En
el campo de las matemáticas, los estudios
juveniles de Leibniz estuvieron dedicados sobre
todo a la Aritmética: combinatoria, propiedades
de los números, triángulo de Pascal,
etc. Y sus primeras aportaciones también
son en ese campo: fórmulas de análisis
combinatorio, descubrimiento de los determinantes,
estudio de la suma de series, etc. Uno de sus
hallazgos es el valor de
/4.
También estudia el triángulo armónico
y sus propiedades.
A partir de su estancia en París y su
relación con Huygens estudiará
los Elementos de Euclides
y la Geometría de Descartes,
al que criticará en muchas ocasiones,
entre otras cosas por excluir de su geometría
algunas curvas como las que tienen exponentes
funcionales.
También se interesa por el cálculo
de probabilidades, que en sus primeros escritos
sobre derecho había mencionado como uno
de los instrumentos más útiles
para la investigación de lo contingente.
Como subraya Belaval, uno de los grandes especialistas
en Leibniz, ya había tenido la idea de
un alfabeto de los pensamientos humanos meditando
sobre Aristóteles, había desarrollado
la idea con Bacon (las formas de primera clase
semejantes a las letras del alfabeto), con Weigel
y Hobbes (pensar, es calcular), con Buteo (las
cadenas de combinaciones), con Cardano (la lógica
de lo probable), Raimond Llull es entonces reeditado
en toda Europa y Kircher acaba de publicar su
texto Polygraphia nova et universales ex combinatoria
detecta (1663). Como colofón a sus estudios
de derecho había presentado Leibniz,
en julio de 1665, la tesis o Disputatio Juridica
De Conditionibus y en agosto una Disputatio
Posterior, donde sostiene que las demostraciones
o pruebas en derecho tendrían que tener
un rigor matemático y proponiendo, en
el caso de los juicios hipotéticos, el
cálculo de probabilidades y el cálculo
de los juicios, a pesar de que sus conocimientos
matemáticos entonces no eran suficientes
para realizarlos por sí mismo. Por fin,
en marzo de 1666, sostiene la Disputatio
Aritmética de Complexionibus, que
formará parte de su Arte Combinatoria
que como hemos dicho, publicó ese mismo
año, a los 20 años de edad. La
tesis de este escrito es que nuestros conceptos
están compuestos de ideas simples, cuyo
número no puede ser muy grande, como
sucede con las letras del alfabeto o con los
factores primos.
Estas ideas simples o primitivas constituyen
los términos de primer orden (1. el punto;
2. el espacio; 3. “situado entre”;
9. la parte; 10. el todo; 14. el número;
15. la pluralidad, etc.). Combinándolas
dos a dos (com2natio) se obtienen los términos
de segundo orden, por ejemplo el número
de las partes es la cantidad. Combinándolas
de tres en tres tenemos las com3natio, por ejemplo
el espacio tomado en un todo (2,3,10) es el
intervalo y así sucesivamente. Recíprocamente,
separando un término en sus factores
primos, se pueden resolver problemas. De este
modo la combinatoria se podría aplicar,
como señala Leibniz a la lógica,
la aritmética, la astronomía,
la química, la medicina, la acústica,
la jurisprudencia… A pesar de estos trabajos,
el grado de doctor se le niega en Brunschwick
a las jóvenes promociones, de manera
que Leibniz se graduará finalmente en
Altdorf el 15 de noviembre de 1666 con su trabajo
De Casibus Perplexis in Jure, en el
que desarrolla estas ideas aplicadas al derecho.
Pero Leibniz es conocido mundialmente sobre
todo como inventor del Cálculo Diferencial,
aunque ese descubrimiento se vio en su tiempo
empañado por la injusta acusación
de plagio por parte de algunos discípulos
de Newton, acusación en la que se implicó
el propio Newton. Hoy todos los estudiosos saben
que ambos desarrollaron paralelamente el cálculo
sin plagiarse. De hecho, la visión de
Newton es más bien física, como
lo atestigua su título de cálculo
de fluxiones, mientras que la visión
de Leibniz es sobre todo matemática.
Leibniz ya había desarrollado los principales
aspectos del cálculo infinitesimal hacia
1676, al final de su estancia en París,
y publicará en 1684 su primer artículo
sobre el tema, en las Acta Eruditorum:
“Nova methodus pro maximis et minimis”,
donde proponía un método nuevo
para calcular las tangentes a una curva y también
los máximos y mínimos de la misma.
Allí define lo que llama differentia
o diferencial y lo escribe ya con la notación
que perdurará, dx. También establece
las reglas principales de cálculo con
diferenciales, adición, sustracción,
multiplicación y división, aunque
sin dar las demostraciones. Y en cuanto al comportamiento
local de las curvas, define la concavidad, convexidad
y puntos de inflexión, lo que le lleva
a definir las diferencias de segundo grado,
que llama differentiae differentiarum.
Su método, como él mismo señala,
resulta superior a los existentes en esos momentos,
no es geométrico, sino una forma de calcular
con símbolos.
En junio de 1686 Leibniz publica un segundo
artículo en Acta Eruditorum,
con el título “De geometría
recondita et analysi indivisibilium atque infinitorum”
donde trataba el problema inverso de las tangentes
y el cálculo de las cuadraturas mediante
su nuevo método, y mostraba que la diferenciación
y la integración son operaciones recíprocas,
introduciendo el símbolo
para la summation, pues el término
integral no se emplea por primera vez
hasta 1690, gracias a Jacques Bernoulli.
No obstante, estos logros no tendrán
demasiada acogida y pasarán inadvertidos
hasta 1690, cuando Bernoulli publica en las
Acta Eruditorum un artículo
en el que se emplea el nuevo cálculo
para resolver el problema de la curva isócrona.
Los hermanos Bernoulli continuaron desarrollando
el nuevo cálculo y será Jean quien
en 1691 se lo enseñará al Marquis
de l’Hospital, que publicaría el
primer tratado sobre cálculo diferencial
en 1696. Como l’Hospital diría:
“Debo hacer aquí justicia (como
la ha hecho el señor Leibnitz, en el
Journal des Sçavans de agosto 1694) que
el sabio Sir Isaac Newton descubrió igualmente
algo como el Calculus Differentialis, que aparece
en su excelente Principia, publicado primero
en el año 1687, que depende casi totalmente
del uso del mencionado Calculus. Pero el método
del señor Leibnitz es mucho más
fácil y expeditivo gracias a la notación
que utiliza, por no mencionar la maravillosa
asistencia que presta en muchas ocasiones.”
Efectivamente, la simbología matemática
que ahora utilizamos es en buena parte debida
a Leibniz: diferenciales primeras y segundas,
integral, infinitesimales, etc. Introduce el
término de función y señala
que integral y derivada son dos operaciones
inversas. Introduce el sistema binario de numeración,
de innumerables aplicaciones posteriores, y
tantos otros avances que ahora vamos descubriendo
al descifrar sus manuscritos inéditos.
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