas universitarias. Por su
parte, la Royal Society también emprendió algunas
reformas, en especial en cuanto a las características de
sus socios. A partir de 1874 los pares no dispusieron ya de un
acceso privilegiado dando prioridad a los científicos mejor
formados, aunque hubo que esperar hasta 1945 para que se admitiera
a las mujeres como miembros
En 1826 Mary Somerville
escribió su primer artículo The Magnetic Properties
of the Violet Rays of the Solar Spectrum. Le siguieron Experiments
on the Transmission of the Chemical rays of the solar spectrum
across different media, y On the action of the Rays of the Spectrum
on Vegetable juices. Se publicaron por la Royal Society en
Philosophical Transactions y eran los primeros escritos
firmados por una mujer, lo que supuso un gran revuelo entre los
científicos del momento. Estos trabajos no tenían
detrás el aval de ninguna universidad, institución,
o sociedad científica, sin embargo, el gran prestigio social
que Mary Somerville alcanzó, le abrió las puertas
de los salones londinenses, por otra parte los únicos a
los que podía acceder por el hecho de ser mujer. Muchos
científicos se interesaron en compartir sus puntos de vista
llegando a mantener una correspondencia regular con muchos de
ellos, siempre dirigida, por supuesto, a su marido, según
costumbre de la época.
La amistad y la colaboración
con John Herschel se mantuvo a lo largo de toda su vida. Las frecuentes
visitas al observatorio astronómico familiar de los Herschel
le abrieron una nueva perspectiva de investigación: Las
leyes del Universo. Tanto John como Carolina o William Herschel
desarrollaban un importante trabajo de localización y catalogación
de cuerpos celestes. Mary se apasionó por el tema pero
desde una perspectiva teórica más en la línea
de investigación de John y optó por la lectura de
los trabajos de Pierre Simon Laplace. Era su primer contacto con
la Mécanique Céleste, una obra compleja
y voluminosa que resultaba imprescindible para la comprensión
de las nuevas teorías que explicaban la dinámica
del cosmos, a partir de la física newtoniana. John Playfair,
profesor de filosofía natural en Edimburgo, comentaba que
apenas había una docena de personas de Gran Bretaña
lo bastante competentes en matemáticas como para leer esta
obra. Precisamente con Playfair había compartido Mary sus
impresiones tras la lectura de los Principia de Newton.
En 1827, Lord Brougham,
a requerimiento de la Royal Society; instó, a Mary, a través
de su marido, a que realizara una versión traducida al
inglés de la Mécanique Céleste de
Laplace con el fin de hacer más fácil la difusión
de sus teorías en Inglaterra. Ella manifestó claramente
sus temores a no estar a la altura del encargo, planteando que
si no era capaz de realizar un trabajo de calidad debía
ser destruido. La primera idea era hacer una versión sencilla
para una colección que se preocupaba de la divulgación
de las ideas científicas para no expertos, pero el trabajo
resultó tan interesante que los editores, a instancias
de John Herschel, decidieron publicarlo como tratado de importancia
fundamental. El preámbulo, A Preliminary Dissertation
era un compendio de desarrollos matemáticos e ideas fundamentales
de física imprescindibles para comprender la obra de Laplace.
Fue todo un éxito y se reeditó varias veces de manera
independiente.
La obra de Mary Somerville
se publicó con el nombre Mechanism of the Heavens [11].
Se la ha considerado a menudo como una traducción de la
obra de Laplace. Sin embargo es más que una traducción
porque aporta una contextualización. y una interpretación
del trabajo de Laplace. Al tiempo es menos, ya que supone un acercamiento
selectivo a la obra original. El resultado fue más comprensible
que una estricta traducción.
Mary Somerville se había
convertido en una escritora científica del más alto
nivel. Muchos de sus críticos, ante la desconfianza de
que una mujer pudiera acometer un trabajo de tal envergadura,
buscaban en la obra rasgos que consideraban marcadamente femeninos,
como vanidad o afectación. En el fondo pensaban encontrarse
con una recreación literaria, pero tuvieron que reconocer
que el resultado era un tratado científico que reunía
una enorme precisión y claridad. Cuando John Stuart Mill
elaboró un manifiesto reivindicando la participación
política de las mujeres y su derecho a la educación,
Mary Somerville fue de las primeras personas en firmarlo.
En 1832 Charles Babbage
presentaba su máquina analítica en el salón
de los Somerville bajo la mirada fascinada de Ada Byron, una joven
aristócrata de apenas 17 años que deseaba estudiar
los fundamentos de tan complejo proyecto. Para Ada Byron, Mary
Somerville era una referencia importante ya que se trataba de
una de las escasísimas mujeres que podía acceder
al conocimiento científico del momento con una preparación
suficiente. Animada por Mary, quien orientó sus lecturas
y le proporcionó libros y artículos para sus estudios
matemáticos, la joven Ada Byron desarrolló un trabajo
cuya importancia no fue valorada hasta años después
y consiguió un gran reconocimiento hasta el punto que un
lenguaje informático lleva su nombre, ADA.
Un segundo viaje a París
de los Somerville fue el respaldo a la, cada vez más sólida,
carrera científica de Mary. Estaba decidida a dedicarse
a la divulgación de los principales contenidos de los ensayos
que llegaban hasta sus manos, así como escribir sus propias
reflexiones acerca del pensamiento científico del que ella
se sentía partícipe.
Su libro The Connection
of the Physichal Sciences, publicado en 1834 fue un éxito
y conoció nueve ediciones sucesivas, siempre mejoradas.
Uno de los mayores logros fue contar con la colaboración
de científicos tan importantes como Faraday, Wollaston,
Herschel, Maxwell y Whewell. En él, Mary Somerville presentaba
una visión del mundo físico que contenía
una explicación matemática compleja, pero evitando,
en la medida de lo posible, el uso excesivo de fórmulas
o símbolos matemáticos. Esta idea de traducir los
fundamentos matemáticos al lenguaje ordinario fue una de
las mayores dificultades que tuvo que superar para mantener el
rigor de su trabajo.
Su dedicación a
la astronomía le llevó a realizar cálculos
relativos a un posible planeta que perturbaba la órbita
de Urano. Estos datos posibilitaron la localización de
Neptuno por John Adams.
En 1834 se instaló por un tiempo en Italia. Allí
continuó sus contactos con la astronomía realizando
interesantes trabajos en los que introdujo principios filosóficos
que, poco a poco, fueron impregnando sus obras posteriores.
En 1835 recibió,
junto a Carolina Herschel, la medalla de honor de la Sociedad
de Astronomía, así como una pensión vitalicia
de 200 libras que le ayudó a continuar con su trabajo científico.
Fueron las primeras mujeres en conseguir este reconocimiento.
La precaria salud de su
marido hizo que sus estancias en Italia fueran cada vez más
dilatadas. El primer ministro inglés, conocedor de sus
problemas económicos, decidió que su pensión
vitalicia se aumentara a 300 libras.
En 1848 publica Physical
Geography, un texto que se ha utilizado durante décadas,
pero que algunos parlamentarios y miembros del clero, en la misma
catedral de York, criticaron duramente por su enfoque evolucionista.
Al parecer este hecho contribuyó aún más
a su éxito.
Whewell, rector de la
Universidad de Cambridge invitó al matrimonio Somerville
durante una semana a participar en las actividades universitarias.
Se alojaron en un apartamento del Trinity College, que por primera
vez acogía a una mujer. En sus memorias, Mary Somerville
recuerda con gran satisfacción su estancia en Cambridge
y los encuentros con sus profesores. Para entonces, Mary Somerville
había sido elegida miembro honorario de varias Sociedades
de Física e Historia Natural de diferentes ciudades europeas,
en muchos casos junto a Carolina Herschel, incluso fue elegida
miembro de la Sociedad Geográfica y Estadística
Americana. La Royal Society decidió situar un busto suyo
en el hall principal, pero ella nunca podría contemplarlo.
En 1865, a los 85 años
de edad, publica Molecular and Microscopic Science, una
aproximación a la composición de la materia, el
concepto de calor y las partículas microscópicas.
Incluía diagramas de los experimentos de Ernnest Chladni
con placas vibratorias, fenómeno del que también
se había ocupado Sophie Germain
En 1870, a los 90 años
recibió la medalla de oro de la Real Sociedad Geográfica
Victoriana. Su marido, su hijo mayor y su gran amigo John Herschel
ya habían muerto. Le quedaba la compañía
de sus hijas, que le ayudaron a escribir sus memorias que tituló
Personal Recollections. Además de detalles biográficos,
en el libro explicaba su visión filosófica del mundo,
su actitud ante la ciencia, ante la investigación, y el
papel de las mujeres ante el trabajo científico.
En 1872, a los 92 años
la muerte le sorprendió en Italia, estudiando una memoria
de Hamilton sobre los quaterniones. En todos los periódicos
ingleses se escribieron artículos de reconocimiento a su
vida y obra. Muchos de sus amigos y admiradores hicieron una petición
para que fuera enterrada en la abadía de Westminster pero
se denegó por las polémicas que algunas de sus obras
habían ocasionado.
Mary Somerville fue una
infatigable trabajadora, una persona cuya dedicación a
la ciencia es incuestionable. Su currículo, ante la imposibilidad
de contener honores académicos, muestra un compendio de
premios, distinciones y reconocimientos, así como una obra
extensa y multidisciplinar que tuvo la virtud de abrir caminos
a la divulgación científica, destacando su nivel,
rigor, capacidad de síntesis y su claridad en la exposición.
El reconocimiento de su trabajo como escritora científica
está presente en multitud de testimonios de los más
importantes científicos de su tiempo.
Las escasas referencias que de ella
se encuentran en los textos de Historia de la Ciencia, la describen
como matemática y científica. Sus contemporáneos
la denominaron “Reina de las Ciencias” y en su honor
el Somerville College de Oxford mantiene vivo su legado
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