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Matemático,
Físico, Astrónomo y Astrólogo italiano, a quien
se debe la popularización y generalización del Método
Científico, basado en la experimentación y la confrontación
inductiva deductiva
Galileo Galilei: Tenacidad y Pasión (Pisa, 1564;
Arcetri, Florencia, 1642).
"La Naturaleza y la Biblia derivan de Dios, y es absurdo
querer contradecir la Naturaleza que es la expresión directa
de la voluntad divina sobre la base de la interpretación
humana de las Sagradas Escrituras. Por el contrario, se debe aprender
a leer e interpretar las escrituras a través de la Naturaleza"..
El párrafo anterior, parte del alegato que pronunciara Galileo
ante el tribunal de la inquisición en 1633, ilustra a la
perfección la dicotomía que gobernó toda su
creación científica, en contraposición con
sus creencias católicas y los azarosos avatares que jalonaron
su vida particular. Hijo de Vicenzo Galilei, reconocido músico,
que renovara en buena medida la escritura musical de la época,
y de Guilia Ammanmati, nacida en Pescia; Galileo fue el mayor de
siete hermanos, y, desde temprana edad hubo de enfrentar la dureza
de una formación rigurosa, en no pocas ocasiones alejado
de sus familiares
Así, con ocho años, sus
padres se trasladan a Florencia, mientras Galileo permanece en Pisa
al cuidado de Muzio Tedaldi, pariente por parte materna. No obstante,
a los diez años se reúne con sus padres, quienes confían
su educación a Jacopo Borghini. Este lo inscribió
pocos años después en el Monasterio camalfolense de
Vallombrasa, donde profesa como novicio. Su padre, instado por la
tradición de sus ancestros (el nombre de Galileo le fue impuesto
al pisano en recuerdo de uno de sus antepasados, médico de
gran prestigio), le envía de nuevo con Tedaldi, quien lo
matricula en 1581 en la carrera de medicina en la Universidad de
Pisa.
En contra de los anhelos paternos, Galileo se interesa intensamente
en las enseñanzas que recibe de Filippo Fantoni, titular
de la cátedra de Matemáticas en dicha universidad;
enseñanzas que absorben por entero sus estudios durante sus
vacaciones en Florencia. Por lo demás, los cursos que impartiera
Ostilio Ricci entre 1582 y 1583 sobre los "Elementos"
de Euclides, decantan por entero la vocación
de Galileo, y, en 1585, abandona sus estudios de medicina sin completar
su graduación, centrándose por completo en el estudio
de los textos de Euclides y Arquímides,
que Ricci había heredado de su mentor Tartaglia, traductor
de numerosos tratados grecolatinos.
Comparece por primera vez la tenacidad del pisano, que insiste con
denuedo en afianzar su empeño, enfrentando las reticencias
y recelos paternos. Ya en 1585-86 se encuentra enseñando
matemáticas en Siena, donde escribe su primer libro "La
Balancitta", sobre las propiedades y fundamentos de las balanzas.
Tras su primer viaje a Roma, donde visita a Clavius, profesor del
Colegio Romano de los jesuitas, consigue una plaza en Bolonia (en
buena medida por intersección del erudito romano). A partir
de entonces, Clavius y Guidobaldo del Monte se convierten en sus
mentores, confidentes y amigos, con quienes intercambia numerosa
correspondencia y debate sobre sus hallazgos sobre el cálculo
del centro de gravedad de los cuerpos. La actividad de Galileo en
estos años es frenética, ocupando varios puestos de
prestigio en las universidades toscanas y vénetas. En 1589,
enseña en Pisa, sucediendo a Fantoni en la cátedra
de Matemáticas. Durante su estancia en la ciudad toscana
escribe "De Motu", conjunto de ensayos sobre la teoría
del movimiento, que nunca llegó a publicar. Sin embargo,
los avatares familiares ensombrecen la progresión del inicio
de su carrera. En 1591 muere su padre, y Galileo con su sueldo de
60 escudos anuales debe afrontar el sustento de su familia; y, en
particular, se ve instado a sufragar los dispendios de las dotes
matrimoniales de sus dos hermanas.
Galileo recurre a Del monte, quien lo propone como profesor en la
universidad de Padua, en los dominios de la República independiente
de Venecia, cobrando un salario tres veces superior del que percibía
en Pisa (320 florines anuales). En Padua, transcurre los dieciocho
mejores años de su vida, en un ambiente alejado de la férrea
censura pontificia, como instructor en la Universidad que años
antes acogiera como alumno a Copérnico y ajeno a las penurias
económicas precedentes. De nuevo le sonríe la vida
y entabla una relación estable con Maria Gamba, con quien
no llegaría a formalizar matrimonio, aunque contaron con
descendencia: Virginia, nacida en 1600; Livia, en 1601 y Vincenzo
en 1606. En esta época Galileo reconoce haber cometido un
error relativo a su concepción de la entidad de la gravedad,
tras consultar a Paolo Sarpi, matemático asesor del gobierno
veneciano, se esfuerza en enmendar el contenido vertido en "De
motu...", y comienza a trabajar en 1604 en el movimiento de
los cuerpos que se deslizan por planos inclinados y en la ley del
péndulo.
De 1609 data la construcción de su telescopio, que irá
perfeccionando con perseverancia, basándose en la concordancia
de dos lentes de concavidades contrapuestas. Sus observaciones con
estos instrumentos (réplicas mejoradas del ideado por Thomas
Harriot) le permite obtener numeroso resultados, desconocidos en
esos años. En particular, descubre las irregularidades de
la Luna, intuye y demuestra la presencia de satélites en
Júpiter y anillos en Saturno, consigue explicar las fases
de Venus y la composición estelar de la Vía Láctea,
apunta la existencia del movimiento de libración selénico,
etc.; un cúmulo de novedosos aspectos astronómicos,
que, en parte, recopiló en 1610 en "El Mensajero de
las estrellas", y que fuera completando en aportaciones posteriores.
El éxito alcanzado por "El Mensajero..." incrementó
el prestigio del pisano, que, en junio de 1610, le lleva a ocupar
el máximo rango de profesor en la Universidad de Pisa y a
encargarse personalmente del cargo de "Matemático y
Filósofo" personal del Gran Duque de Toscana: Cosme
II de Médicis. Viaja a Roma en 1611, donde se le recibe con
todo tipo de honores, encumbrado por los astrónomos pontificios,
y, en particular, por el papa Pablo IV, que no le permite arrodillarse
ante su presencia. También se interesa por él el gran
defensor de la contrareforma, el cardenal Belarmino, quien solicita
de Clavius un informe detallado de los hallazgos galileanos
Sigue
trabajando intensamente, publicando textos sobre los eclipses: "Cartas
sobre los eclipses", de 1613; en relación a la diversidad
entre los conceptos de forma, volumen y peso de los cuerpos flotantes:
"Discurso sobre las cosas que flotan en el agua o que en ella
se desplazan", de 1612; y sobre la física y la astronomía
aristotélicas, en "Cartas a la Gran Duquesa", de
1616, remitidas a Cristina de Lorena, auténtica dirigente
del estado de Toscana. No obstante, esta actividad frenética,
el caudal de reconocimientos que va atesorando y su carácter
irascible, pasional, propenso a descalificar a sus oponentes con
saña (como ocurriera durante la experimentación sobre
la flotación del hielo en el agua ante Cosme II, burlándose
de su colega Ludovico Delle Combe); le grajea no pocas enemistades,
celosas de sus éxitos y prestas a denunciar cualquiera de
sus afirmaciones que se mostraran en contra de la teoría
aristotélica, doctrina oficial de la Curia Romana. Recelos
que se ven incrementados por su empeño arriesgado en defensa
de la visión copernicana del Cosmos, que refrenda en las
cartas a Cristina de Lorena, en alegato a favor de un apasionado
discurso que pronunciara su pupilo Castelli en la plaza central
de la ciudad toscana. Escribe a la gran Duquesa:
"Mantengo que el Sol está localizado en el centro
de las revoluciones de las órbitas y no cambia de lugar y
que la Tierra rota sobre sí misma y alrededor de él..."
Ya desde 1597, en carta remitida a Johannes Kepler, profesor en
Gratz, Galileo abundaba en la idea del heliocentrismo, de la cual
también hizo partícipe a Clavius. Clavius, antiguo
protector del pisano, se mofa de sus convicciones; mientras que
en Europa numerosos científico se adhieren con fervor a sus
razones. Destacan, entre otros Marino Mersenne, quien llegó
a escribir "¡Galileo! ¿Quién será
capaz de enumerar sus descubrimientos? Tan sólo con su telescopio
casi ha descubierto más cosa que las hasta ahora conocidas";
Cavalieri, que se consideró a sí mismo discípulo
de Galileo, tras conocerlo por intervención del cardenal
Borromeo, con quien mantuvo contacto durante largo tiempo buscando,
en especial, la aprobación del toscano de la teoría
de sus Indivisibles, y quien recibiera su reconocimiento cuando
puntualizó: "...pocos, si no nadie, desde Arquímides
ha avanzado tan lejos y con tanta profundidad en la ciencia de la
Geometría"; o Torricelli, quien a través de Castelli
contacta con Galileo en busca de asesoramiento en sus trabajos sobre
Matemáticas y Astronomía. Tras el proceso en contra
de este último, Torricelli centra su atención en el
movimiento parabólico de los proyectiles, mas, no abandona
a su maestro y se ofrece como ayudante en la última etapa
de su vida en Arcetri y con él comparte los últimos
meses de 1641.
En el momento histórico en el que nos encontramos, Galileo
parece contar con el apoyo y el respeto del grueso de la comunidad
científica continental y de algunos miembros del curato romano
y toscano. En particular, figuras de la talla de Sarpi, su antiguo
amigo veneciano; Clavius y sus correligionarios del Colegio de los
jesuitas romanos; los cardenales Belarmino y Barberini, el último
de los cuales fuera ungido con la tiara papal en 1621, bajo el nombre
de Urbano VIII; fueron adalides en defensa del pisano. Por el contrario,
los matemáticos de Pisa: Delle Combe y Lorini, entre ellos;
y los miembros de la congregación dominica con Caccini como
figura más sobresaliente, emprendieron una feroz persecución
de la obra galileana. Consciente del peligro que podía suponer
este acoso, Galileo acude de nuevo a Roma en 1624, donde se entrevista
con el Papa, a quien había dedicado su librito "El ensayador",
escrito en 1623 y de quien recibe su pláceme para publicar
su nuevo tratado "Diálogo sobre los dos principales
sistemas del mundo", que irá redactando bajo el atento
seguimiento del mismo Pontífice.
En "El ensayador, Galileo descubre sin ambages su concepción
de la Naturaleza y sus posibles tratamientos cognoscitivos. En él
aparece citada la célebre proclama, que lo convirtiera en
padre y precursor de la Ciencia Moderna:
."La filosofía (la Naturaleza está escrita
en ese gran libro que siempre está delante de nuestros ojos
-quiero significar el Universo- pero que no podemos entender si
no aprendemos primero el lenguaje, y comprendemos los símbolos
en los que está escrito. El libro está escrito en
lenguaje matemático, y los símbolos son triángulos,
circunferencias y otras figuras geométricas, sin cuya ayuda
es imposible comprender ni una palabra de él, sin lo cual
se deambula en vano a través de un oscuro laberinto"
Cita que revela en toda su grandeza la mayor contribución
galileana al desarrollo y expansión de la Metodología
Científica.
Por el contrario, "El Diálogo..." es una obra que
presta especial atención a los aspectos filosóficos
que dimanan de sus descubrimientos. En ellas tres interlocutores:
Sagredo, Simplicio y Salvati, cuyos nombres remiten a personajes
reconocibles en el entorno vital y profesional de Galileo (en concreto,
Sagredo corresponde al gentilicio de unos de sus amigos vénetos,
quien le recomendara no abandonar los aires libres de la República;
Simplicio es apelativo que el pisano recupera de la tradición
grecolatina en rememoración del filósofo neoplátonico
Simplicio, muerto en el año 500 d. C.; y Salvati es escogido
como personaje en reconocimiento a su estimado colega); dialogan
sobre numerosas cuestiones relativas a las dos concepciones del
Cosmos. La aristotélica oficial va siendo presentada con
tosquedad manifiesta por Simplicio, quien no cuestiona las verdades
aceptadas como inmutables del sistema aristotélico ptolomeico.
Mientras, es refutado con perseverancia por Sagredo, manteniendo
Salvati una prudencial actitud de reserva, aunque en puntuales ocasiones
es el encargado de abrir el debate con sus preguntas, presuntamente
ingenuas. El libro recupera y organiza las teorías de Galileo,
quien, prudentemente, elude toda controversia que pudiera incidir
en cuestiones cercanas a la religión. Su publicación
en 1632, concita el interés desmedido y apasionado de toda
la comunidad científica internacional; mas, los detractores
del pisano embarbascan la voluntad del Papa Urbano, consiguiendo
convencerlo sobre la intensión de Galileo de ridiculizar
a su Santidad, al identificarlo con ánimo de burla con el
personaje de Simplicio. Inmediatamente actúan los ejecutores
del Tribunal de la Inquisición, que prohiben la edición
y distribución de la obra; y comienza el Proceso contra Galileo.
La historia de dicho Proceso es bien conocida, pues ha sido comentada,
discutida y recreada en el teatro y el cine (remitámosno
a las obras de Bertold Brecht y de Liliana Cavani); pero, con todo,
existen antecedentes previos que conllevan el esclarecimiento del
desorbitado ensañamiento de los inquisidores contra un personaje
célebre y de reconocida solvencia, incluso en ambientes eclesiales.
Debemos entonces retomar el primer encuentro de Galileo con el cardenal
Belarmino. Ya sabemos que este, el 19 de abril de 1611 solicita
oficialmente a Clavius opinión oficial del Colegio Romano
sobre las observaciones del pisano. Clavius le remitió un
informe, confirmando todos los postulados, aunque sin incluir comentario
de ningún tipo. En otro orden de cosas, la curia romana,
enfrascada en la lucha contra la rebelión luterana y calvinista,
encuentra ajenas las ideas copernicanas a la doctrina católica;
que estiman injuriosas respecto de las verdades vertidas en la Biblia;
y, en consecuencia, condena su difusión bajo pena de persecución
en 1616. En ese mismo año, Galileo intenta entrevistarse
con Belarmino, quien lo recibe rodeado de los dominicos más
renombrados. Así, desde el 26 de febrero de 1616, el pisano
conoce que su obra debe ser matizada y maquillada para no hendir
la daga de la desobediencia en las mentes del Santo Oficio. Sin
embargo, la tozudez que caracterizara la personalidad galileana
ya había incidido en el entramado de maquinaciones que lo
llevaría a adjurar de su concepción heliocéntrica
el 22 de junio de 1633 en el Convento de Santa María Sopra
Minerva, ante un nutrido tribunal de dominicos abstrusos. El desenlace
ya estaba diseñado de ante mano, desde que conociera en 1615
la admonición que le remitiera Barberini, donde le sugería:
"...veros obrar con más prudencia no invocando sobre
estos temas más argumentos que los utilizados por Ptolomeo
y Copérnico; es decir, sin saliros de los límites
de la física y de la matemática. Pues, para los teólogos
la explicación de las Escrituras es su coto privado..."
Galileo desoye los
consejos de su valedor más influyente, y en una de sus cartas
a Roma, responde con contumacia:
"No quiero que hombres de talento piensen que para mí
las ideas de Copérnico no son más que una hipótesis
matemática sin realidad. Dado que soy uno de los más
fervorosos partidario de estas ideas, pensaría que esta opinión
es compartida por todos los demás partidarios de Copérnico
y que su teoría tiene más posibilidades de llegar
a ser falsa que físicamente justa. En mi opinión,
esto sería un error".
Tras la condena, Galileo y el grueso de la comunidad científica
se ven obligados a ocultar sus trabajos o a interesarse en temas
ajenos a la interpretación de los Testamentos. J. Kepler
se retira a Suecia, y retrasa la publicación de su "Método"
hasta 1637; Cavalieri retoma sus estudios de los indivisibles, publicados
en 1635, descuidando sus preocupaciones astronómicas, que
tanto comentara con el pisano; Torricelli abunda en su análisis
sobre las trayectorias de los proyectiles y sus trabajos sobre hidrodinámica,
que comienza a editar con su tratado "De motu gravium"
de 1644; y el propio Galileo, recluido a perpetuidad en su villa
de Arcetri, consigue retomar el espíritu juvenil de Padua
para redactar su última obra: "Discurso sobre dos ciencias
nuevas"; que escribe contando con el apoyo de su confidente
Vincenzo Viviani y la ayuda de Torricelli; mientras el pisano, ciego
desde 1638 y enfermo desde 48 años atrás, resiste
con tenacidad tras la muerte de su hija predilecta Virginia, monja
en el convento de San Mateo, hasta su fallecimiento a las cuatro
de la madrugada del 9 de enero de 1642.
El manuscrito de los "Discorsi..." fue confiado al duque
de Noailles, embajador del rey de Francia, Luis XIII, quien los
remitió a Leiden, Holanda, donde fue impreso por Elzevir
en 1638. Este texto, en buena parte revisión de sus trabajos
desarrollados en su estadía en la Corte véneta, presenta
el perfil más matemático del autor; bien lejano de
otra de sus pasiones: el diseño y construcción de
diversos artilugios. Entre ellos se encuentra el perfeccionamiento
del telescopio, la invención de una máquina para elevar
agua (1593), la construcción del compás de proporción
(1597), la mejora en la ergonomía del termómetro (1606),
la invención de un método para determinar las longitudes
en el mar (1612, que interesó notablemente a los gobernantes
hispanos), la construcción de un reloj de péndulo
(1641), etc.; instrumentos, que, en opinión de no pocos hagiógrafos
insistía en diseñar en busca de recursos extras que
le posibilitaran afrontar sus cuantiosos gastos de cortesano. Por
lo demás en épocas de penuria, Galileo no excluyó
la práctica de la Astrología, ni la enseñanza
particular a los hijos de sus ilustres mentores, aunque existen
visiones contradictorias sobre la relevancia que podría otorgarse
a la práctica galileana de tales actividades.
"Los Discorsi..." están escritos contando con una
metodología similar a sus "Diálogos...",
donde, de nuevo Salvati, Sagredo y Simplicio debaten y contraponen
sus visiones antagónicas sobre diversas cuestiones de carácter
físico-matemático. Así, entre otras cuestiones,
tratan sobre el movimiento uniforme y el movimiento uniformemente
acelerado de los cuerpos, sobre las trayectorias seguidas por los
proyectiles y sobre el infinito y sus paradojas. Los primeros resultados
son demostrados por Galileo con ayuda exclusiva de la teoría
de las proporciones de Euclides, aunque asume en cierta forma el
concepto de velocidad como límite o aproximación hasta
el infinito y se adentra en la complejidad del término integral
que asume como "massa" de velocidades a "agregatum"
de estas. Ya en el análisis del movimiento acelerado y en
la trayectoria parabólica de los proyectiles se halla más
cerca de las teorías que se iban asentando con firmeza entre
sus coetáneos, y, basándose en métodos gráficos,
retoma con mayor proximidad la metodología de Arquímides.
Conociendo el método de los indivisibles de Cavalieri (que
en 1621 reconociera como teoría con necesidad de precisión
rigurosa en sentido de la matemática helénica), se
involucra pausadamente en los nuevos métodos, que le conducen
en la última jornada de discusión de sus interlocutores
a afrontar una novedosa concepción del infinito.
Galileo: Bibliografía
Básica
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histórico sobre "La nueva ciencia del movimiento",
Seminario de Historia de la Ciencia, Universidad Autónoma
de Barcelona, 1984.
• Y. Cheraqui, Yo Galileo, Ed. Anaya S. A., Madrid, 1990.
• Galileo Galilei, Consideraciones y demostraciones matemáticas
sobre dos nuevas ciencias, Edición de C. Solís y J.
Sabada, Editorial Nacional, Madrid, 1976.
• J. P. Maury, Galileo, el mensajero de las estrellas, Aguilar
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• J. Montesinos y C. Solís editores, Largo campo di
filosofare, Proceedings Eurosymposium Galileo 2001, Fundación
canaria de Historia de la Ciencia, La Orotava, 2002.
• V. Navarro, Galileo, Textos Cardinales, Ediciones Península,
Barcelona, 1991
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• A. Rupert Hall, From Galileo to Newton, Dover Publ. Inc.,
New York, 1981.
• Seminario Orotava de Historia de las Ciencias, Galileo y
la gestación de la Ciencia Moderna, Actas del año
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