El
padre de Leibniz era jurista y profesor de moral
en la universidad de Leipzig, ciudad donde nació
Gottfried, quien, aunque nunca fue muy fervoroso,
abogó toda su vida por la reunificación de las
iglesias. No obstante tanto la familia como
su entorno eran luteranos. Aquella posición,
el irenismo, como se llamaba en su época, tenía
connotaciones políticas tanto como religiosas,
pues pretendía asimismo la unificación de los
350 estados en los que estaba dividida Alemania.
Precisamente, una de las características más
originales de Leibniz es su propósito de sintetizar
y conciliar las opiniones y concepciones más
opuestas en todos los ámbitos del pensamiento.
Su padre murió cuando él tenía sólo 6 años y
le quedó en herencia la amplia biblioteca privada
de su padre, de la que se sirvió libremente,
de forma que Leibniz fue en gran medida autodidacta,
hasta el punto de que a los ocho años ya leía
en latín a Tito Livio. Siempre fue más aficionado
a la lectura y el pensamiento que a las actividades
físicas. El latín fue una de sus lenguas favoritas
así como el francés, y en ellas dos están redactados
casi todos sus escritos filosóficos o científicos.
También abogó por el desarrollo de la lengua
alemana. .