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David Hilbert había
nacido en Königsberg (hoy Kaliningrado,
Rusia), ciudad de la Prusia oriental situada
junto al Báltico. Su ciudad natal era
célebre por varias razones, entre ellas
haber sido el hogar del famosísimo filósofo
Kant, haber dado lugar al problema de los siete
puentes que estudió Euler, y haber albergado
una importante escuela de físicos y matemáticos
que crearon hacia 1830 Jacobi y Neumann. Hijo
y nieto de jueces, Hilbert pasó en su
ciudad natal los primeros 33 años de
vida, y dentro de los estrechos límites
de esa ciudad tuvo lugar su desarrollo intelectual.
Pero el alto nivel que habían alcanzado
las matemáticas en Alemania, unido a
una afortunada coincidencia con otros grandes
matemáticos, permitieron que “los
largos años de seguridad en Königsberg”
se convirtieran en “un tiempo de maduración
continua”.
En la Universidad, Hilbert tuvo la fortuna de
asistir a las lecciones de Heinrich Weber (1842–1913)
sobre funciones elípticas, teoría
de números y teoría de invariantes.
Weber era un matemático polifacético,
que también realizó contribuciones
a la física matemática, y que
había editado las obras de Riemann. Era
además amigo íntimo de Dedekind,
con quien publicó en 1882 un célebre
trabajo sobre curvas algebraicas, ofreciendo
una fundamentación al modo de la teoría
de ideales en cuerpos de números, que
abría el camino hacia la geometría
algebraica del siglo XX. La influencia de Weber,
y a través de él la tradición
de Gauss, Riemann y
Dedekind, sería
decisiva para Hilbert. Menos importante debió
ser la influencia de Lindemann, quien pese a
ser el director de tesis de Hilbert, y haber
demostrado la trascendencia de ?, no era un
matemático de gran talla.
Pero lo que sí resultó decisivo
fue la amistad con Adolf Hurwitz (1859–1919)
y Hermann Minkowski (1864–1909), el primero
llegado en 1884 como profesor asistente (Privatdozent),
el segundo aún estudiante como Hilbert
pero en Bonn, si bien, al haber nacido en Königsberg,
pasaba allí las vacaciones. Así
nos lo cuenta:
Pronto,
aunque todavía era estudiante, me vi
invitado por Hurwitz a tratar con él
de temas científicos, y tuve la fortuna
de llegar así a conocer en su presencia,
de la manera menos fatigosa y más interesante,
los modos de pensar de aquellas dos escuelas
que se enfrentaban entonces y que sin embargo
se complementaban una a otra tan magníficamente:
la escuela geométrica de Klein y la
escuela algebraico-analítica de Berlín.
Estas interacciones se hicieron más
estimulantes aún, dado que también
el genial H. Minkowski, de quien yo ya era
amigo …, se unió a nuestro círculo.
En innumerables paseos, que por momentos continuaban
día tras día, tuvimos ocasión
a lo largo de ocho años de repasar
todos los rincones del saber matemático,
y Hurwitz, con sus conocimientos tan extensos
y polifacéticos como firmes y bien
ordenados, nos servía siempre como
guía.
Hurwitz
había estudiado en Berlín, logrando
dominar no sólo los métodos de
Weierstrass, sino también las algo oscuras
ideas de Kronecker, pero sobre todo había
sido discípulo de Felix Klein, quien
pretendía tomar el relevo de Riemann,
duramente criticado por los berlineses. Hay
que notar que las ideas de Riemann “no
eran todavía, como hoy, bien común,
y su conocimiento implicaba en cierto modo situarse
en una clase superior de matemáticos”.
El contraste entre ambos estilos matemáticos
enseñó a Hilbert lecciones fundamentales
para su futura carrera, si bien él se
comprometió siempre con el enfoque más
moderno y abstracto: el de Riemann, Dedekind
y Cantor.
En 1886 Hilbert se convirtió en Privatdozent,
dedicándose a publicar en el campo de
la teoría de invariantes. En 1892 fue
nombrado profesor extraordinario como sucesor
de Hurwitz (ahora en Zurich), y el año
siguiente obtuvo por fin el puesto de Professor,
equivalente a nuestro catedrático. Pero
sólo permanecería en su ciudad
natal hasta 1895, momento clave en que Felix
Klein logró que fuera nombrado catedrático
en la Universidad de Göttingen, donde permanecería
el resto de su vida. Por esta época trabajaba
sobre teoría de números algebraicos,
campo en el que probablemente realizó
sus aportaciones más profundas.
Como vemos, una ojeada superficial a la actividad
matemática de Hilbert en estos años
clave, de 1886 hasta 1899, podría dar
la impresión de un investigador muy bueno,
pero muy especializado. Sería quizá
difícil prever lo que iba a venir, el
ascenso de Hilbert a la cumbre del mundo matemático
y la convicción general de que fue uno
de los últimos matemáticos universales,
que dominó todos los campos de su disciplina.
Pero los historiadores han mostrado cómo
ya en los años de Königsberg había
ido dando cursos sobre todos los campos de la
matemática, incluyendo la geometría
y la teoría de funciones. Su sólida
formación generalista estaba bien avanzada,
y también su gran interés por
los fundamentos. En 1890, Klein recibía
uno de sus artículos sobre teoría
de invariantes con el comentario: “no
tengo dudas de que es el artículo más
importante sobre álgebra general que
han publicado los Mathematische Annalen hasta
la fecha”. Y el mismo año, le describía
en carta al poderosísimo ministro prusiano
de educación como la estrella ascendente
entre los jóvenes matemáticos
alemanes. El hecho de que, en 1893, la DMV [Deutsche
Mathematiker Vereinigung] le encargase a Hilbert
–junto con el mundialmente reconocido
Minkowski– escribir un informe sobre la
teoría de números, es buena muestra
del alto concepto que se tenía de sus
capacidades.
Teniendo en cuenta, pues, que la actividad de
Hilbert iba más allá de lo que
muestran estrictamente sus publicaciones, se
puede sin embargo (al modo de Weyl) examinar
sus contribuciones escritas dividiéndolas
en períodos. Hasta 1893, trabajos sobre
formas algebraicas y ante todo invariantes algebraicos;
de 1893 a 1899, teoría de números
algebraicos, publicando en 1897 el célebre
Zahlbericht; entre 1899 y 1903, trabajos
sobre fundamentos de la geometría que
marcaron el estilo axiomático moderno;
entre 1904 y 1912, diversos problemas de análisis:
el principio de Dirichlet, cálculo de
variaciones, ecuaciones integrales; de 1909
a 1916, problemas de física teórica,
incluyendo su concurrencia con Einstein; y por
fin, desde 1918, contribuciones a los fundamentos
de la matemática.
Las primeras contribuciones importantes de Hilbert
fueron sobre invariantes algebraicos. Hasta
el momento Paul Gordan había establecido,
sobre una base algorítmica de complicados
cálculos, que existe una base finita
para los invariantes y covariantes de las formas
binarias. En 1888 Hilbert abordó la cuestión
con un enfoque abstracto, conjuntista, estableciendo
teoremas de existencia generales a la manera
de Dedekind. Pronto
logró resolver el caso general para formas
de n variables, estableciendo el teorema de
la base finita. A la vista de su demostración,
Gordan le escribió a Klein que ésta
no satisfacía “los más ínfimos
requisitos que hacemos a una demostración
matemática”. Síntoma de
la división profunda que separaba entonces
a los constructivistas, como decimos hoy, de
los matemáticos de tendencia moderna.
Klein debió quedar muy impresionado cuando
Hilbert se negó a cambiar una coma en
su artículo, diciendo que a falta de
una refutación concluyente, aquello era
“mi última palabra”.
Al resolver problemas centrales de la teoría
de invariantes, la obra de Hilbert contribuyó
a que ésta perdiera parte del atractivo
y la importancia central que había tenido.
Él mismo nunca volvió al tema.
Algo distinto fue su efecto sobre la teoría
de números algebraicos: el encargo que
le hizo la DMV dio lugar a un trabajo muy sistemático
y profundo, su Informe sobre la teoría
de los números algebraicos. Más
bien se trataba de una impresionante sistematización
de los resultados previos de Dedekind
y Kronecker, aumentada por nuevos resultados,
especialmente sobre cuerpos de Galois.
En artículos publicados los años
siguientes (1899, 1902), estas nuevas ideas
condujeron a los resultados más originales
de Hilbert en este campo, dando inicio a la
teoría de cuerpos de clases.
El Zahlbericht se convirtió
en la obra de referencia para los especialistas
por muchos años; tal como esperaba Minkowski,
relegó los trabajos de Dedekind y Kronecker
a un segundo plano. De todos modos, su exposición
no era tan moderna como la del primero, y en
los años 1920, precisamente en el Göttingen
que lideraba Hilbert, Emmy Noether capitaneó
un movimiento de vuelta a Dedekind. Eso sí,
la exposición de Hilbert resultaba muy
tersa y elegante para los matemáticos
de 1900, y sus métodos estaban cuidadosamente
elegidos tanto para resolver problemas particulares
como para admitir generalizaciones. Era la marca
de la casa, de su muy especial estilo de trabajo.
A propósito de Noether,
hay que mencionar que Hilbert fue un hombre
progresista, “singularmente libre de prejuicios
nacionales y raciales” como demostró
durante las Guerras, y avanzado en cuanto a
la integración de la mujer. Cuando su
propuesta de habilitar a Emmy
Noether como Privatdozent tropezó
con una fuerte oposición, y algunos preguntaban
cómo una mujer iba a estar en las reuniones
de Facultad, se dice que hizo el célebre
comentario: “Caballeros, la Facultad no
es ningún establecimiento de baños”.
En el Zahlbericht, Hilbert enfatizaba
que la aritmética había abierto
caminos fundamentales en el campo del álgebra
y la teoría de funciones, para señalar
–con referencias a Dedekind,
Weierstrass y Cantor– que “en general,
el desarrollo moderno de la matemática
pura ha sucedido ante todo bajo el signo del
número”. Y acto seguido hablaba
también de una “aritmetización
de la geometría”, orientada a un
desarrollo puramente lógico del tema,
a estudiar esa rama de la matemática
siguiendo el modelo de la teoría de números
en cuanto a rigor y compleción en los
fundamentos, y a la introducción directa
del número en la geometría. Puede
verse aquí la promesa de escribir los
célebres Fundamentos de la geometría
(1899), que aparecieron con ocasión de
una ceremonia en Göttingen de homenaje
a Gauss.  |