Leonardo
de Pisa, también conocido como Fibonacci (hijo
de Bonaccio), nació en esta ciudad en el año 1180.
Su padre, un mercader italiano con intereses en el norte de África,
le inició en asuntos de negocios y contabilidad mercantil,
lo cual despertó en él un interés por las
matemáticas que iban mucho más allá de sus
aplicaciones prácticas. Estudió bajo la dirección
de un maestro árabe y recorrió Egipto, Siria, Grecia
y Sicilia. Tuvo ocasión de conocer el sistema de numeración
indo-árabe, del cual se convirtió en un acérrimo
defensor. Murió en 1250. Muy poco más se sabe de
su vida..
Un torneo
matemático y una colección de problemas
Pasaba por la ciudad de Pisa el emperador Federico II, allá
por el año 1225, y quiso conocer al célebre sabio
que en ella vivía. Dos filósofos de su séquito,
Juan de Palermo y Teodoro, concertaron un encuentro. Además,
organizaron un torneo matemático para que Federico comprobara
que la fama de Leonardo no carecía de fundamento. Le plantearon
tres problemas y el pisano los resolvió. Los tres problemas
fueron los siguientes.
El primero, encontrar un número cuyo cuadrado, al sumarle
o restarle cinco, dé otros cuadrados. Leonardo parte de
la siguiente identidad (a veces conocida como de Fibonacci):
Si pudiéramos
dar con dos números enteros m y n tales que
el
problema tendría solución entera. Pero se puede
demostrar (es cosa inmediata) que no existen tales números,
de modo que habremos de conformarnos con soluciones racionales.
Dividimos ambos miembros de la igualdad por
y resulta:
Si ,
necesariamente
es múltiplo de cuatro y
.
La última identidad se transforma en
.
Uno de los factores del primer miembro ha de ser múltiplo
de cinco. Pongamos m=5, y entonces
. El primer valor de que hace de
un
cuadrado es
.
En consecuencia,
,
y
el número buscado es el siguiente (y es fácil comprobar
que, efectivamente, cumple las dos condiciones):
En el segundo problema
se trata de hallar un número x para el cual
,
utilizando para ello el libro X de los Elementos de Euclides.
En él se da una clasificación de los segmentos de
la forma
,
,
,
(con m y p racionales). Leonardo demostró que la solución
no puede ser racional, ni tampoco ninguno de los irracionales
antes señalados. Después encontró una solución
aproximada, que en notación actual es
, y que fue la mejor aproximación de una raíz irracional
de una ecuación algebraica conseguida hasta el momento.
El tercer problema es la historia de tres hombres se reparten
al azar un capital. A continuación, el primero aporta a
un fondo común la mitad de su porción, el segundo
un tercio y el tercero un sexto. Después hacen con el fondo
tres partes iguales, y cada cual toma una para sí. ¿Cuánto
tuvo cada uno en el primer reparto, si la cantidad final fue,
para el primero, la mitad del capital inicial, para el segundo
la tercera parte y para el tercero la sexta parte?
Leonardo toma como incógnita auxiliar u una de las tres
partes en que se ha dividido el fondo formado por las fracciones
de las partes tomadas al azar. Si éstas son x,
y y z, y el capital total es
c, tenemos las ecuaciones:
La solución
entera más pequeña es

El Liber
quadratorum
Esta obra, que hasta 1862 se creyó perdida, fue escrita
en 1225. Los problemas planteados en este libro están en
la línea de Diofanto, pero en la manera de resolverlos
está el sello personal de Leonardo. Si el matemático
de Alejandría se contenta con soluciones racionales, el
de Pisa quiere conseguirlas enteras. Uno de estos problemas consiste
en encontrar un número cuyo cuadrado, al sumarle y restarle
un mismo número, vuelva a dar cuadrados. En términos
modernos, se trata de resolver las ecuaciones diofánticas
y
.
Ahora bien, estas ecuaciones, combinadas entre sí, llevan
a esta otra,
, a la vista de la cual es evidente que los dos factores del segundo
miembro (por ser ambos de la misma paridad y su producto múltiplo
de dos) han de ser pares. En consecuencia
,
La primera y la tercera ecuación permiten calcular
z e y:
Si
ambas expresiones son sustituidas en las ecuaciones originales,
dan lugar a
y
, las cuales a su vez, sumadas miembro a miembro, proporcionan
esta otra
.
Esto significa que x
y
h forman lo que se conoce como una terna pitagórica.
Si son números enteros, han de existir (se sabe desde muy
antiguo) dos enteros m y n,
primos entre sí y de distinta paridad, tales que
,
, y
.
Eliminando la
h se tiene que
y
. Dando valores a m y n, se
encuentran todas las soluciones que se quieran
A los posibles de
valores de t los llama Leonardo, con una terminología
ya en desuso, congruentes. El número congruente
más pequeño es veinticuatro, lo cual explica por
qué el primer problema planteado en el torneo carece de
soluciones enteras. Es cosa sencilla demostrar algo que la tabla
anterior hace evidente: todos los números congruentes son
múltiplos del más pequeño de ellos.
El Liber
abaci
El Liber abaci, publicado en 1202, es sin duda la obra
más conocida de Leonardo. Su título es equívoco,
pues precisamente frente a los abacistas (que empleaban el ábaco
y la vieja notación romana) demuestra las ventajas de las
cifras hindúes. En el Liber abaci se habla del uso de las
cifras y del cálculo con los números enteros, se
enseña la descomposición de un número en
factores primos, se demuestran los criterios de divisibilidad
y se proporcionan las pruebas del 9, del 11 y del 7.
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Página del Liber
abaci de Fibonacci |
También trata sobre la contabilidad
mercantil, la regla de compañía y al cambio de
monedas. Aparecen en él además problemas de álgebra
de primer grado, que Leonardo resuelve por medio de la regla
de los dos errores que había aprendido de los árabes.
Pero de todos los problemas propuestos en el Liber abaci
hay uno que sobresale por su enorme longevidad. Son muchos los
matemáticos que han trabajado sobre él y que siguen
trabajando, y es rara la revista matemática que no le
haya dedicado alguna vez un artículo. El problema es
el siguiente: ¿Cuántas parejas de conejos tendremos
a fin de año si comenzamos con una pareja que produce
cada mes otra pareja que procrea a su vez a los dos meses de
vida? Como se ve en la tabla siguiente, el número de
parejas que hay al terminar cada mes es una sucesión
en la que cada término es la suma de sus dos precedentes.
Leonardo no llegó
a sospechar las curiosas propiedades de esta sucesión,
ni que habría de ser objeto de estudio por parte de muchos
matemáticos posteriores. Girard, Simpson y Lagrange son
algunos de ellos.
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