Conferimos a las
ciencias matemáticas el poder dialéctico de ascender
de la caverna a la luz, de lo visible a lo inteligible, de los
sentidos a la esencia, por medio de la inteligencia. Por estas
artes puede elevarse la mejor parte del alma a la contemplación
del mejor de los seres: el Bien.
Platón, República (532c).
El Timeo de Platón es la obra más sublime de
toda la filosofía antigua.
Voltaire. Diccionario filosófico.
Imagen: Platón. Museo Capitolino
de Roma
Platón y la Academia de Atenas.
Platón ha sido uno de los filósofos que mayor influjo
ha tenido en la Historia del Pensamiento y que mayor reflejo ha
ejercido sobre las concepciones acerca de la realidad matemática.
Fue el gran inspirador de casi toda la actividad matemática
de su época. Siendo uno de los hombres más sabios
de su tiempo, Platón no era propiamente matemático,
pero su vehemente entusiasmo por la Matemática y su creencia
en la importancia que esta ciencia tenía como propedéutica
de la Filosofía, en la educación e instrucción
de la juventud, en el entendimiento del Cosmos y en la formación
del hombre de Estado, hizo que se convirtiera en un insigne artífice
de matemáticos, debiéndose a sus discípulos
y amigos casi toda la ingente producción matemática
de su época.
La doctrina platónica de mayor influencia en la Historia
del Pensamiento es la Teoría de las Ideas, que
tiene su origen en las formas geométricas, y es en el ámbito
matemático en el que mejor se puede ilustrar, de ahí
la trascendencia de la Matemática en la naturaleza y desarrollo
de la Filosofía de Platón. De hecho muchos Diálogos
de Platón –el Menón, las Leyes, el
Teeteto y sobre todo la República y el Timeo–
están plagados de discursos matemáticos, y en concreto
en la República, Platón prescribe que el
espíritu del filósofo gobernante requiere una exhaustiva
formación en las cuatro ciencias del Cuadrivium pitagórico
como base preliminar ineludible del supremo conocimiento dialéctico
del Bien, la Belleza y la Justicia, verdadera finalidad de los
estudios filosóficos, de modo que en toda actividad intelectual
de la Academia, la Matemática, y en especial la Geometría,
alcanza una significación filosófica y un valor
ético, estético y político insoslayables.
Platón matematiza toda la realidad, pero no sólo
la realidad física, sino también la esfera espiritual
–lo moral, lo estético, lo político, etc.–
en un ambicioso proyecto que quiere abarcar la globalidad de la
naturaleza y del ser humano –las estructuras matemáticas
gobiernan no sólo «la naturaleza del alma humana»,
sino también «la naturaleza del alma del mundo»
(Timeo, 34b–36d)–. Para Platón las
Matemáticas están dotadas de un carácter
de necesidad divina, lo que sintetiza en la máxima «Dios
siempre hace Geometría» –frase atribuida
a Platón por Plutarco. Con Platón la Geometría
se convierte en un instrumento heurístico medular de toda
su obra, que recoge el pálpito y el sentir de toda la cultura
griega.
Platón nace en el año 427 a.C. en el seno de una
familia vinculada con la vieja nobleza de Atenas. A los veinte
años se hizo discípulo de Sócrates, filósofo
de la Mayéutica, con quien convivió ocho años
hasta su condena en 399. A la muerte de Sócrates, Platón
se refugia en Megara en casa del filósofo Euclides
–que interviene al comienzo del Dialogo sobre la Ciencia,
el Teeteto–, y al que secularmente se le ha confundido
con el autor de los Elementos, y empieza a escribir.
Durante los diez años siguientes, con un inefable arte
literario, Platón redacta los primeros Diálogos
en los que trasmite la enseñanza socrática. Al advertir
las limitaciones de la Filosofía de su maestro, empieza
a buscar elementos más sólidos sobre los que basar
una Filosofía más positiva y los encuentra en la
Matemática en general y en el Pitagorismo en particular.
Con estas intenciones, Platón viaja a Cirene, y escucha
las lecciones del gran geómetra Teodoro, a quien considera
uno de sus maestros –que intervendrá también
en el Teeteto–; y más tarde se traslada
a Tarento, en Italia, donde se impregna de las doctrinas pitagóricas
a través de la exposición programática del
pitagorismo que había escrito Filolao y del magisterio
de Arquitas, científico eminente, brillante político
y legislador, que al establecer el antecedente del Cuadrivium
medieval –Aritmética, Geometría, Música
y Astronomía–, enfatizó la relevancia que
tiene la Matemática en la Educación. Como geómetra,
Arquitas fue pionero en la valoración del estudio de la
Geometría tridimensional, querencia heredada por Platón
(República, 528b). Aunque quizá su mayor
contribución a la Matemática fue su influencia sobre
Platón y el haberle salvado la vida, intercediendo por
él ante el tirano Dionisio. En sus estancias en Italia,
Platón se empapa de las tesis pitagóricas –inmortalidad
y transmigración de las almas; la estructuración,
descripción e interpretación del universo en términos
de entidades matemáticas; los estrechos vínculos
recíprocos entre Matemática y Filosofía;
el entusiasmo místico de la pasión por el conocimiento
matemático como forma de vida filosófica articulada
en una comunidad, etc.–.
A su regreso a Atenas, Platón escribe otros Diálogos,
en los que en boca de Sócrates, expone ya no sólo
doctrina socrática, sino también pitagórica,
que evoluciona hacia temas platónicos originales. Así
sucede en el Gorgias, y sobre todo en el Menón
en el que describe con argumentos geométricos vinculados
al problema de la Duplicación del cuadrado y a la Inconmensurabilidad
(82b-85b), nociones pitagóricas sobre la inmortalidad y
la transmigración de las almas, enlazadas con la teoría
socrático-platónica de la reminiscencia.
La Academia es fundada por Platón el año 387 a.C.
inspirada en la comunidad pitagórica e imbuida por la idea
de buscar el Bien y la Verdad a través del conocimiento
matemático y filosófico. No obstante, la Academia
desarrolló una gran libertad intelectual, antagónica
al esotérico dogmatismo de los pitagóricos. Con
su fundación, Platón crea el centro más importante
de irradiación matemática y filosófica de
la Antigüedad. Por los escritos de Platón, podemos
inferir que una finalidad de la Academia como institución
pudo ser la sólida formación intelectual de un grupo
de personas, una especie de tecnócratas ilustrados –valga
el anacronismo–, muy bien preparados para poder sustituir
a la clase política ateniense. Platón hablará
a lo largo de la República de la formación del flósofo-gobernante
con la sagrada misión de mejorar al ciudadano mediante
una política basada en el conocimiento supremo dialéctico
de los paradigmas eternos del Bien y la Justicia, a los que se
asciende, según la tradición pitagórica,
a través de un largo entrenamiento en el pensamiento abstracto,
exacto y deductivo, vinculado a las ciencias matemáticas
que son el fundamento de todo el saber humano.. Así pues,
buena parte de los estudios y campos de investigación de
la Academia tendrían que ver con las cuatro materias del
Cuadrivium de Arquitas tal como se presenta en el Libro
VII de la República: Aritmética (525a–526c),
Geometría (526d–528b), Astronomía (528e–530c)
y Música (530d–531c), todas ellas disciplinas matemáticas
que constituían una propedéutica necesaria a la
ciencia suprema de la Dialéctica. En la Academia se desarrollaba
la actividad intelectual en coloquios, debates y conversaciones
dirigidos por un moderador, y también en lecciones magistrales,
en las que impartía doctrina el propio Platón y
sus ayudantes profesores de Matemáticas. La celebre frase
de ingreso en la Academia –No entre nadie ignorante en Geometría–
es un epígrafe emblemático del pensamiento y el
espíritu platónicos que expresa de forma palmaria
el programa que Platón llevaba a cabo en la Academia, tal
como lo ratifican numerosos pasajes de la República.
La Academia se convirtió en un importante foro de discusión
y controversia sobre los problemas filosóficos, científicos
y matemáticos, donde se integraban los propios descubrimientos
e investigaciones de la propia Academia, las especulaciones de
la Filosofía física jónica, las doctrinas
de Pitágoras y Parménides e incluso las concepciones
atomistas de Leucipo y Demócrito. El propio Platón,
como líder indiscutible, marcó el tono y el carácter
eminentemente académicos en sentido moderno, fomentando
la enseñanza de los aspirantes y el debate entre los iniciados.
La decisiva autoridad de Platón sobre la Academia no pudo
tener lugar a través de sus escritos, realizados a lo largo
de toda su vida, sino por sus lecciones orales, conversaciones
y reflexiones, no sólo por la vivacidad y actualidad del
debate sino porque el propio Platón daba mucha más
importancia a la palabra hablada que a la escrita, como él
mismo subraya en el Diálogo Fedro. Muchas de las
reflexiones de Platón, que conocemos a través del
testimonio de su gran discípulo Aristóteles, son
un complemento imprescindible para la intelección de la
doctrina platónica.
La Teoría
platónica de las Ideas y los entes matemáticos.
El intento de fundamentar el saber matemático debió
de ser una de las motivaciones platónicas para desarrollar
la Teoría de las Ideas, pero a su vez el origen matemático
de la misma es un aspecto esencial de la importancia de la Matemática
en la naturaleza y desarrollo de la Filosofía platónica.
La Teoría platónica de las Ideas o las Formas proviene
de una convergencia y síntesis muy coherente de la cosmovisión
panmatemática pitagórica, de la radical distinción
entre lo sensible y lo inteligible de Parménides, y de
la preocupación socrática por la definición
y el concepto, verdadero antecedente de la idea y la forma platónica.
Es justamente en el terreno matemático en el que mejor
se ilustra la Teoría de las ideas de Platón. Un
círculo, por ejemplo, se define en Geometría como
una figura plana compuesta por puntos que equidistan de uno dado.
Pero nadie ha visto en realidad esa figura ni se podrá
ver jamás. La forma circular de los geómetras no
se encuentra entre los objetos sensibles. Lo que vemos con frecuencia
son figuras –un plato, una rueda, la luna llena–,
objetos materiales que también llamamos círculos
y que resultan ser, en la forma, aproximaciones al círculo
ideal. Por tanto, la forma de círculo existe, no en el
mundo físico, sino en el ámbito de las ideas, como
un objeto inteligible, inmutable e intemporal, que sólo
puede ser aprehendido mediante la razón.
La Teoría de las Ideas tiene su origen en las formas geométricas
pero no se limita a ellas. Es más, la pretensión
de Platón es alcanzar en su idealismo a todo el campo de
la Moral. Si en nuestro mundo no hay nada que sea absolutamente
circular, tampoco hallamos nada absolutamente bueno o justo. Y
si la objetividad de la Geometría obliga a postular la
existencia de la forma perfecta de círculo inteligible,
separada del objeto circular sensible que se aproxima o se parece
a la forma ideal, así también la necesidad de salvaguardar
la objetividad de la Moral obliga a postular la existencia de
las formas ideales y perfectas del Bien y de la Justicia, separadas
de la personas e instituciones terrenales que deben aproximarse
a ellas. Las ideas o formas tienen mayor entidad que los objetos
del mundo físico tanto por su perfección, eternidad
e inmutabilidad, como por el hecho de ser modelos canónicos
que conceden a los objetos sensibles lo que tienen de realidad.
Cada cosa es lo que es en virtud de su parecido con su idea universal.
Las ideas o formas platónicas son paradigmas de las que
las cosas sensibles son imitaciones. Las formas geométricas
circular, cuadrada y triangular, etc., son excelentes ejemplos
de lo que Platón entiende por idea. Un objeto que podemos
contemplar en el mundo físico puede ser llamado círculo,
cuadrado o triángulo porque imita, se parece (“participa
de” en palabras de Platón) a la idea de círculo,
cuadrado o triángulo. La cosa participa de la idea y, por
esa participación, es semejante a ella; la idea es, pues,
una realidad superior presente en la cosa y al mismo tiempo original
o arquetipo. De estas cuestiones escribe Platón en diversos
pasajes del Filebo (25a), la República (476a–476d),
el Fedón (100a, 101c), etc. La Teoría de las Ideas
está muy dispersada a lo largo del texto de estos Diálogos
y de otros como el Menón, el Fedro y el Banquete, e incluso
para su conocimiento completo debemos acudir a Aristóteles,
sobre todo los capítulos 6 (987b) y 9 (990a) del Libro
I de la Metafísica de Aristóteles.
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Volumen primero de
las obras completas de Platón en griego antiguo y
latín, edición de 1856, Ed. A. Firmin-Didot,
Paris |
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La Filosofía
de la Matemática de Platón.
Por herencia pitagórica, para Platón los conceptos
de la Matemática son independientes de la experiencia,
se los descubre, no se los inventa o crea. Los juicios geométricos
son eternos y apriorísticos, y corresponden a una realidad
intemporal e inmutable, que es la auténtica realidad, más
real que la engañosa, imperfecta e incompleta realidad
sensible. De acuerdo con su idealismo geométrico, Platón
subraya que los razonamientos que hacemos en Geometría
no se refieren a las figuras concretas que dibujamos sino a las
ideas absolutas que ellas representan (República, 510d–510e):
«[Los matemáticos] se sirven de figuras visibles
que dan pie para sus razonamientos, pero en realidad no piensan
en ellas, sino en aquellas cosas a las que se parecen. Y así,
por ejemplo, cuando tratan del cuadrado en sí y de su diagonal,
no tienen en el pensamiento el que dibujan y otras cosas por el
estilo. Las mismas cosas que modelan y dibujan, cuyas imágenes
nos las ofrecen las sombras y los reflejos del agua son empleadas
por ellos con ese carácter de imágenes, pues bien
saben que la realidad de esas cosas no podrá ser percibida
sino con el pensamiento.»
Por ello, para Platón, la Matemática debe ser independiente
de todo pragmatismo, de toda empiria y de la utilidad inmediata,
y debe estar liberada intelectualmente de todo instrumento material
–que son elementos corruptores y degradantes–, como
señala Plutarco en sus Vidas Paralelas (Vida de Marcelo),
cuando nos habla de la indignación de Platón ante
el uso de artificios mecánicos en la Geometría:
«Platón se indispuso e indignó con ellos [contra
Arquitas de Tarento y Eudoxo de Cnido], porque degradaban y echaban
a perder lo más excelente de la Geometría con trasladarla
de lo incorpóreo e intelectual a lo sensible y emplearla
en los cuerpos que son objeto de oficios toscos y manuales.»
El mismo Platón señala una y otra vez en la República
que la Geometría no debe tener otra finalidad que el conocimiento
en sí mismo. Así lo proclama en 526e–527b:
«[...] La parte más elevada de esta ciencia nos conduce
a una contemplación más factible de la idea del
Bien. [...] La Geometría nos obliga a contemplar la esencia.
[...] Es una ciencia del conocimiento del ser, no de lo que está
sujeto al cambio o desaparición. [...] Conducirá
al alma hacia la verdad y dispondrá la mente del filósofo
para que eleve su mirada hacia arriba».
Platón describe también, con su inveterado idealismo,
la misión de la Aritmética como ciencia para escapar
del ámbito sensible y elevar el alma hacia lo abstracto
(525d–526c):
«[...] Es lo cierto que esa ciencia [la Aritmética]
conduce el alma hacia lo alto y la obliga a razonar sobre los
números, sin permitir de ningún modo que nadie presente
un ejemplo de números corpóreos y tangibles. [...]
Esa ciencia se nos presenta con visos de necesaria, puesto que
parece forzar al alma a servirse de la inteligencia pura para
alcanzar la verdad en sí.»
Tan importante considera Platón el adiestramiento en estas
ciencias en la formación del filósofo que prescribe
se deben imponer en la instrucción por imperativo legal
(525b–525d):
«... Convendrá imponer esta enseñanza por
medio de una ley y convencer a los que deban ocupar los puestos
de gobierno de la ciudad para que desarrollen su gusto por estas
artes [las ciencias matemáticas].
De esta visión
platónica idealista podría derivar la distinción
entre Aritmética y Geometría como factores espirituales
de elevación hacia la Filosofía y Logística
y Geodesia como instrumentos materiales y utilitarios de los artesanos
y técnicos. Como consecuencia de ello, pudo haber sido
Platón el responsable de la restricción en las construcciones
geométricas griegas a aquellas que pueden realizarse sólo
con regla y compás.
La Matemática como propedéutica de la Filosofía.
Para Platón la Matemática tienen como misión
elevar el alma de las cosas sensibles a la verdad ideal inteligible,
cognoscible por vía exclusivamente racional. Pero es en
el acto del filósofo de trascender el mundo físico
donde las ciencias matemáticas juegan un papel esencial,
ya que permiten realizar una intermediación en el tránsito
de lo sensible a lo racional. Esta visión platónica
de las Matemáticas campea a lo largo de los Diálogos,
sobre todo en la República, un texto fundamental para comprender
la Filosofía de la Matemática de Platón que
tanta trascendencia ha tenido en la evolución ulterior
de esta ciencia. En esta obra, Platón expone una grandiosa
concepción ontológica de la Matemática que
ha tenido un singular atractivo sobre los matemáticos de
todas las épocas. A través del bellísimo
lenguaje metafórico de la Alegoría de la Línea
(509d–511e) y de la Alegoría de la Caverna (514a–519d),
Platón reflexiona, una y otra vez, acerca de la naturaleza
de las entidades matemáticas, del lugar que ocupan en los
diversos dominios de la realidad y de las relaciones que establecen
con los diversos ámbitos del conocimiento.
El pensamiento discursivo de la Matemática (diánoia)
es el conocimiento que se obtiene cuando se razona y se va de
las hipótesis a las conclusiones que de ellas se deducen.
En este mundo se encuentran las formas de los números y
las formas geométricas. Corresponde, en la alegoría
de la caverna, al conocimiento que los liberados de la cueva tienen
de los objetos mismos. Pero la Matemática no es la ciencia
más perfecta, porque necesita utilizar ejemplos o imágenes
sensibles para sus demostraciones, en las que el geómetra
se tiene que conformar con una representación material
y, por tanto, inexacta de las distintas figuras geométricas.
Sabe que el cuadrado o el círculo no son más que
copias o imágenes del Cuadrado en sí, del Círculo
en sí. Además, las demostraciones de las Matemáticas
se realizan a partir de hipótesis, de supuestos, pero no
se pregunta por su validez, sino que se presupone. El pensamiento
intelectivo que por ser conocimiento intuitivo de las ideas, es
superior a la Matemática no es otro que la Dialéctica.
Gracias a ella nuestra razón es capaz de utilizar las hipótesis
de las otras ciencias inferiores –las Matemáticas–
como trampolines hasta alcanzar el principio de todo, la verdad
suprema. Es la Idea de Bien. Así pues, ya que la Matemática
para estudiar sus objetos geométricos y aritméticos
–figuras y números–, necesita servirse de objetos
sensibles utilizándolos como imágenes para referirse
a sus objetos ideales, es decir, recurre a lo sensible para elevarse
a lo inteligible, resulta ser como ciencia, el más conveniente
puente para transitar del mundo sensible de la opinión,
creencia, imaginación, conjetura, figuración, etc.,
de la Física, al mundo inteligible de las Ideas de la verdadera
Filosofía, la ciencia perfecta de la inteligencia pura,
que es la Dialéctica. El estudio de las ciencias matemáticas
es la necesaria preparación introductoria para la Dialéctica.
En palabras de Platón:
«La Aritmética
y la Geometría son una propedéutica para la Dialéctica»
(536d).
«Todas estas ciencias [matemáticas] no son más
que el preludio de la melodía que se debe aprender, [...]
que no es otra que la melodía que ejecuta la Dialéctica»
(531d).
«El poder dialéctico sólo se revelará
a quien sea experto en estas ciencias» (533a).
En resumen, las ciencias matemáticas son el instrumento
que permite al verdadero filósofo empezar a romper las
cadenas que le tienen aprisionado en la oscuridad del mundo sensible
de la caverna e ir alcanzando progresivamente la contemplación
de la realidad del mundo inteligible –las ideas y las formas
eternas inmateriales y universales o nóesis– (la
Dialéctica, la Filosofía), cuyo ascenso se inicia
comenzando por las formas geométricas, verdadera matriz
de las ideas y formas abstractas: la Belleza, la Justicia, el
Bien, etc. Por eso la Matemática tiene una importancia
tan relevante en el pensamiento de Platón, quien ejerció
una influencia decisiva en la Matemática de su tiempo,
asignándole una jerarquía excepcional entre todos
los estudios de la Academia
Dios siempre hace Geometría. La
cosmogonía poliédrica del Timeo de Platón.
El Timeo es un grandioso mito cosmogónico de raíz
pitagórica donde Platón describe con abundancia
de detalles cuáles son las formas fundamentales inteligibles
que imponiéndose a una materia primitivamente informe,
han presidido la concepción y realización del orden
cósmico, en la génesis de toda la naturaleza. La
acción demiúrgica del Dios geómetra soberano
geometriza el universo y lo diseña según las leyes
de la Matemática, disponiendo los cuatro elementos en la
forma y número que exige la necesaria y bella armonía
matemática (Timeo,53a–53b). Con un inusitado
despliegue de fantasía geométrico-cósmica,
Platón dibuja el mundo físico y explica los fenómenos
naturales en clave geométrica mediante una trasferencia
de propiedades del mundo matemático al mundo natural.
Cuatro
de los poliedros regulares –tetraedro, octaedro, icosaedro
y cubo– que son las formas geométricas más
bellas, son, respectivamente, los átomos de los elementos
–fuego, aire, agua y tierra–. Pero los elementos primigenios
originales constituyentes del mundo material no son propiamente
estos poliedros, sino sus componentes geométricos, formados
por dos clases de triángulos rectángulos –los
triángulos más bellos–; uno es medio
cuadrado, es decir, isósceles, que compone el cuadrado
cara del cubo y otro es medio triángulo equilátero,
que compone las caras triangulares equiláteras de los otros
tres poliedros. En cuanto al dodecaedro, cuyas caras no se pueden
componer con los triángulos más bellos, Platón
sugiere que es la forma general del universo (54d–55c).
Tras la lectura del fastuoso Timeo uno entiende que a
los poliedros regulares se les llama Cuerpos platónicos.
En la Imagen, Platón con el rostro de
Leonardo. Fragmento de la Escuela de Atenas de Rafael. Platón
sostiene en una mano El Timeo y eleva hacia el cielo el dedo índice
de la otra mano como indicando lo ideal y lo sublime.
La Matemática de la Academia platónica.
Fundamentos de la Matemática.
Según el testimonio de Proclo, en su Comentario al Libro
I de Los Elementos de Euclides,
la Matemática del siglo anterior a Euclides estuvo dominada
por la Academia de Platón:
«Platón dio a las Matemáticas en general,
y a la Geometría en particular, inmenso impulso gracias
al celo que desplegó por ellas y del que son testimonio
suficiente sus escritos llenos de discursos matemáticos,
y que, a cada momento, despiertan el entusiasmo por estas ciencias
en aquellos que se entregan a la Filosofía.»
Platón fue, efectivamente, un gran promotor de numerosos
matemáticos a los que Proclo cita, a continuación,
y atribuye diversas actuaciones en Matemáticas que dan
una idea de la naturaleza de la Matemática que crean bajo
la orientación de Platón:
Texto
de Proclo sobre los matemáticos de la Academia platónica
(Comentario al
Libro I de Los Elementos de Euclides)
|
| •
«Multiplicaron los teoremas y los pusieron en un orden
más sistemático.»
• «Añadieron muchas soluciones a los
problemas anteriores.»
• «Ampliaron considerablemente los conocimientos
precedentes y compusieron Elementos muy superiores por el
número y por la importancia de las demostraciones.»
• «Descubrieron las delimitaciones para saber
cuándo es posible resolver un problema que se investiga
y cuándo es imposible.»
• «Hicieron uso del Análisis para resolver
las cuestiones suscitadas por Platón.»
• «Perfeccionaron el conjunto de la Geometría
al convertir en generales muchas definiciones y proposiciones
particulares.»
• «Se distinguieron tanto en Matemáticas
como en el resto de la Filosofía.»
• «Todos estos sabios se reunían en la
Academia y realizaban sus investigaciones en común.»
• «Realizaron investigaciones siguiendo las
instrucciones de Platón planteándose cuestiones
acerca de lo que podía contribuir a la Filosofía
de su maestro.»
|
De acuerdo con
las declaraciones de Proclo, ratificadas por las investigaciones
de los historiadores modernos, Platón y los matemáticos
de la Academia ampliaron de forma considerable el acervo matemático,
clarificaron algunas definiciones, reorganizaron las hipótesis
de partida, rehicieron muchas demostraciones, generalizaron numerosos
teoremas, resolvieron una gran cantidad de problemas pendientes,
escribieron Elementos a base de reordenar el Corpus geométrico
de forma sistemática y jerárquica, seleccionando
los problemas y teoremas que se toman como elementales (de ahí
el nombre de Elementos), y lo más importante:
discutieron los Fundamentos de las Matemáticas y se interesaron
especialmente por la metodología de la investigación
matemática, que se benefició considerablemente del
Método de Análisis, llamado Método platónico.
Todo ello en colaboración y bajo la inspiración,
dirección e instrucción del maestro Platón,
que siempre daba una orientación filosófica a todas
las investigaciones. Platón sería el primero en
sistematizar las reglas de la demostración rigurosa y en
comenzar una ordenación de los teoremas según una
jerarquía lógica, iniciando un proceso de organización
y estructuración deductiva de la Matemática que
culminaría Euclides con Los Elementos. A partir de Platón
la demostración deductiva, a partir de los principios,
se consideró necesaria y consustancial con la propia naturaleza
de la Matemática, estableciendo un paradigma de actuación
en Matemática que nunca ha sido relevado hasta ahora. Asimismo,
La Academia de Platón se planteó ya de forma clara
la cuestión de si un problema dado tenía solución
o no sobre la base de las verdades conocidas y de las hipótesis
admitidas.
Entre los matemáticos más eminentes de La Academia
debemos citar a Teeteto, Menecmo y Eudoxo.
Teeteto realizó importantes contribuciones al estudio y
construcción de los poliedros, los llamados cuerpos platónicos,
de modo que se le atribuye la paternidad de la mayor parte del
Libro XIII de Los Elementos de Euclides.
Menecmo, que fue durante un tiempo maestro de Aristóteles
y de Alejandro Magno, es el descubridor de las secciones cónicas
en relación con el problema de la Duplicación del
cubo. Eudoxo resolvió, mediante el Axioma de continuidad,
la Teoría de la Proporción y el Método
de exhaución, la primera crisis de fundamentos en
la Historia de la Matemática provocada por la aparición
de la inconmensurabilidad en el mundo pitagórico.
Aparte de la solución a la primera crisis de fundamentos
provocada por los inconmensurables, quizá lo más
relevante de la Academia platónica sea la aplicación
universal del método analítico, en la investigación
de problemas geométricos que alcanzará plenos frutos
cuando dos mil años después al aunarse con las técnicas
algorítmicas del Álgebra simbólica, produzca
la eclosión inexorable de la Geometría Analítica
y del Análisis Infinitesimal, los más potentes instrumentos
matemáticos que reciben del Análisis geométrico
griego no sólo el nombre sino también los procedimientos.
La imputación a Platón del Método de Análisis
se basa en algunos pasajes del Menón (86e–87a)
y la República (510c) y la Ética a
Nicómaco (1095a) de Aristóteles, en relación
con ciertos métodos geométricos «por hipótesis»
en los que, según Platón, para sus investigaciones
los geómetras utilizan elementos desconocidos como si realmente
los conocieran. Mediante el Análisis se asume como cierto
aquello que hay que probar y se razona con base en esta asunción
hasta llegar a algo que forma parte de los principios –hipótesis–,
es decir, uno se remonta de forma regresiva hasta los puntos de
partida o siguiendo el curso lógico de los razonamientos
se alcanza un resultado cierto por haber sido previamente establecido.
Si entonces podemos invertir la secuencia de los pasos anteriores,
el resultado –Síntesis– es una prueba legítima
del teorema que había que probar. Así pues, el Análisis
viene a ser un procedimiento sistemático de descubrir «condiciones
necesarias» para que un teorema sea cierto, de modo
que si por medio de la Síntesis se muestra que estas condiciones
son también «suficientes», se obtiene una demostración
correcta de la proposición. Aunque los textos aludidos
de Platón no son muy aclaratorios de la cuestión
siempre se le ha atribuido a Platón las bases del método
analítico como procedimiento metodológico capital
para el progreso de la Matemática y su formulación
en las lecciones que impartía en la Academia.
La influencia de Platón en la Historia del Pensamiento
y de la Matemática.
La influencia de Platón a través de la Historia
de la Cultura y del Pensamiento ha sido inmensa. Una armoniosa
combinación del misticismo y panmatematismo pitagóricos,
la Lógica y la Metafísica de Parménides
y una herencia socrática directa, basada en una Ética
y una Política fundamentadas en la idea suprema del Bien
como base de toda Filosofía, forjaron en la mente preclara
de Platón una síntesis poderosa que creó
una atractiva doctrina de gran originalidad, satisfactoria tanto
para el intelecto como para el sentimiento religioso, de ahí
la influencia decisiva de Platón tanto en la mayoría
de los grandes filósofos, como en los grandes pensadores
cristianos e islámicos.
El influjo de las ideas platónicas en el pensamiento judío
es manifiesto en la obra del filósofo alejandrino del siglo
I Filón de Alejandría. El neoplatonismo, fundado
en el siglo III por el filósofo Plotino, supuso un importante
desarrollo y una gran difusión posterior de las ideas de
Platón. Los teólogos Clemente de Alejandría,
Orígenes y San Agustín fueron los primeros pensadores
cristianos cuyas ideas convergen con el Platonismo. De hecho la
Filosofa platónica tuvo un papel crucial en el desarrollo
del cristianismo al constituir el principal apoyo intelectual
de la Teología cristiana. También el pensamiento
islámico medieval bebió en las ideas de Platón,
llegando incluso los árabes a redescubrir y traducir muchos
de su Diálogos. A partir del Renacimiento los
humanistas estudiaron con avidez las obras de Platón en
los originales griegos redescubiertos gracias a la ingente labor
de recuperación y restauración del legado clásico,
colmando los ambientes intelectuales de traducciones latinas e
incluso de versiones de los Diálogos en lenguas
vernáculas, debido a lo cual la inspiración y la
fuerte carga matemática de la Filosofía de Platón
desempeñaría un papel fundamental como guía
cardinal del pensamiento científico de Nicolas de Cusa,
Luca Pacioli, Kepler, Galileo, y otros
filósofos y matemáticos, e incluso a través
de los platónicos de la Escuela de Cambridge, también
de Newton.
También en la Filosofía de la Estética y
del Arte la influencia de Platón ha sido muy significativa.
La fuente primaria de la armonía y la proporción
en el Arte se encuentra en los conceptos matemáticos del
universo pitagórico–platónico. Si ciertas
relaciones numéricas y formas geométricas encarnaban,
según el Timeo, la verdad absoluta de la estructura
armónica y ordenada del Cosmos, el Arte debía dar
expresión a ese orden apoyándose en la verdad eterna
y universal de los números y las relaciones espaciales.
De acuerdo con Platón, para los artistas, la forma en sí
sólo era la esencia del Arte si derivaba de ciertas relaciones
numéricas sobre la base de precisos módulos y cánones,
aritméticos y geométricos, expresión última
de las formas mismas en sentido de la Teoría de las
Ideas.
El propio Vitrubio recurre al Timeo (44d) para establecer
que las proporciones del perfecto cuerpo humano deben ser el reflejo
del orden y la armonía cósmicos, pudiendo por tanto
ser inscrito en las formas geométricas ideales –el
cuadrado y el círculo–, y así aparece el «homo
ad quadratum» y el «homo ad circulum». Además,
cada parte de un edificio, tanto en el interior como en el exterior,
tiene que ser integrada en un mismo sistema de relaciones matemáticas,
que deben reflejar las proporciones de la figura humana. Así
la Filosofía platónica va imponiendo una visión
estética que culmina en los teóricos y artistas
del Renacimiento (Pacioli, Leonardo, Durero, Alberti, Barbaro,
Palladio, etc.) que creen firmemente, con Platón, que Dios
al haber ordenado el universo según unas leyes matemáticas
inmutables, creó un mundo bellamente proporcionado cuya
armonía se refleja en el cuerpo del hombre, de donde deben
surgir las proporciones de su templo terrenal.
La actitud filosófica de Platón ante la Ciencia,
la Matemática y la Educación es una constante secular,
asimilada y analizada, ensalzada y alabada, criticada y enjuiciada,
en la Historia del Pensamiento. Platón ha tenido una decisiva
incidencia en la estructura que han configurado la Matemática
como ciencia. La Academia platónica se convirtió
en el centro matemático del mundo. En ella trabajaron y
de ella salieron los principales investigadores del siglo IV a.C.,
célebres matemáticos que, como hemos señalado,
además de magnificar de forma considerable el patrimonio
matemático, debatieron y resolvieron, en sus discusiones
académicas, cuestiones trascendentales de las Matemáticas
relacionadas con sus propios fundamentos y con la metodología
de la investigación y el razonamiento matemáticos.
Estos asuntos, fruto de las exigencias de Platón sobre
los esfuerzos de definición y reflexión sobre los
principios y los objetos de la Matemática, establecerían
las bases y los presupuestos de Los Elementos de Euclides, cuya
paternidad en su mayor parte, tanto en contenido como en estructura
lógica, corresponde a los matemáticos de la Academia,
que reconstruyen las demostraciones de los teoremas pitagóricos
que habían quedado invalidados por la aparición
de los inconmensurables (resultados que pasarán a los cuatro
primeros libros de Los Elementos de Euclides),
tras la resolución por Eudoxo
de la correspondiente crisis de fundamentos con la Teoría
de la Proporción que Euclides incluirá en el Libro
V, y en la que basará toda la Geometría de
la semejanza del Libro VI. Eudoxo introduce también
el Método de Exhaución que resuelve de
forma rigurosa problemas infinitesimales que aparecerán
en el Libro XII de Los Elementos, mientras Teeteto
realiza el exhaustivo estudio de los irracionales cuadráticos
que aparece en el prolijo Libro X, y el no menos completo
y profundo estudio geométrico de los Poliedros regulares,
tan queridos y admirados por su maestro Platón, con el
que se corona de forma brillante, en el Libro XIII, la
gran Biblia euclídea de Los Elementos, una construcción
ontológica y antológica de la Matemática
geometrizada de los griegos, que, por su indudable ascendencia
platónica, bien podemos suscribir las palabras que escribe
G. Reale en su obra Platón. En búsqueda de la sabiduría
secreta (Herder, Barcelona, 2001. p.213): «Con todo
derecho la Geometría de Euclides habría que denominarla
Geometría platónica.»
La Teoría de la Proporción y el Método
de Exhaución que nacen en la Academia platónica
tienen una gran influencia sobre las concepciones aristotélicas
del infinito y la Teoría de la Potencia y el Acto, y en
las manos de Arquímedes se convierten en un poderoso instrumento
de convalidación apodíctica de sus impresionantes
resultados infinitesimales descubiertos por vía mecánica,
que serán la fuente de inspiración de los matemáticos
que anticipan el descubrimiento del Cálculo Infinitesimal
en el siglo XVII y la aritmetización del Análisis
del siglo XIX a través del concepto de límite.
La Academia de Atenas fue durante la época helénica
el núcleo principal de la especulación filosófica
y matemática del mundo griego, y aunque el centro de gravedad
de la actividad matemática se desplazó en la época
helenística, en torno al año 300 a.C. hacia Alejandría,
la Academia siguió ostentando su preeminencia en Filosofía
durante todo el periodo alejandrino. De hecho la actividad filosófica
duró casi 900 años hasta su clausura en el año
529 d.C. por el emperador bizantino Justiniano. Una cifra más
de la influencia de Platón como adelantado en la Historia
de la Cultura surge al subrayar que la Academia es el primer antecedente
de las universidades, de los institutos científicos, y
en general de las instituciones académicas posteriores.
De ahí la importancia de la figura de Platón en
la Historia de la Educación y de la investigación.
La Matemática
es para Platón la aristocracia intelectual del conocimiento.
Por eso en la Academia de Platón «está
prohibida la entrada a toda persona que no sepa Geometría».
La Matemática tiene la misión pedagógica
de formar el intelecto y es el fundamento de la Filosofía
y de todo el saber. Son múltiples las reflexiones de Platón
en la República acerca de la importancia de la
Matemática en la Educación, término que en
griego –Paidea– se refiere al cultivo del
ser humano en todas sus facetas con la intención de convertirlo
en un buen ciudadano que ame el Bien y la Justicia, es decir,
que sea virtuoso. Con razón, Rousseau, en su emblemático
tratado sobre la Educación, Emilio, pondera el
inconmensurable valor de la República de Platón,
no como una obra de política sino como es el más
excelente tratado de Educación que jamás se haya
escrito. Platón concreta la educación matemática
en las llamadas después cuatro Artes Liberales del Cuadrivium
pitagórico, de secular fortuna en los programas educativos
de las universidades medievales y base de los estudios elementales
de la tradición pedagógica occidental, sobre todo
la Aritmética y la Geometría, hasta hace pocas décadas.
En este aspecto la herencia de Platón también es
trascendental.
La Filosofía de la Matemática de Platón que
tanta trascendencia ha tenido en la evolución ulterior
de esta ciencia, plasmada en un bellísimo lenguaje en numerosos
Diálogos platónicos, sobre todo en la República
y el Timeo, ha configurado secularmente lo que se llama
Platonismo en la Matemática, como firme creencia en la
existencia de entidades matemáticas abstractas propias
del espíritu humano, pero independientes de él.
Todavía en el siglo XX, matemáticos de la talla
de G.H. Hardy alimentaron esta Filosofía (Apología
de un matemático. Nivola. Madrid, 1999. p.115). De hecho
La impresionante concepción ontológica platónica
de los entes matemáticos ha ejercido a lo largo de toda
la historia una singular atracción sobre todos los matemáticos
y ha contribuido a fijar la forma, las raíces y las características
del pensamiento matemático. Todavía hoy, el Platonismo
–depurado de sus múltiples elementos míticos–
sigue siendo una de las filosofías de la Matemática
más vivas e influyentes. Muchos matemáticos actuales
piensan que están investigando el mundo de las estructuras
abstractas, un mundo eterno, necesario e independiente de nosotros,
actitud platónica origen en el origen de la distinción
radical entre la Matemática pura como aventura mental –desplegada
por el mero honor del espíritu humano, como diría
Jacobi– y por tanto independiente de la experiencia y de
la observación, y la Matemática aplicada como mero
instrumento de comerciantes, artesanos, técnicos y hombres
de negocios. Pero la propia concepción platónica
de la Matemática como pensamiento discursivo e instrumento
de tránsito de lo sensible a lo inteligible es precisamente
un pegamento entre los dos tipos de Matemática aludidos.
El idealismo platónico y la investigación sin perseguir
la utilidad inmediata ha formado parte a lo largo de toda la historia
de la filosofía de trabajo del matemático que especula
en la topología de un territorio de ideas que el espíritu
explora sin doblegarse a la dimensión sensible de la realidad.
En este sentido, buena parte de los matemáticos son platónicos
y les fascina su afinidad espiritual con el fundador de la Academia.
La alta valoración que siempre ha gozado la Matemática;
su estimación como expresión de los más elevados
intereses especulativos del hombre incidentes sobre la Filosofía
y la Ciencia, la Política y el Arte, la Educación
y la Cultura en general; exponente de su más genuina capacidad
de razonar; es de origen platónico. Sin ser propiamente
un matemático, es impresionante, casi milagroso, el magnífico
impacto e influjo de Platón sobre el curso del rumbo que
tomaría, a partir del siglo IV a.C., la más antigua
de las ciencias, la Matemática.
Para finalizar, recogemos palabras de B.Russell para expresar
que pocos filósofos, han alcanzado la amplitud y profundidad
del pensamiento de Platón; ninguno le ha superado; y cualquiera
que aborde la investigación filosófica o matemática
hará mal en ignorarle. Apoyemos estas palabras con el testimonio
de un gran pensador, el filósofo, lógico y matemático
Alfred N. Whitehead –maestro y colaborador de B.Russell
en su monumental obra Principia Mathematica–, que quiso
rendirle un encomiástico tributo a Platón al escribir
en su obra Process and Reality de1929 el siguiente panegírico:
«La más acertada descripción del conjunto
de la tradición filosófica europea es la que consiste
en una serie de notas a pie de página a la obra de Platón.»
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