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Fue el matemático griego más
notable del s. IV a.n.e. No sólo fundó la astronomía
matemática, sino que contribuyó decisivamente a la
teoría de la proporción y al método de “convergencia”
(o, peor llamado, de “exhausción”).
Nació en Cnido -en la península hoy de Resadiye, Turquía-
en un medio familiar relacionado tal vez con la medicina: al menos,
fueron médicos quienes tutelaron sus primeros viajes. Pertenece
a la saga de los antiguos sabios viajeros, no siempre fiable a propósito
de viajes concretos, pero reveladora de la transmisión y
comunicación de conocimientos por el Mediterráneo
desde las costas orientales y Egipto hasta la Magna Grecia.
Según
esta tradición, Eudoxo estudió matemáticas
con Arquitas, en Tarento, y medicina con Filistio en Sicilia. Luego
visitó Atenas y pudo asistir a la recién creada Academia
de Platón.
Tras una breve estancia en Atenas, volvió a su ciudad natal,
y desde allí, provisto de una carta de presentación
ante el faraón Nectanebo I, partió hacia Egipto para
estudiar durante más de un año astronomía con
los sacerdotes de Heliópolis, al tiempo que iniciaba sus
propias observaciones astronómicas en un observatorio relativamente
cercano. Él mismo, al parecer, llegó a disponer más
tarde de un observatorio en Cnido desde el que pudo observar la
estrella Canopea. Tiene acreditados dos títulos,
Espejo y Fenómenos, quizá
referidos a dos versiones de una obra que, según Hiparco,
describía las constelaciones y procuraba fijar las bases
de un calendario astronómico, así como un tercero,
Sobre velocidades, que da nombre a un tratado astronómico-geométrico.
También se le atribuye, sin mucho fundamento, otro libro
calendárico sobre el ciclo de 8 años, Octaeteride,
e incluso la invención de un astrolabio. Lo cierto es que
el Arte de Eudoxo, un tratado en papiro de confección
muy posterior, recoge informaciones de este género que pueden
proceder en buena parte de algunos escritos suyos hoy perdidos.
Cumplido su periodo de iniciación y formación en la
investigación astronómica en Egipto, Eudoxo se trasladó
a Cícico, en la costa sur del mar de Mármara, donde
fundó una escuela de renombre. Con este aval y acompañado
de algunos discípulos, volvió a Atenas hacia 368;
allí entró en una relación más directa,
si bien -cabe temer- un tanto problemática, con Platón
y su Academia. Pasado algún tiempo, Eudoxo retornó
a Cnido envuelto en una aureola de respeto y popularidad que le
valió desempeñar un papel de primer orden como legislador
y aun redactar, según parece, la constitución de su
polis natal. Pero esta calidad de “hijo predilecto”
y de mentor político no le apartó de sus intereses
científicos, ni de su trabajo en cuestiones cosmológicas,
astronómicas y geográficas. Los repertorios aún
registran a su nombre otra obra de geografía matemática
y descriptiva en varios volúmenes, Contorno de la tierra,
que incluía noticias sobre minerales, plantas y animales.
Dentro de su oscura e incierta biografía, el punto que parece
haber cobrado más brillo para la posteridad es el de sus
relaciones con Platón durante su segunda estancia en Atenas.
Serán, según quién las cuente varios siglos
después, relaciones de muy diverso signo, discordes o concordes.
En el primer caso, se habla de una recepción hostil por parte
de Platón: celoso -insinúa Diógenes Laercio-
de la popularidad de un visitante maduro al que, de joven, había
despedido de la naciente Academia; o receloso -asegura Plutarco-
de las ideas matemáticas de alguien que, siguiendo los malos
pasos de Arquitas, no había dudado en contaminar la geometría
con nociones mecánicas y curvas sospechosas -la “kampyla
de Eudoxo” 1 - a la hora de afrontar el problema
de la duplicación del cubo. Según otros, puede que
Eudoxo no mostrara el debido respeto hacia los métodos -el
analítico o el dianoético-, recomendados por Platón
en matemáticas, ni hacia su competencia específica
en este campo. O en fin, según un intérprete actual
[4], puede que se entablara entre Eudoxo y Platón un pleito
filosófico en torno a la índole y al conocimiento
de los objetos matemáticos, en el que ulteriormente terciaría
Aristóteles.
Frente a la trascendencia de las entidades ideales matemáticas
prevista por Platón, Eudoxo postularía una condición
sustantiva similar para las ideas matemáticas, sólo
que inmanente en los objetos reales y sensibles. Aristóteles,
a su vez, vendría a denunciar tanto el idealismo de Platón,
como el sustancialismo de Eudoxo (cf. Metafísica, 991a
17-19, 1079b 21-23): si el primero es erróneo, el segundo
resulta incongruente pues, dado que sustancia equivale a sustrato
y autosubsistencia, no hay sustancia alguna que pueda darse
o subsistir en otra sustancia, luego no cabe conceder una naturaleza
sustantiva a las ideas matemáticas y atribuirles al mismo
tiempo una existencia material o inmanente en los cuerpos u objetos
sensibles. La solución aristotélica consiste en considerar
las nociones, objetos y propiedades matemáticas como aspectos
abstraídos o, más bien, conceptualizados selectivamente,
-es decir, con arreglo a las definiciones y demostraciones pertinentes-,
en nuestro trato cognoscitivo con las cosas realmente existentes.
Pero contra estas referencias e interpretaciones milita una tradición,
no menos legendaria, que ve en Eudoxo un miembro de número
de la Academia, presto a seguir las indicaciones de Platón
-según quiere un neoplatonismo empeñado en hacer de
Platón la musa de la madurez de la matemática griega
del s. IV-. Si a Platón le interesa un modelo cosmológico
que represente o, al menos, “salve” las trayectorias
aparentemente irregulares de los planetas mediante un sistema de
movimientos circulares y uniformes, ahí viene Eudoxo con
su modelo homocéntrico bajo el brazo. Si a Platón
le interesa el rigor de la construcción deductiva en geometría,
ahí está Eudoxo, de nuevo, empleándose a fondo
en una teoría de la proporción capaz de deducir los
resultados anteriores y de abrir una nueva perspectiva sistemática.
En definitiva, ¿qué hay de la “cuestión”
de las relaciones entre Eudoxo y Platón? ¿Eudoxo fue
un platónico ortodoxo, o siguió su camino como algunos
otros –Menecmo, por ejemplo– al margen del programa
de la Academia, o hubo de todo un poco? Lo único seguro es
que nos encontramos en una situación habitual dentro de la
historia de la antigua matemática griega: las “historias”
tardías que hemos recibido y nuestras propias conjeturas,
en suma: nuestras “cuestiones”, son más numerosas
y elocuentes que los datos disponibles para contrastarlas y dirimirlas.
Aun así, tenemos constancia
de algunas contribuciones decisivas de Eudoxo a la astronomía
y a la geometría.
Según fuentes fiables, Eudoxo inició la vía
de la astronomía matemática griega clásica,
con un modelo geométrico de esferas homocéntricas
que trataba de dar cuenta y razón de ciertos fenómenos,
como las trayectorias erráticas de los planetas, dentro del
marco de una directriz o principio: los movimientos de los cuerpos
celestes han de ser circulares y regulares, y a partir de un supuesto
geocéntrico: la tierra ocupa el centro del universo; un desiderátum
añadido era la simplicidad de la construcción. El
modelo no constituía un sistema porque consideraba un juego
de esferas en rotación para cada caso: tres para el sol y
la luna, cuatro para cada uno de los planetas conocido.
El desafío de los planetas era acuciante: presentaban no
sólo cambios de velocidad, puntos estacionarios y desviaciones
de la eclíptica, sino retrogradaciones, cuya explicación
llevaría a Eudoxo a introducir su famosa hipopede (traba
de caballería en forma de 8) o lemniscata esférica.
La hipopede resulta del movimiento combinado de las dos esferas
más internas: el periodo de rotación del planeta sobre
esta figura corresponde al periodo sinódico del planeta -el
tiempo que le lleva recuperar la misma posición con relación
al sol-, mientras que el de rotación sobre la esfera que
lo porta corresponde a su periodo sideral -el tiempo preciso para
llegar a situarse bajo la misma estrella fija-.
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Curva
hipopede, intersección del cilindro
y la esfera, utilizada por Eudoxo para
explicar su modelo planetario |
Con todo, el centro de cada uno de estos tinglados de esferas, independientes
entre sí y dispuestos para cada planeta, es el mismo: la
tierra. La construcción de Eudoxo envuelve intersecciones
más complejas que las consideradas por Arquitas al plantearse
el problema de hallar dos medias proporcionales, pero discurre en
una línea similar, pues la hipopede está generada
por la intersección de una esfera con un cilindro de revolución
tangente y por la de la esfera o el cilindro con un cono cuyo eje
es paralelo al del cilindro. Hoy cabe discutir el estatuto real
–es decir físico–, o representativo –meramente
geométrico–, que Eudoxo confería a sus esferas
y, en consecuencia, el propósito más explicativo o
sólo descriptivo de su modelo: a la interpretación
realista tradicional, de raíz aristotélica, se oponen
consideraciones como las expuestas en [12].
En geometría, algo sabemos tanto de su contribución
decisiva a la teoría clásica de la proporción
(Aristóteles, Segundos Analíticos, 14a 17-25;
Euclides, Elementos, V, escolio 1; Proclo,
In I Euclidis Comm., 55.18-23), como de la prueba de dos teoremas
avistados por Demócrito: el volumen de una pirámide
es un tercio del volumen de un prisma de su misma base y altura;
el volumen de un cono es un tercio del volumen de un cilindro de
su misma base y altura (Arquímedes, prefacios de Sobre
la esfera y el cilindro y del Método).
Eudoxo avanza una teoría general que vendrá a sustituir
las teorías previas sobre razones y proporciones (cf. [3],
[5], [8]): la aritmética, incapaz de hacerse cargo
de las magnitudes no conmensurables descubiertas en el s. V; o la
antiferética, aplicable a construcciones geométricas
y a la determinación de casos de no conmensurabilidad –en
la línea de las investigaciones de Teodoro y Teeteto (cf.
Platón, Teeteto, 147d-148b)–, pero sólo
capaz de habilitar pruebas por separado para las magnitudes conmensurables
y las inconmensurables y para sus diversos campos de aplicación
–números, líneas, áreas– (cf. [5]);
[10], en cambio, discrepa de esta limitación). Las magnitudes
que considera Eudoxo son todas aquellas que, siendo homogéneas,
pueden guardar razón entre sí y satisfacer la condición:
si A < B, hay un número (entero positivo) n tal que nA
> B -condición explicitada con distintos matices por Euclides
y por Arquímedes-. La relación de proporción
-es decir, la relación de guardar la misma razón-
no es una relación diádica de igualdad entre razones,
sino una relación tetrádica entre magnitudes, representable
como
‘A:B :: C:D’, que obedece al siguiente criterio. Sean
m, n números (enteros positivos) cualesquiera.
Entonces, A:B :: C:D si y sólo si (i) siempre que mA >
nB, también mC > nD; (ii) siempre que mA = nB, mC = nD;
y (iii) siempre que mA < nB, mC < nD.
También podría haber deducido Eudoxo unas propiedades
como:
Si A:B :: C:D, entonces [a] A:C :: B:D, alternancia; [b] B:A ::
D:C, inversión; [c] (A+B):B :: (C+D):D, composición;
[d] (A-B):B :: (C-D):D, separación.
Esta base teórica fue luego reconstruida, desarrollada e
instituida por la teoría de la proporción del libro
V de los Elementos de Euclides.
Siglos más tarde, asistiremos a una asociación del
criterio de proporcionalidad de Eudoxo con la idea de cortadura
de Dedekind , aunque las magnitudes consideradas por Eudoxo sean,
en su conjunto, irreducibles a los números -en el sentido
griego antiguo-, y esta matemática griega ignore la teoría
de los números reales.
Las pruebas de los teoremas sobre el volumen de la pirámide
y del cono envuelven, a su vez, el uso de un método de “convergencia”
que descansa en la teoría de la proporción y en ciertos
supuestos implícitos. De unos supuestos parecidos ya da fe
Aristóteles:
«al agregarle siempre algo a lo finito excederemos toda
magnitud finita (1) y, parejamente, al sustraerle algo, tendremos
que llegar a una magnitud menor que una finita dada (2)» (Física,
266a 2-4), quizás al tanto de las pruebas de Eudoxo.
El supuesto (2) será formulado y sentado como un lema de
bisección por Euclides (Elem.,
X, 1); de la expresión precisa de (1) se ocupará,
a su vez, Arquímedes (pref. de La cuadratura de la parábola,
Sobre la esfera..., Sobre las espirales).
El método nace sabedor de los infructuosos esfuerzos de Brisón
y de Antifonte por cuadrar el círculo, si bien pudo inspirarse
en su heurística aproximativa. Se aplica a la determinación
de áreas y volúmenes por equivalencia o proporción
con unas magnitudes poligonales dadas. La idea eudoxiana es determinar
la magnitud de una figura curvilínea, F, mediante la construcción
de una serie monótona de polígonos inscritos –a
la que posteriormente se añadirá a veces la construcción
de otra decreciente de polígonos circunscritos–, que
convergen en una magnitud equivalente o proporcional a la de F en
el supuesto de que, a tenor de (2), sus diferencias pueden hacerse
menores que cualquier magnitud finita dada. Entonces, al amparo
tácito de un principio de tricotomía, obra la reducción
al absurdo de las hipótesis de que la magnitud de la figura
curvilínea sea mayor, o sea menor, que la poligonal construida.
Este recurso permite una demostración efectiva y finitista
de su equivalencia o proporción –pero no justifica
la romántica presunción de una especie de “horror”
griego al infinito
BIBLIOGRAFÍA:
`[1]. G.L. Huxley, “Eudoxus of Cnidus”, en
Dictionary of Scientific Biography (Ch. Gillispie, ed. New York,
Scribner & Sons, 1970-1980, reimpresión 1981), vol. 4,
pp. 465-7.
-
http://www.mcs.st-andrews.ac.uk/history/Eudoxus.html
LIBROS
[2]. J. Brunschwig y G. Lloyd, eds., El saber griego. Madrid, Akal
[Diccionarios Akal], 2000.
[3]. D. Fowler, The mathematics of Plato’s Academy. Oxford,
Clarendon Press, 1987, 1999 2ª edic.
[4]. J.L. Gardies, L’Héritage épitémologique
d’Eudoxe de Cnide. Paris, Vrin, 1988.
[5]. W. Knorr, The evolution of the Euclidean elements. Dordrecht
/ Boston, Reidel, 1975.
ARTÍCULOS:
[6]. L. Corry, “La teoría de las proporciones de Eudoxio
interpretada por Dedekind”, Mathesis, X/1 (1994), 1-24.
[7]. W. Knorr, “Matemáticas”, en J. Brunschwig
y G. Lloyd, eds., El saber griego [3], pp. 310-330.
[8]. P. Rusnock y P. Thagard, “Strategies for conceptual change:
ratio and proportion in classical Greek mathematics”, Studies
in History and Pilosophy of Science, 26/1 (1995), 107-131.
[9]. H. Stein, “Eudoxos and Dedekind: on the ancient Greek
theory of ratios and its relation to modern mathematics”,
Synthese, 84 (1990), 163-211.
[10]. A. Thorup, “A pre-Euclidean Theory of Proportions”,
Archives for the History of Exact Sciences, 45 (1992), l-16.
[11]. G.J. Toomer, “Astronomía”, en Brunschwig
y Lloyd, eds., El saber griego [3], pp. 222-229. 12. L. Wright,
“The astronomy of Eudoxus: geometry or physics?”, Studies
in History and Philosophy of Science, 4/2 (1973-1974), 165-172
NOTAS:
1.- Puede verse en
la dirección
http://www.mcs.st-andrews.ac.uk/history/Curves/Kampyle.html
2.- Puede verse en la dirección
http://www.mathcurve.com/courbes3d/hippopede/hippopede.html
3.- Así se dice que, conforme al criterio de Eudoxo, la razón
a:b es la clase de equivalencia del par (a, b) que cumple la condición:
(a, b) = (a´, b´) si y sólo si, para todo m,
n ? N, ma es mayor, igual o menor que nb según que ma´
sea mayor, igual o menor, respectivamente, que nb´. Siendo
el dominio de N los números reales, la condición viene
a decir que a/b ? m/n según que a´/b´ ? m/n,
de modo que a/b y a´/b´ determinan una misma cortadura
de los racionales. Cf. una discusión de las relaciones de
Dedekind con Eudoxo en L. Corry [6]; otros aspectos críticos
pueden verse en H. Stein [9].
4.- Las cosas podían ser, al menos en tiempos de Eudoxo,
bastante más simples, a juzgar por el testimonio de Aristóteles:
los geómetras -dice- no necesitan ni emplean el infinito,
pues sólo se sirven de magnitudes finitas que pueden prolongar
tanto como quieran y de magnitudes divisibles en una razón
determinada, de modo que para sus demostraciones sería indiferente
la presencia del infinito en las magnitudes reales (Física,
207b 27-34). Véase también, por ejemplo, Knorr [7],
pp. 321-2.
1.- Puede verse en la dirección
http://www.mcs.st-andrews.ac.uk/history/Curves/Kampyle.html
2.- Puede verse en la dirección
http://www.mathcurve.com/courbes3d/hippopede/hippopede.html
3.- Así se dice que, conforme al criterio de Eudoxo, la razón
a:b es la clase de equivalencia del par (a, b) que cumple la condición:
(a, b) = (a´, b´) si y sólo si, para todo m,
n ? N, ma es mayor, igual o menor que nb según que ma´
sea mayor, igual o menor, respectivamente, que nb´. Siendo
el dominio de N los números reales, la condición viene
a decir que a/b ? m/n según que a´/b´ ? m/n,
de modo que a/b y a´/b´ determinan una misma cortadura
de los racionales. Cf. una discusión de las relaciones de
Dedekind con Eudoxo en L. Corry [6]; otros aspectos críticos
pueden verse en H. Stein [9].
4.- Las cosas podían ser, al menos en tiempos de Eudoxo,
bastante más simples, a juzgar por el testimonio de Aristóteles:
los geómetras -dice- no necesitan ni emplean el infinito,
pues sólo se sirven de magnitudes finitas que pueden prolongar
tanto como quieran y de magnitudes divisibles en una razón
determinada, de modo que para sus demostraciones sería indiferente
la presencia del infinito en las magnitudes reales (Física,
207b 27-34). Véase también, por ejemplo, Knorr [7],
pp. 321-2. .
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