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Los problemas en
torno a la personalidad de Euclides se extienden
a la autoría de los escritos que nos
han llegado bajo su nombre. Hoy suponemos que
escribió por lo menos una decena de obras,
pero sólo contamos con dos acreditadas:
los Elementos y los Datos -e incluso en el caso
de los Elementos, en especial, hemos de atenernos
a ediciones y variantes posteriores del original,
una historia apasionante (cf. [4], introd.)
todavía en revisión–.
Los Elementos, en la edición
estándar [3], constan de 140 asunciones
básicas (130 definiciones, 5 postulados,
5 nociones comunes), 465 proposiciones derivadas
(93 problemas, 372 teoremas), y unos pocos resultados
auxiliares (19 porismas, 16 lemas). Cubren diversos
campos de la matemática griega: la geometría
plana (libros I-IV); la teoría de la
proporción (V-VI); la teoría aritmética
(VII-IX); la conceptualización de la
conmensurabilidad e inconmensurabilidad, y la
clasificación de rectas expresables y
no expresables en términos de razones
(X); la geometría del espacio (XI-XIII).
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"Los
seis libros primos de la Geometría
de Euclides" (Sevilla, 1576). Primera
edición española de los
Elementos de Euclides |
Dentro
de ellos hay núcleos de especial relieve
como el tema de las paralelas en geometría,
o el estudio de los primos relativos en aritmética,
o el desarrollo sistemático de la proporción
como una relación tetrádica entre
magnitudes en el marco de una teoría
que reelabora el legado de Eudoxo:
«Se dice que guardan razón
entre sí las magnitudes que, al multiplicarse,
pueden exceder una a otra»
(V definición 4; cf. la condición
o postulado de Eudoxo),
«Se dice que una primera magnitud guarda
la misma razón con una segunda que una
tercera con una cuarta, cuando cualesquiera
equimúltiplos de la primera y la tercera
excedan a la par, sean iguales a la par o resulten
inferiores a la par que cualesquiera equimúltiplos
de la segunda y la cuarta, respectivamente y
tomados en el orden correspondiente» (V
def. 5; cf. el criterio de proporcionalidad
de Eudoxo).
La teoría incluye además otros
supuestos precisos: (i) un criterio de no proporcionalidad,
fundado en la relación de guardar mayor
razón (def. 7), que a su vez depara un
orden de las magnitudes consideradas; (ii) la
existencia de un cuarto término proporcional
(tácita en V 18, luego probada para un
caso particular en VI 12). Por añadidura,
sienta las bases del método de convergencia
al establecer, a partir de V def. 4, el lema
de bisección:
«Dadas dos magnitudes desiguales,
si se quita de la mayor una [magnitud] mayor
que su mitad y, de la queda, una magnitud menor
que su mitad y así sucesivamente, quedará
una magnitud que será menor que la magnitud
menor dada»
(X 1; cf. el lema de continuidad de Arquímedes
Tampoco faltan, desde luego, resultados célebres
o notables: e.g. las pruebas del afamado “teorema
de Pitágoras” (I 47, V 31); un
algoritmo antiferético para hallar la
medida común máxima de dos números
(VII 1, 2); una primicia de la descomposición
única de un número en sus factores
primos (IX, 4); la prueba de la no finitud de
los números primos (IX 20); o, en fin,
la demostración de que dos magnitudes
conmensurables guardan entre sí la misma
razón que un número con un número
(X 5) -siendo números los enteros positivos-;
amén de resultados y ejercicios sobre
áreas y volúmenes, inscripciones
y circunscripciones, etc., que durante más
de 2000 años han familiarizado con la
matemática elemental y su rigor demostrativo
a generaciones y generaciones de escolares.
Los Datos, la segunda obra
acreditada de que hoy disponemos, bien podría
ser un texto auxiliar o complementario de los
Elementos: tiene que ver con los libros I-IV
y con la práctica del análisis
geométrico como técnica de resolución
de problemas: en el supuesto de que ciertas
partes de una figura estén dadas -por
lo que respecta a su posición, magnitud,
etc.-, muestra la manera de determinar otras
partes de la figura en ese mismo respecto.
Hay luego recensiones o versiones discutidas
de otros dos trabajos de Euclides: Fenómenos,
obra de astronomía teórica compuesta
sobre una base de geometría esférica
más bien elemental, y Óptica,
un estudio “more geometrico” de
la perspectiva y de la visión directa
–por contraste con la geometría
de los rayos reflejados, catróptica,
o de los rayos refractados, dióptrica–,
que se vio oscurecido y postergado ante las
mayores luces de la Óptica de Tolomeo
(s. II d.n.e). Los demás escritos de
Euclides pueden darse, hoy al menos, por perdidos.
Hay una versión árabe y otra latina
de Sobre divisiones de figuras, obra quizá
vinculada a la corriente calculística
y operatoria de la matemática griega
–una corriente “guadiana”
que desmiente la identificación simplista
de esta matemática con la conceptualización
teórica y la deducción axiomática–.
Pero nada queda de unos Lugares relativos a
la superficie, unos Porismas, unas Cónicas,
o de un ensayo propedéutico Sobre los
paralogismos. Por lo demás, se le han
atribuido otros restos dispares (una Catróptica,
una Sección del canon, una Mecánica),
cuya autoría euclídea parece hoy
descartada.
En vista de la situación, quizá
sea más fácil apreciar qué
no es Euclides que saber quién fue Euclides.
Por ejemplo, según un viejo tópico,
Euclides era platónico en las ideas y
aristotélico en el método: son
especulaciones de las que tendrá que
hacerse responsable el propio intérprete,
pues los textos euclídeos acreditados
son, en tales respectos filosóficos,
mapas mudos.
En cambio, los Elementos sí son bastante
elocuentes sobre las tradiciones matemáticas
de los ss. V-IV (cf. [11], IV, pp. 269 ss.):
sistematizan la teoría disponible de
los números, la geometría elemental
–a partir de una tradición de elementos
geométricos que desaparecen tras el tratado
euclídeo– y la teoría de
la proporción generalizada por Eudoxo;
ponen orden en los resultados sobre conmensurabilidad
e inconmensurabilidad y en las investigaciones
de Teteeto acerca de los casos expresables y
no expresables en términos racionales;
incluso normalizan los usos formularios del
lenguaje matemático iniciados en el s.
IV –según testimonia Aristóteles
y muestra el primer texto matemático
griego conservado: Sobre la esfera en movimiento
(Autólico de Pitania, ¿360-290?)–.
De todo ello no se desprende que la matemática
griega anterior a Euclides sea “pre-euclídea”,
es decir: siga un camino de perfección
que culmina en sus Elementos, según da
a entender Proclo. Pero, por otro lado, las
virtudes de organización y normalización
del texto, así como su fortuna institucional,
tampoco justifican otro estereotipo más
moderno: el de un Euclides viejo profesor, mero
recopilador de unos conocimientos matemáticos
básicos en un manual de éxito
-por contraste con el genio investigador y creador
que representaría Arquímedes-.
Pues, según todos los visos, Euclides
no es sólo un administrador lúcido
y selectivo de un legado heterogéneo,
sino un socio que añade su propio capital
a la empresa (e.g. a la teoría de las
rectas paralelas, al proceder antiferético,
a la teoría de la proporción,
al método de convergencia, al estudio
de los sólidos regulares). De ahí
que los Elementos no constituyan tampoco un
texto marmóreo, compacto y uniforme:
dejan traslucir los diversos grados de desarrollo
de ciertas tradiciones geométricas y
aritméticas, unas más antiguas
y otras más recientes, al tiempo que
muestran la contribución, no sólo
metódica sino sustantiva, del propio
Euclides a su normalización como cuerpos
de conocimiento establecido.
En este sentido, lo que más ha llamado
la atención es el pórtico axiomatiforme
de los Elementos, –la organización
tripartita e inédita hasta entonces de
las asunciones básicas en definiciones,
postulados y nociones comunes–, y el rigor
deductivo que gobierna la prueba de las proposiciones
derivadas. Así han pasado a la historia
como la fundación del método axiomático
deductivo. No es un título inmerecido.
Pero el excesivo énfasis en este punto
puede resultar injusto hacia la riqueza de recursos
y el proceder informal de las pruebas de los
Elementos (cf. [9] y [12] a este respecto),
y puede prestarse a equívocos: los Elementos
no hacen axiomática, ni hacen teoría
abstracta al modo moderno –ni siquiera
en el alto nivel de abstracción de la
teoría de la proporción del libro
V–. Carecen de las ideas generales de
espacio, en geometría, y de sucesión
numérica, en aritmética. No contemplan
estructuras, sino: [a] unos objetos construibles
–el triángulo, el círculo,
etc–, o dados –la unidad y los enteros
positivos n (n = 2)–; y [b] tres “entidades”
o conceptos matemáticos generales –las
magnitudes, las proporciones, los números–
(cf., por ejemplo, [10] y [8]).
En suma, Euclides es un matemático griego
clásico, no un alevín o un remedo
de matemático moderno, aunque los Elementos
hayan sido una referencia histórica obligada,
una especie de paradigma, para los programas
de axiomatización “more geometrico”.
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