 |
|
17
de agosto de 1601, Beaumont-de-Lomagne (Tarn et Garonne).
12 de enero de 1665, Castres (Tarn).
Fermat nació el mismo año que el siglo XVII y aunque
sus contribuciones matemáticas nunca fueron publicadas en
vida, fueron de tal calidad que la relativamente modesta difusión
que tuvieron entre la comunidad científica europea fue suficiente
como para que su siglo le recuerde como uno de sus mejores hijos.
Y eso que el diecisiete fue un siglo pródigo en matemáticos/científicos
de primera fila: Descartes, Leibniz, Newton, Jacobo y Juan Bernoulli,
Huygens, Galileo, Torricelli, Cavalieri, Wallis, etc. La lista se
haría interminable. Y, como es lógico, tanta materia
gris no podía dejar de producir matemáticas de primera
calidad. Tanta, que la producción del diecisiete marcaría
un antes y un después. En el diecisiete la matemática
se empezó a consolidar como una ciencia independiente, más
o menos en las líneas que hoy la conocemos. Fermat contribuyó
decisivamente a ello.
Además del álgebra, la geometría analítica
y el cálculo, otras ramas de la matemática empezaron
a cultivarse en ese siglo: por ejemplo, la teoría de números
(en el sentido moderno) y el cálculo de probabilidades. En
esas dos ramas, Fermat tuvo algo que decir. En teoría de
números, mucho. Hay quien le considera el padre de la teoría
de números moderna. En ese terreno, su famoso Gran Teorema
(o Último Teorema como los anglosajones le llaman) le ha
dado la fama universal de la cual era mucho más merecedor
por sus contribuciones al álgebra, a la geometría
y al cálculo.
Fermat nació cerca de Toulouse, en un pueblo llamado Beaumont-de-Lomagne
(entonces parte de la Gascoña y hoy en el departamento de
Tarn et Garonne). Vivió en Toulouse y murió también
muy cerca, en Castres (Tarn). Durante toda su vida casi no se movió
de la región. Su familia tenía una buena posición
económica y social. Su padre era un rico comerciante y su
madre pertenecía a una familia de la nobleza local. Tuvo
un hermano y dos hermanas. Fermat, probablemente, se crió
en su pueblo natal y fue educado en un cercano monasterio franciscano
hasta que ingresó en la Universidad de Toulouse. Sin que
se sepa la razón, interrumpió sus estudios en Toulouse
y, durante unos años, vivió en Burdeos, donde contactó
con algunos matemáticos que conocían bien la herencia
de Vieta: Beaugrand, d’Espagnet… Ahí se formó
en el álgebra y el simbolismo de Vieta que tan útiles
le serían más adelante. De esos años data su
primera producción matemática: la restitución
del libro perdido de las Cónicas de Apolonio: Plane Loci
y los primeros trabajos sobre máximos y mínimos.
Después de la etapa en Burdeos reingresó en la universidad,
esta vez en Orléans, donde obtuvo su título en Leyes
hacia 1631, año en que se instala en Toulouse en calidad
de consejero del Parlamento de Toulouse. Ese mismo año se
casa con una prima lejana, Louise de Long, que pertenece a la familia
de alcurnia de su madre ligada a la noblesse de robe. Fermat añade
el “de” a su apellido. El matrimonio Fermat tuvo cinco
hijos, dos varones y tres hembras. El hijo mayor, Clément-Samuel
heredaría el interés de su progenitor por las matemáticas,
aunque no su genialidad. A Clément-Samuel le debemos la edición
y publicación de las obras completas de su padre en 1679.
La vida de Fermat transcurre de una manera muy tranquila en Toulouse;
profesionalmente va obteniendo promociones de manera que ingresa
en la cámara alta del parlamento de Toulouse en 1638 y accede
a la corte suprema en 1652. En esa época va regularmente
a Castres a ejercer de magistrado. Castres, en el siglo XVII albergó
uno de los tribunales establecidos por el Edicto de Nantes para
dar un tratamiento justo a los hugonotes en sus litigios. Estos
tribunales tenían un determinado número de magistrados
católicos y protestantes. Fermat ocupó en diversas
ocasiones una plaza del cupo católico. De hecho murió
en Castres pocos días después de terminar de juzgar
un caso.
En Toulouse reanudó sus contactos con personajes ligados
a la matemática. Uno de los más relevantes para el
futuro de Fermat fue Monsieur de Carcavi, colega suyo en el parlamento
pero también matemático aficionado. Carcavi se trasladó
a Paris en 1636 donde contactó con el Padre Mersenne, el
personaje que, mediante su abundante correspondencia haría
las veces de centro difusor de la ciencia en la Francia del XVII.
Mersenne se interesó inmediatamente en los trabajos de Fermat
gracias a la descripción que le hizo Carcavi de estos y empezó
a cartearse con él. Inicialmente el interés de Mersenne
se centró en algunos comentarios de Fermat sobre la caída
libre de graves, tema en el que Fermat objetaba a la descripción
de Galileo. Rápidamente Fermat informó a Mersenne
sobre su trabajo sobre espirales (motivado por sus estudios sobre
caída libre) y sobre su restitución del libro perdido
de Apolonio. También en esa época Fermat anuncia a
Mersenne que está en posesión de “diversos análisis
para diversos problemas tanto numéricos como geométricos
para cuya solución el análisis de Vieta es insuficiente.”
De hecho, a principios de 1636 Fermat había concluido su
Ad locos planos et solidos isagoge [Introducción a los lugares
planos y sólidos], donde mediante el lenguaje algebraico
de Vieta estudia las curvas que se pueden expresar mediante ecuaciones
de primero y segundo grado y establece que son precisamente la recta
y las cónicas. También establece que, en general,
una curva tiene una ecuación y que una ecuación algebraica
representa siempre una curva. Por esa razón se atribuye a
Fermat una cierta prioridad sobre la creación de la Geometría
Analítica frente a Descartes que publicó su Geometria
en 1637. En el mismo cruce de cartas con Mersenne, Fermat no puede
resistir la tentación de incluir un par de problemas sobre
máximos y mínimos para que Mersenne los divulgue a
modo de desafío entre la comunidad matemática. Fermat
dispone de su Methodus ad disquirendam maximam et minimam et de
tangentibus linearum curvarum [Método para determinar máximos
y mínimos y trazar tangentes a líneas curvas], que
le permite resolver este tipos de problemas de manera muy general.
Su enfoque se basa en dos hechos:
1) en un máximo o mínimo la tangente
a la curva es paralela al eje de abscisas (en lenguaje actual) y
en consecuencia el valor de la función en ese punto ha de
ser único (con relación a sus vecinos);
2) los valores cercanos al extremo han de ser alcanzados
como mínimo dos veces por la función, un poco antes
del extremo y un poco después.
Comparando pues el valor de la función en el extremo, f(a),
con un valor muy cercano, f(a+e), donde e es una cantidad muy pequeña,
esos valores han de ser prácticamente iguales, se pueden
adigualar, en lenguaje de Fermat. De ese proceso de adigualación
se obtiene una ecuación que, una vez eliminado el valor e
por ser despreciable, permite calcular a. De hecho Fermat llega
a la ecuación que hoy en día escribimos como f’(x)=0.
Por eso se le considera también precursor del cálculo
diferencial aunque su proceso de adigualación está
lejos de las ideas de límite que más tarde entraran
en escena. Obviamente Fermat solo trata este tipo de problemas en
funciones algebraicas.
Los problemas de máximos y mínimos que Fermat ha planteado
a Mersenne son de tal dificultad que Mersenne pide a Fermat la divulgación
de sus métodos. De esta manera los escritos de Fermat sobre
el tema, antes mencionados, empiezan a circular estableciendo al
mismo tiempo su reputación como matemático de primera
fila. Roberval, Mersenne y otros matemáticos de la época
le instan a que publique sus resultados, a lo cual Fermat se niega.
De hecho, en vida sólo publicó un trabajo y hubo que
esperar a 1679 a que su hijo mayor publicase su obra. No está
clara la razón de la negativa de Fermat a publicar. Por un
lado Fermat se consideraba sólo un aficionado dado que no
se dedicaba por entero a la matemática. Y por otro lado,
Fermat era consciente de que para publicar sus resultados, debería
ser mucho más claro y didáctico en sus explicaciones,
lo que le acarrearía mucho trabajo adicional y consumiría
una parte importante del tiempo que podía dedicar a la investigación.
Aunque su fama crece en Europa, no todo es de color de rosa. A principios
de 1637, su amigo Beaugrand le manda una copia del manuscrito (aún
no publicado) de la Dióptrica de Descartes. Fermat, enfrascado
en una intensa correspondencia con Roberval y Étienne Pascal
sobre métodos de cuadratura y su aplicación a la determinación
de centros de gravedad, le presta poca atención hasta que
Mersenne, preocupado por la indiscreción de Beaugrand (quien
había obtenido la copia de manera poco ortodoxa), le pide
que no divulgue a nadie más que a él mismo sus comentarios
sobre el trabajo de Descartes.
Fermat contesta a Mersenne de una manera bastante ingenua (no conocía
a Descartes ni sabía nada del Discurso del Método
ni del mal carácter del filósofo) señalando
errores en la deducción de la ley de la reflexión
y de la refracción y calificando la obra en general como
un simple intento de hallar la verdad “a tientas entre las
tinieblas”. Se ofrece incluso para echar una mano en la clarificación
de algunos problemas.
Mersenne, consciente de la delicada situación, guardó
la carta de Fermat durante unos meses hasta que, ante la insistencia
de Descartes para que le comunicase cualquier crítica a la
Dióptrica, se la mandó. La reacción de Descartes
a la crítica de Fermat fue, al principio paternalista. Fermat
no había entendido sus métodos. Mientras tanto, Fermat
había obtenido una copia de la Geometria y se apresuró
a mandar a Mersenne sus trabajos sobre el tema, para demostrar al
menos la independencia de sus descubrimientos. Mersenne, mostrando
nuevamente poco tacto, le envía esos trabajos a Descartes
quien enfurece y emprende un ataque sin cuartel contra el “aficionado
de Toulouse.” La controversia se extiende al método
de trazado de tangentes y el método para hallar máximos
y mínimos. Después de un sinfín de cartas (aderezadas
con el poco tacto de Mersenne) Descartes termina por retar a Fermat
a usar su método para trazar las tangentes a una curva de
su invención, el folio, con una ecuación implícita
de tercer grado, x 3 +y 3 =pxy. La respuesta
de Fermat con el cálculo de las tangentes al folio obliga
a Descartes a admitir que el método de Fermat es superior
al suyo y, a regañadientes, le reconoce una cierta talla
intelectual aunque le sigue atacando en privado. La irritación
que Fermat producía en Descartes queda muy bien reflejada
en una frase de este último: “Fermat es gascón.
Yo no.”
Durante los últimos años de la década de los
30 y los primeros de la década de los 40, Fermat sigue trabajando
en su método de máximos y mínimos aplicándolo
a varios problemas diferentes y también intenta generalizar,
sin mucho éxito, su geometría analítica a tres
dimensiones. Su Isagoge ad locos ad superficiem de 1643 recoge sus
ideas al respecto. Del mismo año, 1643, data su famosa carta
a Brûlart, donde
Fermat resumiría de manera bastante clara su método
para determinar máximos y mínimos y su cálculo
de tangentes.
La década 1645-1655 fue una década dura para Francia,
sacudida por la guerra civil y por una epidemia de plaga que en
1651 estuvo a punto de costar la vida a Fermat. De hecho Fermat
fue dado por muerto por algunos de sus colegas. En ese período,
Fermat produce poco y mantiene poca correspondencia. No es hasta
1655 que Fermat recupera el ritmo de trabajo. De finales de los
años 50 datan algunos de los trabajos más importantes
de Fermat, en parte recopilaciones de trabajos anteriores, en parte
nuevas ideas. De esa época son su Tratado de cuadraturas
y su Tratado sobre rectificación de curvas y su famosa demostración
de la ley de refracción basada en su principio del tiempo
mínimo, expresado como una ley natural: “la naturaleza
siempre actúa por el camino más corto”.
Pero el tema que ha de dar a Fermat fama universal es la teoría
de números. Su interés por los números enteros
y sus maravillosas propiedades había empezado en la década
de los 1630 cuando Fermat leyó la traducción de Bachet
de la Aritmética de Diofanto. En el estrecho margen justo
al lado del problema 8 del libro II: “Dado un número
que sea un cuadrado, descomponerlo como suma de otros dos números
cuadrados”, Fermat escribió su famosa conjetura: la
ecuación x n +y n =z n no
tiene soluciones enteras positivas para n>2. En sus propias palabras:
... [E]s imposible que un cubo se pueda expresar como una suma de
dos cubos o que una potencia cuarta se escriba como una suma de
potencias cuartas o, en general, que un número que sea una
potencia de grado mayor que dos se pueda descomponer como suma de
dos potencias del mismo grado. He encontrado una demostración
verdaderamente maravillosa de este resultado pero este margen es
demasiado estrecho para contenerla.
La creencia actual es que Fermat había demostrado el teorema
para n=4 (y quizás también para n=3) y creía
que podía generalizar su demostración para cualquier
valor de n. La demostración del caso n=4 utilizaba otro gran
descubrimiento de Fermat, el método de descenso infinito.
Esencialmente el método consiste en demostrar la imposibilidad
de una proposición que depende de un entero positivo n, probando
que si hubiese algún valor estrictamente positivo que hiciese
verdadera la proposición, existiría otro valor también
estrictamente positivo que la haría verdadera pero estrictamente
inferior al anterior.
El Gran Teorema de Fermat para el caso n=3 fue demostrado 100 años
más tarde por Euler, también con la ayuda del método
del descenso infinito. El siglo XIX vio la demostración de
algunos casos particulares más a cargo de grandes matemáticos
como Lejeune-Dirichlet, Legendre, Lamé y Sophie Germain.
No sabremos nunca si Fermat realmente disponía de una demostración
maravillosa para cualquier valor de n. Pero en cualquier caso, el
reto de demostrar el Gran Teorema de Fermat había empezado
con aquella nota garabateada en el margen de un libro. La aventura
terminaría 350 años más tarde cuando, en 1994,
Andrew Wiles publicó la demostración del Gran Teorema
de Fermat. Por el camino habían pasado una legión
de matemáticos de todas las categorías y especialidades
(sería difícil hallar un matemático que en
algún momento de su vida no haya dado alguna vuelta al teorema).
Los intentos de demostración aportarían también
grandes contribuciones a las matemáticas (la teoría
de ideales de Kummer por citar sólo un ejemplo). Antes de
la demostración de Wiles, Gerd Faltings había conseguido
(en 1983) un resultado que acotaba totalmente las soluciones de
la ecuación de Fermat. Faltings demostró que para
cada valor de n, la ecuación x n +y n =z
n tiene, a lo sumo, un número finito de soluciones
enteras (de hecho Faltings demostró lo que se conocía
como la Conjetura de Mordell sobre curvas algebraicas que implicaba
el Gran Teorema de Fermat). La demostración de Wiles, sin
embargo, no sigue el camino que había iniciado Faltings sino
que da una enorme vuelta. Se basa en la conjetura Taniyama-Shimura
(de hecho Wiles se limita a demostrar esta conjetura) que relaciona
de manera espectacular dos campos de las matemáticas completamente
alejados el uno del otro: la teoría de formas modulares y
las curvas elípticas. Para conocer más a fondo la
apasionante historia del Gran Teorema, los libros de RIBENBOIM [7]
y SINGH [8] y constituyen una lectura amena al alcance de todos.
Para una historia mucho más técnica, se pueden consultar
el artículo de COX [17] o el libro de EDWARDS [4].
El enorme interés de Fermat por los números enteros
era una novedad en la Europa del siglo XVII. Nadie tenía
demasiado interés en perder el tiempo explorando propiedades
de números enteros que no tenían ninguna aplicación
directa. Sólo un par de problemas clásicos atraían
la atención de los matemáticos de la época:
el estudio de números perfectos (aquellos que son iguales
a la suma de sus divisores, exceptuando ellos mismos) y la caracterización
de las ternas pitagóricas (tripletes de números enteros
(x,y,z) que satisfacen el teorema de Pitágoras x 2 +y
2 = z 2 ). Como consecuencia del interés
de Fermat en el primero de esos problemas, Fermat descubrió
el que se conoce hoy en día como el Pequeño Teorema
de Fermat, una verdadera joya en teoría de números.
En términos modernos dice que si p es un número primo
y a es primo con p, entonces
a p
a (mod p).
No deja de ser paradójico que Fermat sea recordado por su
Gran Teorema, en gran parte estéril porque ningún
resultado importante se deduce de él, y no por su Pequeño
Teorema que es crucial en álgebra y en la teoría de
números moderna y sus aplicaciones, como es por ejemplo,
la moderna criptografía, base de la seguridad de las transmisiones
en Internet.
El segundo problema, la caracterización de las ternas pitagóricas,
conduce a Fermat a su interés por las descomposiciones de
potencias y problemas como la descomposición de los primos
de la forma 4n+1 como suma de dos cuadrados (de manera única),
la descomposición de un entero positivo como suma de cuatro
cuadrados y la resolución de diferentes ecuaciones diofánticas
de segundo grado. La más famosa es la ecuación diofántica
conocida como ecuación de Pell o ecuación de Pell-Fermat.
Se trata de la ecuación x 2 -N y 2 =
1, donde N no es un cuadrado perfecto. Excluyendo la solución
trivial (1,0), Fermat conjeturó la existencia de infinitas
soluciones enteras positivas para cualquier valor de N (no cuadrado
perfecto) y retó a los matemáticos europeos a demostrarlo.
El problema fue parcialmente solucionado por Wallis y Brouncker
mediante el desarrollo en fracción continua de N.
Sería completamente solucionado por Lagrange en 1771. El
libro de Barbeau [3] es una excelente referencia para este tema.
Fermat es famoso también por los números primos que
llevan su nombre, los de la forma 22 ^ n +1. Los primeros
números de esta forma: 3, 5, 17, 257, 655537, son primos.
El siguiente es ya un número respetable, 4 294 967 297 y
no es fácil, usando sólo lápiz y papel, averiguar
si es primo o no. De hecho, Fermat no tuvo suficiente paciencia
para comprobarlo. Si la hubiera tenido hubiese obtenido (como más
tarde hizo Euler) que 4294967297= 641 • 6700417. Sin embargo
tuvo la osadía de conjeturar que todos los números
de la forma 22 ^n +1 eran primos. Esta conjetura le tuvo
en jaque toda su vida, ya que en varias ocasiones se lamentó
de no haber podido obtener su demostración. Vale la pena
comentar que no se han hallado otros primos de Fermat además
de los cinco primeros y aún no se ha demostrado que existan
más.
Los últimos años de Fermat aún ven la luz de
otra contribución importante: el cálculo de probabilidades.
El joven Blaise Pascal, hijo de Étienne con quien Fermat
había correspondido a través de Mersenne, le propone
a Fermat un problema sobre la repartición justa de las apuestas
si una serie de partidas se interrumpen antes de llegar al final
acordado. Concretamente, ¿cómo hay que repartir una
apuesta de 64 monedas para el primero de dos jugadores que gane
3 partidas si el juego se interrumpe antes de que nadie haya ganado?
(Se supone que ambos jugadores tienen, en cada partida, las mismas
oportunidades de ganar). Pascal y Fermat intercambian una serie
de cartas sobre el tema que puede considerarse como el inicio del
moderno cálculo de probabilidades. Los dos llegan al mismo
resultado por caminos diferentes: Pascal intuye el resultado mediante
una recurrencia, pero se ve obligado a utilizar el cálculo
combinatorio y el uso de su Triángulo Aritmético (Triángulo
de Pascal) para demostrarlo mientras que Fermat usa directamente
el cálculo combinatorio.
Hacia 1660, la salud de Fermat empieza a flaquear. Por motivos de
salud, tiene que posponer un encuentro con Blaise Pascal quien también
se encuentra enfermo (de hecho muere dos años más
tarde). Su actividad matemática decae casi completamente
y en enero de 1665 muere en la ciudad de Castres donde pocos días
antes ha asistido a la sesión del tribunal del Edicto.
Eric T. Bell, en sus famosas biografías de matemáticos
[Men of Mathematics, Simon and Schuster, Nueva York,1965 (1ª
edición de 1937)] calificó a Fermat como el “Príncipe
de los amateurs”. Y aunque es cierto que las matemáticas
para Fermat fueron solamente un “hobby”, también
es cierto que sus contribuciones fueron de primera categoría
y dignas del mejor profesional. Su reticencia a publicar y a explicarse
mejor hicieron que muchas de sus contribuciones fueran poco comprendidas
y que algunas pasasen incluso desapercibidas pero hay que reconocer
que, al menos en el campo de la teoría de números,
creó problemas nuevos y creó instrumentos nuevos para
abordarlos. Este fue su principal legado para la posteridad.
Fermat: Bibliografía:
Biografías
[1] MAHONEY, M. S., The Mathematical Career of Pierre de Fermat,
1601-1665. Princeton University Press, Princeton, 2ª ed., 1994.
(1ª ed., 1973).
[2] TORRECILLAS JOVER, B., Fermat. El mago de los números,
Núm. 2 Col. La matemática y sus personajes, Nivola
libros y ediciones S.L., Madrid 1999.
Libros
[3] BARBEAU, EDWARD J., Pell's equation, Springer-Verlag, Nueva
York, 2003.
[4] EDWARDS, H. M., Fermat’s Last Theorem. A Genetic Introduction
to Algeraic Number Theory. [Reimpresión corregida del original
de 1977], Springer-Verlag, Nueva York, 1996.
[5] FERMAT, P. de, Oeuvres de Pierre Fermat, 4 vols. más
suplemento,
Tannery, P., Henry, C., editores. Gauthier--Villars, París,
1894-1912.
[6] ITARD, JEAN, Pierre Fermat, Suplementos de la revista Elemente
der Mathematik, 10, Birkhäuser Verlag, Basel,1979.
[7] RIBENBOIM, PAULO, Fermat's last theorem for amateurs, Springer-Verlag,
Nueva York, 1999
[8] SINGH, S., El enigma de Fermat, Planeta, Barcelona, 1997.
Artículos
[9] Adminet France. Beaumont de Lomagne
http://www.cdg82.fr/beaumont/
(seguir el enlace Pierre de Fermat).
[10] ALBIS GONZÁLEZ, VÍCTOR SAMUEL, “El señor
de Fermat y sus problemas. I”, Boletín de Matemáticas
7 (1973), 219-232.
[11] ALBIS GONZÁLEZ, VÍCTOR SAMUEL, “El señor
de Fermat y sus problemas. II”, Boletín de Matemáticas
8 (1974), 198-210.
[12] ALBIS GONZÁLEZ, VÍCTOR SAMUEL, “El señor
de Fermat y sus problemas. III”, Boletín de Matemáticas
10 (1976), 86-95.
[13] ANDERSEN, KIRSTI, “The mathematical technique in Fermat's
deduction of the law of refraction”, Historia Math. 10 (1983),
48-62.
[14] BEATO SIRVENT, JESÚS, “El último teorema
de Fermat. Diario de una conquista”, Epsilon. Revista de la
Sociedad Andaluza de Educación Matemática ``Thales',
15 (1999), 97-120.
[15] BOYER, Carl B., “Fermat and Descartes”, Scripta
Math. 18 (1952), 189-217 (1953).
[16] BREGER, HERBERT, “The mysteries of adaequare: a vindication
of Fermat”, Arch. Hist. Exact Sci. 46 (1994), 193-219.
[17] COX, DAVID A., “Introduction to Fermat's last theorem”,
Amer. Math. Monthly 101 (1994), 3-14.
[18] DUHAMEL, J. M. C., “Mémoire sur la méthode
de maxima et minima de Fermat et sur les méthodes des tangentes
de Fermat et Descartes”, Mémoires de l'Académie
des Sciences de l'Institut Impérial de France 32 (1864),
269-330.
[19] HOFMAN, J. E., “On a problem of Fermat in the theory
of numbers. (Determination of a Pythagorean triangle in which the
hypotenuse and the sum of the sides are perfect squares)”,
Rev. Mat. Hisp.-Amer. 29 (1969), 13-50.
[20] ITARD, J. “Les méthodes utilisées par Fermat
en théorie des nombres”, Rev. Hist. Sci. Appl. 3 (1950),
21-26.
[21] ITARD, J., “Fermat, précurseur du calcul différentiel”,
Arch. Internat. Hist. Sci. 27 (1948), 589-610.
[22] MORDELL, L. J., “Tres conferencias sobre el último
teorema de Fermat”, Lecturas Matemáticas 14 (1993),
1-35.
[23] PARADÍS, J., PLA, J., VIADER, P., “Fermat and
the quadrature of the folium of Descartes”, Amer. Math. Motnhly
??.
[24] RASHED, ROSHDI “Pierre Fermat et les débuts modernes
de l'analyse Diophantienne”, Historia Scientiarum. Second
Series. International Journal of the History of Science Society
of Japan 9 (1999), 3-16.
[25] RASHED, ROSHDI “Fermat and algebraic geometry”,
Historia Scientiarum. Second Series. International Journal of the
History of Science Society of Japan 11 (2001), 1-23
[26]TURNBULL
WWW Servidor, http://turnbull.mcs.stand.ac.uk/history/Mathematicians/Fermat.htm

|
|
 |