| Fermat
contesta a Mersenne de una manera bastante ingenua
(no conocía a Descartes ni sabía
nada del Discurso del Método ni del mal
carácter del filósofo) señalando
errores en la deducción de la ley de
la reflexión y de la refracción
y calificando la obra en general como un simple
intento de hallar la verdad “a tientas
entre las tinieblas”. Se ofrece incluso
para echar una mano en la clarificación
de algunos problemas.
Mersenne, consciente de la delicada situación,
guardó la carta de Fermat durante unos
meses hasta que, ante la insistencia de Descartes
para que le comunicase cualquier crítica
a la Dióptrica, se la mandó. La
reacción de Descartes a la crítica
de Fermat fue, al principio paternalista. Fermat
no había entendido sus métodos.
Mientras tanto, Fermat había obtenido
una copia de la Geometria y se apresuró
a mandar a Mersenne sus trabajos sobre el tema,
para demostrar al menos la independencia de
sus descubrimientos. Mersenne, mostrando nuevamente
poco tacto, le envía esos trabajos a
Descartes quien enfurece y emprende un ataque
sin cuartel contra el “aficionado de Toulouse.”
La controversia se extiende al método
de trazado de tangentes y el método para
hallar máximos y mínimos. Después
de un sinfín de cartas (aderezadas con
el poco tacto de Mersenne) Descartes termina
por retar a Fermat a usar su método para
trazar las tangentes a una curva de su invención,
el folio, con una ecuación implícita
de tercer grado, x 3 +y 3
=pxy. La respuesta de Fermat con el cálculo
de las tangentes al folio obliga a Descartes
a admitir que el método de Fermat es
superior al suyo y, a regañadientes,
le reconoce una cierta talla intelectual aunque
le sigue atacando en privado. La irritación
que Fermat producía en Descartes queda
muy bien reflejada en una frase de este último:
“Fermat es gascón. Yo no.”
Durante los últimos años de la
década de los 30 y los primeros de la
década de los 40, Fermat sigue trabajando
en su método de máximos y mínimos
aplicándolo a varios problemas diferentes
y también intenta generalizar, sin mucho
éxito, su geometría analítica
a tres dimensiones. Su Isagoge ad locos ad superficiem
de 1643 recoge sus ideas al respecto. Del mismo
año, 1643, data su famosa carta a Brûlart,
donde
Fermat resumiría de manera bastante clara
su método para determinar máximos
y mínimos y su cálculo de tangentes.
La década 1645-1655 fue una década
dura para Francia, sacudida por la guerra civil
y por una epidemia de plaga que en 1651 estuvo
a punto de costar la vida a Fermat. De hecho
Fermat fue dado por muerto por algunos de sus
colegas. En ese período, Fermat produce
poco y mantiene poca correspondencia. No es
hasta 1655 que Fermat recupera el ritmo de trabajo.
De finales de los años 50 datan algunos
de los trabajos más importantes de Fermat,
en parte recopilaciones de trabajos anteriores,
en parte nuevas ideas. De esa época son
su Tratado de cuadraturas y su Tratado sobre
rectificación de curvas y su famosa demostración
de la ley de refracción basada en su
principio del tiempo mínimo, expresado
como una ley natural: “la naturaleza siempre
actúa por el camino más corto”.
Pero el tema que ha de dar a Fermat fama universal
es la teoría de números. Su interés
por los números enteros y sus maravillosas
propiedades había empezado en la década
de los 1630 cuando Fermat leyó la traducción
de Bachet de la Aritmética de Diofanto.
En el estrecho margen justo al lado del problema
8 del libro II: “Dado un número
que sea un cuadrado, descomponerlo como suma
de otros dos números cuadrados”,
Fermat escribió su famosa conjetura:
la ecuación x n +y n
=z n no tiene soluciones enteras
positivas para n>2. En sus propias palabras:
... [E]s imposible que un cubo se pueda expresar
como una suma de dos cubos o que una potencia
cuarta se escriba como una suma de potencias
cuartas o, en general, que un número
que sea una potencia de grado mayor que dos
se pueda descomponer como suma de dos potencias
del mismo grado. He encontrado una demostración
verdaderamente maravillosa de este resultado
pero este margen es demasiado estrecho para
contenerla.
La creencia actual es que Fermat había
demostrado el teorema para n=4 (y quizás
también para n=3) y creía que
podía generalizar su demostración
para cualquier valor de n. La demostración
del caso n=4 utilizaba otro gran descubrimiento
de Fermat, el método de descenso infinito.
Esencialmente el método consiste en demostrar
la imposibilidad de una proposición que
depende de un entero positivo n, probando que
si hubiese algún valor estrictamente
positivo que hiciese verdadera la proposición,
existiría otro valor también estrictamente
positivo que la haría verdadera pero
estrictamente inferior al anterior.
El Gran Teorema de Fermat para el caso n=3 fue
demostrado 100 años más tarde
por Euler, también con la ayuda del método
del descenso infinito. El siglo XIX vio la demostración
de algunos casos particulares más a cargo
de grandes matemáticos como Lejeune-Dirichlet,
Legendre, Lamé y Sophie Germain. No sabremos
nunca si Fermat realmente disponía de
una demostración maravillosa para cualquier
valor de n. Pero en cualquier caso, el reto
de demostrar el Gran Teorema de Fermat había
empezado con aquella nota garabateada en el
margen de un libro. La aventura terminaría
350 años más tarde cuando, en
1994, Andrew Wiles publicó la demostración
del Gran Teorema de Fermat. Por el camino habían
pasado una legión de matemáticos
de todas las categorías y especialidades
(sería difícil hallar un matemático
que en algún momento de su vida no haya
dado alguna vuelta al teorema). Los intentos
de demostración aportarían también
grandes contribuciones a las matemáticas
(la teoría de ideales de Kummer por citar
sólo un ejemplo). Antes de la demostración
de Wiles, Gerd Faltings había conseguido
(en 1983) un resultado que acotaba totalmente
las soluciones de la ecuación de Fermat.
Faltings demostró que para cada valor
de n, la ecuación x n +y
n =z n tiene, a lo sumo, un
número finito de soluciones enteras (de
hecho Faltings demostró lo que se conocía
como la Conjetura de Mordell sobre curvas algebraicas
que implicaba el Gran Teorema de Fermat). La
demostración de Wiles, sin embargo, no
sigue el camino que había iniciado Faltings
sino que da una enorme vuelta. Se basa en la
conjetura Taniyama-Shimura (de hecho Wiles se
limita a demostrar esta conjetura) que relaciona
de manera espectacular dos campos de las matemáticas
completamente alejados el uno del otro: la teoría
de formas modulares y las curvas elípticas.
Para conocer más a fondo la apasionante
historia del Gran Teorema, los libros de RIBENBOIM
[7] y SINGH [8] y constituyen una lectura amena
al alcance de todos. Para una historia mucho
más técnica, se pueden consultar
el artículo de COX [17] o el libro de
EDWARDS [4].
El enorme interés de Fermat por los números
enteros era una novedad en la Europa del siglo
XVII. Nadie tenía demasiado interés
en perder el tiempo explorando propiedades de
números enteros que no tenían
ninguna aplicación directa. Sólo
un par de problemas clásicos atraían
la atención de los matemáticos
de la época: el estudio de números
perfectos (aquellos que son iguales a la suma
de sus divisores, exceptuando ellos mismos)
y la caracterización de las ternas pitagóricas
(tripletes de números enteros (x,y,z)
que satisfacen el teorema de Pitágoras
x 2 +y 2 = z 2 ).
Como consecuencia del interés de Fermat
en el primero de esos problemas, Fermat descubrió
el que se conoce hoy en día como el Pequeño
Teorema de Fermat, una verdadera joya en teoría
de números. En términos modernos
dice que si p es un número primo y a
es primo con p, entonces
a p
a (mod p).
No deja de ser paradójico que Fermat
sea recordado por su Gran Teorema, en gran parte
estéril porque ningún resultado
importante se deduce de él, y no por
su Pequeño Teorema que es crucial en
álgebra y en la teoría de números
moderna y sus aplicaciones, como es por ejemplo,
la moderna criptografía, base de la seguridad
de las transmisiones en Internet.
El segundo problema, la caracterización
de las ternas pitagóricas, conduce a
Fermat a su interés por las descomposiciones
de potencias y problemas como la descomposición
de los primos de la forma 4n+1 como suma de
dos cuadrados (de manera única), la descomposición
de un entero positivo como suma de cuatro cuadrados
y la resolución de diferentes ecuaciones
diofánticas de segundo grado. La más
famosa es la ecuación diofántica
conocida como ecuación de Pell o ecuación
de Pell-Fermat. Se trata de la ecuación
x 2 -N y 2 = 1, donde
N no es un cuadrado perfecto. Excluyendo la
solución trivial (1,0), Fermat conjeturó
la existencia de infinitas soluciones enteras
positivas para cualquier valor de N (no cuadrado
perfecto) y retó a los matemáticos
europeos a demostrarlo. El problema fue parcialmente
solucionado por Wallis y Brouncker mediante
el desarrollo en fracción continua de
N.
Sería completamente solucionado por Lagrange
en 1771. El libro de Barbeau [3] es una excelente
referencia para este tema.
Fermat es famoso también por los números
primos que llevan su nombre, los de la forma
22 ^ n +1. Los primeros números
de esta forma: 3, 5, 17, 257, 655537, son primos.
El siguiente es ya un número respetable,
4 294 967 297 y no es fácil, usando sólo
lápiz y papel, averiguar si es primo
o no. De hecho, Fermat no tuvo suficiente paciencia
para comprobarlo. Si la hubiera tenido hubiese
obtenido (como más tarde hizo Euler)
que 4294967297= 641 • 6700417. Sin embargo
tuvo la osadía de conjeturar que todos
los números de la forma 22 ^n
+1 eran primos. Esta conjetura le tuvo en jaque
toda su vida, ya que en varias ocasiones se
lamentó de no haber podido obtener su
demostración. Vale la pena comentar que
no se han hallado otros primos de Fermat además
de los cinco primeros y aún no se ha
demostrado que existan más.
Los últimos años de Fermat aún
ven la luz de otra contribución importante:
el cálculo de probabilidades. El joven
Blaise Pascal, hijo de Étienne con quien
Fermat había correspondido a través
de Mersenne, le propone a Fermat un problema
sobre la repartición justa de las apuestas
si una serie de partidas se interrumpen antes
de llegar al final acordado. Concretamente,
¿cómo hay que repartir una apuesta
de 64 monedas para el primero de dos jugadores
que gane 3 partidas si el juego se interrumpe
antes de que nadie haya ganado? (Se supone que
ambos jugadores tienen, en cada partida, las
mismas oportunidades de ganar). Pascal y Fermat
intercambian una serie de cartas sobre el tema
que puede considerarse como el inicio del moderno
cálculo de probabilidades. Los dos llegan
al mismo resultado por caminos diferentes: Pascal
intuye el resultado mediante una recurrencia,
pero se ve obligado a utilizar el cálculo
combinatorio y el uso de su Triángulo
Aritmético (Triángulo de Pascal)
para demostrarlo mientras que Fermat usa directamente
el cálculo combinatorio.
Hacia 1660, la salud de Fermat empieza a flaquear.
Por motivos de salud, tiene que posponer un
encuentro con Blaise Pascal quien también
se encuentra enfermo (de hecho muere dos años
más tarde). Su actividad matemática
decae casi completamente y en enero de 1665
muere en la ciudad de Castres donde pocos días
antes ha asistido a la sesión del tribunal
del Edicto.
Eric T. Bell, en sus famosas biografías
de matemáticos [Men of Mathematics, Simon
and Schuster, Nueva York,1965 (1ª edición
de 1937)] calificó a Fermat como el “Príncipe
de los amateurs”. Y aunque es cierto que
las matemáticas para Fermat fueron solamente
un “hobby”, también es cierto
que sus contribuciones fueron de primera categoría
y dignas del mejor profesional. Su reticencia
a publicar y a explicarse mejor hicieron que
muchas de sus contribuciones fueran poco comprendidas
y que algunas pasasen incluso desapercibidas
pero hay que reconocer que, al menos en el campo
de la teoría de números, creó
problemas nuevos y creó instrumentos
nuevos para abordarlos. Este fue su principal
legado para la posteridad.. |