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La Teoría platónica
de las Ideas y los entes matemáticos.
El intento de fundamentar el saber matemático
debió de ser una de las motivaciones
platónicas para desarrollar la Teoría
de las Ideas, pero a su vez el origen matemático
de la misma es un aspecto esencial de la importancia
de la Matemática en la naturaleza y desarrollo
de la Filosofía platónica. La
Teoría platónica de las Ideas
o las Formas proviene de una convergencia y
síntesis muy coherente de la cosmovisión
panmatemática pitagórica, de la
radical distinción entre lo sensible
y lo inteligible de Parménides, y de
la preocupación socrática por
la definición y el concepto, verdadero
antecedente de la idea y la forma platónica.
Es justamente en el terreno matemático
en el que mejor se ilustra la Teoría
de las ideas de Platón. Un círculo,
por ejemplo, se define en Geometría como
una figura plana compuesta por puntos que equidistan
de uno dado. Pero nadie ha visto en realidad
esa figura ni se podrá ver jamás.
La forma circular de los geómetras no
se encuentra entre los objetos sensibles. Lo
que vemos con frecuencia son figuras –un
plato, una rueda, la luna llena–, objetos
materiales que también llamamos círculos
y que resultan ser, en la forma, aproximaciones
al círculo ideal. Por tanto, la forma
de círculo existe, no en el mundo físico,
sino en el ámbito de las ideas, como
un objeto inteligible, inmutable e intemporal,
que sólo puede ser aprehendido mediante
la razón.
La Teoría de las Ideas tiene su origen
en las formas geométricas pero no se
limita a ellas. Es más, la pretensión
de Platón es alcanzar en su idealismo
a todo el campo de la Moral. Si en nuestro mundo
no hay nada que sea absolutamente circular,
tampoco hallamos nada absolutamente bueno o
justo. Y si la objetividad de la Geometría
obliga a postular la existencia de la forma
perfecta de círculo inteligible, separada
del objeto circular sensible que se aproxima
o se parece a la forma ideal, así también
la necesidad de salvaguardar la objetividad
de la Moral obliga a postular la existencia
de las formas ideales y perfectas del Bien y
de la Justicia, separadas de la personas e instituciones
terrenales que deben aproximarse a ellas. Las
ideas o formas tienen mayor entidad que los
objetos del mundo físico tanto por su
perfección, eternidad e inmutabilidad,
como por el hecho de ser modelos canónicos
que conceden a los objetos sensibles lo que
tienen de realidad. Cada cosa es lo que es en
virtud de su parecido con su idea universal.
Las ideas o formas platónicas son paradigmas
de las que las cosas sensibles son imitaciones.
Las formas geométricas circular, cuadrada
y triangular, etc., son excelentes ejemplos
de lo que Platón entiende por idea. Un
objeto que podemos contemplar en el mundo físico
puede ser llamado círculo, cuadrado o
triángulo porque imita, se parece (“participa
de” en palabras de Platón) a la
idea de círculo, cuadrado o triángulo.
La cosa participa de la idea y, por esa participación,
es semejante a ella; la idea es, pues, una realidad
superior presente en la cosa y al mismo tiempo
original o arquetipo. De estas cuestiones escribe
Platón en diversos pasajes del Filebo
(25a), la República (476a–476d),
el Fedón (100a, 101c), etc. La Teoría
de las Ideas está muy dispersada a lo
largo del texto de estos Diálogos y de
otros como el Menón, el Fedro y el Banquete,
e incluso para su conocimiento completo debemos
acudir a Aristóteles, sobre todo los
capítulos 6 (987b) y 9 (990a) del Libro
I de la Metafísica de Aristóteles.
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Volumen
primero de las obras completas de Platón
en griego antiguo y latín, edición
de 1856, Ed. A. Firmin-Didot, Paris |
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La
Filosofía de la Matemática de
Platón.
Por herencia pitagórica, para Platón
los conceptos de la Matemática son independientes
de la experiencia, se los descubre, no se los
inventa o crea. Los juicios geométricos
son eternos y apriorísticos, y corresponden
a una realidad intemporal e inmutable, que es
la auténtica realidad, más real
que la engañosa, imperfecta e incompleta
realidad sensible. De acuerdo con su idealismo
geométrico, Platón subraya que
los razonamientos que hacemos en Geometría
no se refieren a las figuras concretas que dibujamos
sino a las ideas absolutas que ellas representan
(República, 510d–510e):
«[Los matemáticos] se sirven de
figuras visibles que dan pie para sus razonamientos,
pero en realidad no piensan en ellas, sino en
aquellas cosas a las que se parecen. Y así,
por ejemplo, cuando tratan del cuadrado en sí
y de su diagonal, no tienen en el pensamiento
el que dibujan y otras cosas por el estilo.
Las mismas cosas que modelan y dibujan, cuyas
imágenes nos las ofrecen las sombras
y los reflejos del agua son empleadas por ellos
con ese carácter de imágenes,
pues bien saben que la realidad de esas cosas
no podrá ser percibida sino con el pensamiento.»
Por ello, para Platón, la Matemática
debe ser independiente de todo pragmatismo,
de toda empiria y de la utilidad inmediata,
y debe estar liberada intelectualmente de todo
instrumento material –que son elementos
corruptores y degradantes–, como señala
Plutarco en sus Vidas Paralelas (Vida de Marcelo),
cuando nos habla de la indignación de
Platón ante el uso de artificios mecánicos
en la Geometría:
«Platón se indispuso e indignó
con ellos [contra Arquitas de Tarento y Eudoxo
de Cnido], porque degradaban y echaban a perder
lo más excelente de la Geometría
con trasladarla de lo incorpóreo e intelectual
a lo sensible y emplearla en los cuerpos que
son objeto de oficios toscos y manuales.»
El mismo Platón señala una y otra
vez en la República que la Geometría
no debe tener otra finalidad que el conocimiento
en sí mismo. Así lo proclama en
526e–527b:
«[...] La parte más elevada de
esta ciencia nos conduce a una contemplación
más factible de la idea del Bien. [...]
La Geometría nos obliga a contemplar
la esencia. [...] Es una ciencia del conocimiento
del ser, no de lo que está sujeto al
cambio o desaparición. [...] Conducirá
al alma hacia la verdad y dispondrá la
mente del filósofo para que eleve su
mirada hacia arriba».
Platón describe también, con su
inveterado idealismo, la misión de la
Aritmética como ciencia para escapar
del ámbito sensible y elevar el alma
hacia lo abstracto (525d–526c):
«[...] Es lo cierto que esa ciencia [la
Aritmética] conduce el alma hacia lo
alto y la obliga a razonar sobre los números,
sin permitir de ningún modo que nadie
presente un ejemplo de números corpóreos
y tangibles. [...] Esa ciencia se nos presenta
con visos de necesaria, puesto que parece forzar
al alma a servirse de la inteligencia pura para
alcanzar la verdad en sí.»
Tan importante considera Platón el adiestramiento
en estas ciencias en la formación del
filósofo que prescribe se deben imponer
en la instrucción por imperativo legal
(525b–525d):
«... Convendrá imponer esta enseñanza
por medio de una ley y convencer a los que deban
ocupar los puestos de gobierno de la ciudad
para que desarrollen su gusto por estas artes
[las ciencias matemáticas].
De esta
visión platónica idealista podría
derivar la distinción entre Aritmética
y Geometría como factores espirituales
de elevación hacia la Filosofía
y Logística y Geodesia como instrumentos
materiales y utilitarios de los artesanos y
técnicos. Como consecuencia de ello,
pudo haber sido Platón el responsable
de la restricción en las construcciones
geométricas griegas a aquellas que pueden
realizarse sólo con regla y compás.
La Matemática como propedéutica
de la Filosofía.
Para Platón la Matemática tienen
como misión elevar el alma de las cosas
sensibles a la verdad ideal inteligible, cognoscible
por vía exclusivamente racional. Pero
es en el acto del filósofo de trascender
el mundo físico donde las ciencias matemáticas
juegan un papel esencial, ya que permiten realizar
una intermediación en el tránsito
de lo sensible a lo racional. Esta visión
platónica de las Matemáticas campea
a lo largo de los Diálogos, sobre todo
en la República, un texto fundamental
para comprender la Filosofía de la Matemática
de Platón que tanta trascendencia ha
tenido en la evolución ulterior de esta
ciencia. En esta obra, Platón expone
una grandiosa concepción ontológica
de la Matemática que ha tenido un singular
atractivo sobre los matemáticos de todas
las épocas. A través del bellísimo
lenguaje metafórico de la Alegoría
de la Línea (509d–511e) y de la
Alegoría de la Caverna (514a–519d),
Platón reflexiona, una y otra vez, acerca
de la naturaleza de las entidades matemáticas,
del lugar que ocupan en los diversos dominios
de la realidad y de las relaciones que establecen
con los diversos ámbitos del conocimiento.
El pensamiento discursivo de la Matemática
(diánoia) es el conocimiento que se obtiene
cuando se razona y se va de las hipótesis
a las conclusiones que de ellas se deducen.
En este mundo se encuentran las formas de los
números y las formas geométricas.
Corresponde, en la alegoría de la caverna,
al conocimiento que los liberados de la cueva
tienen de los objetos mismos. Pero la Matemática
no es la ciencia más perfecta, porque
necesita utilizar ejemplos o imágenes
sensibles para sus demostraciones, en las que
el geómetra se tiene que conformar con
una representación material y, por tanto,
inexacta de las distintas figuras geométricas.
Sabe que el cuadrado o el círculo no
son más que copias o imágenes
del Cuadrado en sí, del Círculo
en sí. Además, las demostraciones
de las Matemáticas se realizan a partir
de hipótesis, de supuestos, pero no se
pregunta por su validez, sino que se presupone.
El pensamiento intelectivo que por ser conocimiento
intuitivo de las ideas, es superior a la Matemática
no es otro que la Dialéctica. Gracias
a ella nuestra razón es capaz de utilizar
las hipótesis de las otras ciencias inferiores
–las Matemáticas– como trampolines
hasta alcanzar el principio de todo, la verdad
suprema. Es la Idea de Bien. Así pues,
ya que la Matemática para estudiar sus
objetos geométricos y aritméticos
–figuras y números–, necesita
servirse de objetos sensibles utilizándolos
como imágenes para referirse a sus objetos
ideales, es decir, recurre a lo sensible para
elevarse a lo inteligible, resulta ser como
ciencia, el más conveniente puente para
transitar del mundo sensible de la opinión,
creencia, imaginación, conjetura, figuración,
etc., de la Física, al mundo inteligible
de las Ideas de la verdadera Filosofía,
la ciencia perfecta de la inteligencia pura,
que es la Dialéctica. El estudio de las
ciencias matemáticas es la necesaria
preparación introductoria para la Dialéctica.
En palabras de Platón:
«La
Aritmética y la Geometría son
una propedéutica para la Dialéctica»
(536d).
«Todas estas ciencias [matemáticas]
no son más que el preludio de la melodía
que se debe aprender, [...] que no es otra que
la melodía que ejecuta la Dialéctica»
(531d).
«El poder dialéctico sólo
se revelará a quien sea experto en estas
ciencias» (533a).
En resumen, las ciencias matemáticas
son el instrumento que permite al verdadero
filósofo empezar a romper las cadenas
que le tienen aprisionado en la oscuridad del
mundo sensible de la caverna e ir alcanzando
progresivamente la contemplación de la
realidad del mundo inteligible –las ideas
y las formas eternas inmateriales y universales
o nóesis– (la Dialéctica,
la Filosofía), cuyo ascenso se inicia
comenzando por las formas geométricas,
verdadera matriz de las ideas y formas abstractas:
la Belleza, la Justicia, el Bien, etc. Por eso
la Matemática tiene una importancia tan
relevante en el pensamiento de Platón,
quien ejerció una influencia decisiva
en la Matemática de su tiempo, asignándole
una jerarquía excepcional entre todos
los estudios de la Academia.
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