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de marzo de 1596 a la Haye (ahora Descartes), Touraine 11 de febrero
de 1650, Estocolmo, Suecia.
René Descartes es un filósofo integral cuya obra
Géométrie [Geometría] ha jugado
un papel muy importante tanto en su sistema filosófico
global cuanto en la historia del pensamiento matemático.
Por esta razón es de gran provecho releerla de nuevo para
comprender la evolución de dicho pensamiento antes y después
de Descartes.
Descartes fue educado en el colegio de los jesuítas de
La Flèche de Anjou. Ingresó a los nueve
o diez años y permaneció en la institución
hasta 1615. Al parecer, por motivos de salud, se le permitía
permanecer en la cama hasta las once de la mañana, una
costumbre que Descartes mantendría a lo largo de toda su
vida
En La Flèche
estudió fundamentalmente a los clásicos, filosofía
y lógica en la tradición aristotélica. En
cambio, bajo la influencia de Clavius, del Collegio Romano
---el centro en el cual se formaban los cuadros de los jesuítas---,
los centros educativos de esta orden prestaron un especial interés
por las matemáticas de la época. Así pues,
Descartes, bajo la atenta mirada del padre Jean François,
entró en contacto con los textos matemáticos de
la época probablemente a través de la obra crítica
de Clavio.
Sin embargo, según expone el propio Descartes en la introducción
al Discours de la méthode [Discurso del método]
las enseñanzas que recibió no le satisfacían,
exceptuando las de la matemática porque proporcionaban
un conocimiento verdadero. La verdad como garantía
del conocimiento es uno de los leitmotivs de Descartes a lo largo
de toda su filosofía. Por esta razón pensó
que toda forma de pensamiento debería basarse en los mismos
principios en los que se basaban las matemáticas: simplicidad
y claridad. Estas bases se hallan expuestas de forma específica
en las inacabadas Regulæ ad directionem ingeniï
[Reglas para la dirección del espíritu] y en
el ya citado Discurso del método.
Los estudios de derecho los realizó en la Universidad de
Poitiers, en donde obtuvo el grado en 1616. Este mismo año
se alistó en la escuela militar de Breda. En 1618, cuando
estaba estudiando matemáticas y mecánica bajo el
influjo del científico holandés Isaac Beeckman,
se planteó la necesidad de establecer una ciencia unificada
que fuese apta y útil para el estudio de la Naturaleza.
Esta concepción de la unidad del conocimiento no le abandonaría
jamás. En 1619 se unió al ejército de Baviera.
Entre 1620 y 1628 viajó por Europa. En 1623, hallándose
en París, entró en contacto con el padre mínimo
Marin Mersenne, circunstancia indispensable para poder mantener
un nexo vivo y permanente con el resto de eruditos de Europa.
Viajó a Italia para conocer a Galileo
Galilei, pero la fortuna no le acompañó y nunca
llegó a producirse el encuentro.
Cuando en 1628 decidió retirarse de la vida cortesana de
París y establecerse definitivamente en un lugar tranquilo,
eligió Holanda ---los Países Bajos--- en los que
permaneció los siguientes veinte años. Fueron años
de reflexión, de meditación, de trabajo, y de producción.
Se ha dicho que Descartes, descontento con las enseñanzas
que se impartían en los Centros más prestigiosos
basadas en los textos de los filósofos de la Antigüedad,
se propuso substituirlas por su nueva visión del conocimiento.
Recién acabado de establecerse en Holanda, inició
esta tarea con un tratado de filosofía de la naturaleza,
Le Monde, ou Traité de la lumière [El Mundo,
o Tratado de la luz]. Se basaba en las ideas copernicanas,
defendidas por Galileo. Pero cuando éste fue condenado
por el Santo Oficio de Roma, decidió no publicar
su tratado
A pesar de que nunca perdió el contacto, a través
de Mersenne, con los pensadores franceses e ingleses, ni tampoco
con Beeckmann, en Holanda conoció, entre otros, a Mydorge,
Hortensius, Huygens, y Frans van Schooten. Con alguno de ellos
se estableció una auténtica amistad. Ellos le instaron
para que publicara sus ideas, lo cual Descartes hizo con un tratado
sobre ciencia que tenía por título
Discours de la méthode pour bien conduire sa raison et
chercher la Verité dans les Scienes, plus trois Essais,
La Dioptrique, Les Météors, et la Géométrie
[Discurso del método para razonar correctamente y buscar
la verdad en las ciencias, seguido de tres Ensayos, La Dióptrica,
Los Meteoros, y la Geometría]. Escrito en francés
``para que lo pudieran entender hasta las mujeres", se publicó
en Leyden en 1637. Refiriéndose a este Tratado, dice a
Mydorge
En la Dióptrica y los Meteoros he intentado
mostrar que mi método es
superior que el método vulgar, y con la Geometría
lo he demostrado.
Primera edición del “Discours
de la Methode” de R. Descates (1637)
Este texto está íntimamente
ligado con el Tratado, no publicado, de la Luz y también
con un texto inacabado de juventud, las Regulæ.
Con los ensayos pretende ofrecer textos alternativos a los de
óptica, astronomía y geometría de los currículums
habituales. Además constituyen un ejemplo de la unidad
del pensamiento, por lo menos, por lo que se refiere a la ciencia.
En la Geometría estudia los óvalos
[de Descartes], que, en la óptica, utiliza para hacer lentes,
en la Dióptrica da las leyes matemáticas
de la reflexión y de la refracción, y en los Meteoros
las usa para explicar el porqué del arco iris.
Pero Descartes quería también aportar sus nuevos
puntos de vista en los campos de la filosofía, la teología,
y la ética. Por esta razón publicó Méditationes
de prima philosphia (1641) y Principia Philosophiæ (1644),
Les passions de l'âme (1649 ), etc. Los Principia
Philosophiæ constan de cuatro partes que versan sobre
el conocimiento humano, sobre los principios de las cosas materiales,
sobre el mundo visible, y sobre la Tierra. En dicho tratado sostiene
---en la línea de Galileo---
que el estudio del universo debe reducirse a la matemática
a través de una cierta mecánica. Sin embargo, sus
presupuestos metafísicos eran muy rígidos ---no
aceptaba la posibilidad de la ``acción a distancia",
ni tampoco la existencia del vacío, etc.---, y le impidieron
darse cuenta de la importancia del fenómeno de la gravedad.
En este sentido es paradigmático el ejemplo de su demostración
de la ley de la refracción de la Dioptrique, basada
más en las ``cualidades", en la línea clásica,
de la luz que en un modelo matemático como el que ofrecería
Pierre de Fermat, basado en el principio
de la mínima acción: ``la luz sigue el camino
más breve". Sin embargo, hemos de afirmar, en honor
a la verdad, que su mathesis fue bien acogida por los
pensadores de la generación siguiente y halló su
síntesis ---en el tercer tercio del siglo XVII--- en la
obra genial de Isaac Newton y Gottfried
Wilhelm Leibniz.
En 1647, con ocasión de un viaje a París, Descartes
pudo conocer a Blaise Pascal con el cual sostuvo una discusión
acerca de la existencia del vacío en la Naturaleza.
En 1649, cuando Descartes era considerado uno de los sabios más
notables de Europa, la reina Cristina de Suecia le persuadió
para que se instalase en su corte de Estocolmo. Las consultas
de la reina a altas horas de la noche y de la madrugada ---que
quebraban las costumbres de Descartes--- junto con el rigor del
frío en Suecia en invierno, llevaron a Descartes a contraer,
a los pocos meses de estancia en Estocolmo, una neumonía
que pondría fin a su vida el 11 de febrero de 1650, cuando
aún no había cumplido 54 años.
Descartes dejaba una obra
importante y sobretodo novedosa. Pero, con la perspectiva del
tiempo ---sin pretender cuestionar en absoluto su importancia
como pensador global y como filósofo de una influencia
decisiva en el pensamiento occidental moderno---, podemos afirmar
que, de entre todas, la obra que realmente supuso una revolución
en la manera de entender la disciplina de la que trataba es la
Géométrie. Todavía mantiene, en gran parte,
toda su vigencia. Es por esta razón que le dedicaremos
un poco más de atención que al resto de sus obras.

La importancia matemática
de “La géometrie” hizo que, poco después
de su aparición, se publicara separadamente del Discurso
Los problemas de
la geometría griega eran, según la clasificación
de Pappos, de tres tipos: planos, sólidos y grámicos,
según que, para resolverlos, bastasen la regla y el compás,
se requiriese además alguna de las secciones cónicas
o, en fin, algún tipo de curva que no fuese ninguna de
éstas, como la cuadratriz, la espiral de Arquímedes,
la concoide, la cisoide, etc. Ahora bien, en la época de
Descartes, se dispone de un lenguaje nuevo gracias a las aportaciones
de muchos ilustres geómetras, de entre los cuales, en Francia,
cabe destacar a François Viète. Este nuevo lenguaje
permite expresar ciertas curvas, no ya por medio de una característica
geométrica definitoria, sino por medio de una expresión
algebraica cerrada que, en el más simple de los casos,
es una ecuación polinómica en dos variables.
Con este bagaje Descartes, en el Libro I, De los problemas
resolubles por medio de rectas y circunferencias, analiza
los problemas que los griegos resolvían con el uso exclusivo
de la regla y el compás, observando que, con estos instrumentos,
puede sumar, restar, multiplicar, y dividir dos segmentos dados,
y obtener un nuevo segmento cuya longitud sea, respectivamente,
la suma, diferencia, producto, y cociente de las longitudes de
los segmentos dados. Y, además, puede extraer la raíz
cuadrada de un segmento dado. En breve, dados dos segmentos de
longitudes a y b, puede construir los
segmentos cuyas longitudes resepctivas sean a+b,a-b, ab, a/b,
y
.
Para ello, sin embargo, Descartes precisa de un segmento unidad
al cual referir las longitudes de los restantes segmentos rectilíneos.
Con esta lectura algebraica de la geometría Descartes rompe
con dos de los presupuestos epistemológicos de la geometría
griega:
1) Todo segmento
tiene asignada una longitud ---un número---, con
independencia del carácter conmensurable o inconmensurable
del valor de dicha longitud.
2) El producto de dos o tres segmentos es un segmento y no un
rectángulo o un paralelepípedo, con lo que el problema
de la dimensión geométrica deja de ser un impedimento
para la generalización. Es posible multiplicar más
de tres segmentos.
La transcripción algebraica le permite afirmar:
Las ecuaciones de segundo grado son resolubles con regla y
compás.
Y puede mostrar cómo hay que hacerlo para resolverlas geométricamente.
Conviene recordar en todo momento que lo que Descartes hace ---así
lo indica en título del ensayo, Géométrie---
es geometría. De ahí la importancia de una construcción
geométrica efectiva y completa.
Además, en uno de aquellos momentos de genialidad que le
caracterizan, afirma que:
Cualquier problema resoluble con regla y compás lleva
siempre, en última instancia, a una ecuación de
segundo grado
Esta afirmación será precisada y demostrada doscientos
años más tarde, en 1837, por Jean Pierre Wantzel.
Sin embargo, el filósofo era consciente que su método
debía ir más allá y resolver problemas que,
en la geometría griega, eran difícilmente resolubles
o incluso eran imposible resolver. Por esta razón plantea,
a modo de colofón del Libro I, el problema de las tres
y las cuatro rectas que había sido estudiado por Apolonio
y resuelto parcialmente por Pappos. En síntesis, establece:
Dadas cuatro rectas, dos de las cuales pueden ser la misma,
el lugar geométrico de los puntos C del plano tales que
el producto de las distancias a dos de las rectas es proporcional
al producto de las distancias a las otras en una proporción
dada, es una sección cónica.
El éxito de Descartes es doble. Por un lado, puede reescribir
el problema en función de las coordenadas x,y
del punto C. Obtiene una ecuación general de segundo
grado en x,y.
Entonces, en el Libro II, establece:
Toda ecuación de la forma

es una cónica y su naturaleza depende del signo del discriminante
.
Se plantea entonces la cuestión:
¿Tiene sentido
plantear el resolver el problema cuando hay más de cuatro
rectas?
¿Es posible resolverlo?
La respuesta es afirmativa:
No hay limitaciones
espaciales y cualquier problema lleva a una ecuación polinómica.
Entonces Descartes plantea
y resuelve el más simple de los problemas aún
por resolver. Es el problema de las cinco rectas, cuatro de las
cuales son paralelas y equidistantes y la quinta es perpendicular
a todas ellas. Obtiene la cúbica semiparabólica:
.
Así pues, de lo que se trata es
1) de caracterizar las
ecuaciones polinómicas y
2) de ver, de alguna manera,
si las ecuaciones polinómicas corresponden a problemas
geométricos.
Por lo que, a la primera
cuestión se refiere, Descartes decide que las únicas
curvas que podemos considerar como geométricas
son aquellas que admiten una caracterización algebraica
polinómica, aun cuando, para él, esta caracterización
sea siempre subsidiaria. Lo importante es que procedan de un problema
geométrico en el cual se dé una teoría
de la proporción dependiente. Las curvas cuya teoría
de la proporción es independiente, las llama mecánicas
y las excluye de la Geometría. Esto será criticado
muy vehementemente por Leibniz que introducirá
las curvas algebraicas ---son las cartesianas--- y las
curvas trascendentes ---son las que trascienden el álgebra.
Para Descartes las curvas
geométricas deben ser construíbles con algún
ingenio que tenga la misma precisión que la regla y el
compás. No hay razón alguna, según Descartes,
para limitarse a estos dos instrumentos a la hora de resolver
problemas geométricos. De ahí los compases que Descartes
ofrece justo al inicio del Libro II, De la Naturaleza de las
curvas. Es curioso observar que, con el segundo de sus compases,
se puede construir la cúbica semiparabólica que
resuelve el problema de las cinco rectas que acaba de analizar.
Además se pueden fabricar curvas de cualquier grado. Sin
embargo, Descartes no plantea el problema de si toda curva geométrica
va asociada a algún tipo de compás que permita construirla.
De ahí la importancia
de la segunda cuestión planteada:
Toda curva polinómica
proviene de un problema geométrico.
Descartes lo resuelve
afirmando que
Toda curva geométrica
---polinómica--- proviene de algún problema de las
2n-1 o 2n rectas.
Sin embargo, como observaría
Newton, esta afirmación es falsa.
A pesar de que la ecuación
de una curva sea, para Descartes, algo subsidiario, el geómetra
advierte la importancia que tiene conocer la ecuación de
una curva para poder determinar elementos geométricos de
la curva, cuales son el centro, el vértice, los ejes, los
diámetros, etc. Pero va mucho más lejos y resuelve
``el problema más difícil que podía imaginar".

Página del Libro II de “La
géometrie” de Descartes
Este problema consiste
en determinar el ángulo que forman dos curvas. Recordemos
toda la discusión de la época escolástica
acerca del ángulo de contacto que debía
ser más pequeño que cualquier ángulo rectilíneo
sin ser nulo, poniendo en tela de juicio la imposibilidad de la
existencia de los infinitésimos. El ángulo que forman
dos curvas se mide por medio del ángulo que forman las
normales de las curvas en el punto de contacto. Es preciso,
pues, determinar la normal a una curva en un punto.
Para ello Descartes introduce
el círculo osculador de una curva, adelantándose
a la curvatura de una curva y al radio de curvatura.
El círculo osculador a una curva
en
un punto C de la misma, es aquel círculo que la
toca pero no la corta. Es decir, que es tangente a la curva en
el punto C. Su radio OC, en donde O
es el centro de dicho círculo, nos da la dirección
de la normal a la curva en el punto C. Pero,
¿Cómo podemos
determinar el círculo osculador a la curva
,
en el punto C?
La respuesta de Descartes,
de este problema geométrico, es algebraica. Bastará
que el círculo y la curva se corten en un punto doble.
Es decir, tenemos la ecuación de la curva y la ecuación
de la circunferencia del círculo osculador: Si eleminamos,
por ejemplo, y, obtenemos una ecuación polinómica
que
debe tener un a raíz doble x=a. Esto, según Descartes,
lo podemos expresar en la forma:
,
en donde
es
un polinomio que corrige el grado
de
y que se obtiene por el método de los coeficientes
indeterminados, un método introducido por Descartes
y también, simultáneamente, por Fermat. Ello permite
determinar finalmente los parámetros v y s,
teniendo en cuenta que a es x.
Todo ello lo puede aplicar
entonces Descartes a la óptica y a la fabricación
de lentes. Introduce los famosos óvalos [de Descartes]
y los analiza.
Sin embargo para una comprensión
cabal de su exposición hacía falta familiarizarse
con el lenguaje del álgebra y con las técnicas de
resolución de ecuaciones polinómicas. Además,
los matemáticos griegos habían planteado, y resuelto,
problemas que no eran planos como la trisección del
ángulo y la duplicación del cubo.
Por esta razón Descartes ofrece un tercer Libro, De
la construcción de los problemas sólidos y más
que sólidos, en el cual expone los rudimentos del
lenguaje algebraico de los polinomios, entre los cuales incluye
la famosa regla de los signos que, según John
Wallis, ya era conocida con anterioridad por Thomas Harriot. Nos
indica la manera de resolver las ecuaciones cúbicas y las
cuárticas, en cuyo caso ofrece un método personal
de una gran originalidad:
Toda cuártica
se puede descomponer como el producto de dos ecuaciones de segundo
grado, los coeficientes de las cuales se obtienen, por el método
de los coeficientes indeterminados, resolviendo una ecuación
cúbica. Formalmente, dada la cuártica reducida
, hacemos
Entonces basta determinar los números reales
,
,
,
lo cual siempre es posible. Después basta resolver las
dos ecuaciones de segundo grado, si ello es posible.
Este método sería
el que elegiría Leonhard Euler para resolver una ecuación
polinómica en general, pero no podemos garantizar que,
para grados superiores, podamos resolver las ecuaciones que permiten
determinar los coeficientes de las ecuaciones de segundo grado.
Descartes, además,
establece el enunciado del teorema fundamental del álgebra
en los términos
Podemos imaginar que
una ecuación polinómica tiene tantas raíces
como el grado.
De ahí el nombre
de número imaginario que se dio a las raíces
no reales de las ecuaciones polinómicas. El primer intento
por demostrar este teorema lo debemos a Jean le Rond d'Alembert
y data de 1746. Para Descartes, sin embargo, las únicas
raíces aceptables son las reales positivas ---que llama
raíces positivas. Las negativas---que llama
falsas--- son aceptables porque son las raíces de
la ecuación polinómica que se obtiene al substituir
X por -X.
Pero fiel a su propósito
geométrico, Descartes se ve obligado a dar una interpretación
geométrica de las ecuaciones cúbicas y cuárticas.
Entonces establece que toda cuártica se puede resolver
cortando un círculo y una cónica adecuados. Establece
con toda claridad la equivalencia que hay entre resolver una cúbica
irreducible en el sentido de Gerolamo Cardano ---de discriminante
negativo--- y la trisección del un ángulo, mientras
que las cúbicas no irreducibles equivalen a saber doblar
un cubo. Da un método geométrico para trisecar un
ángulo dado.
El carácter generalizador
de su método lo lleva a preguntarse como podemos resolver
geométricamente una ecuación polinómica,
en general. Pero, en realidad, sólo lo hace para las quínticas
y las séxticas. La idea consiste en cortar una circunferencia
con una curva adecuada ---en el caso de las ecuaciones de segundo
grado, con una recta; en el caso de las cúbicas y cuárticas,
con una cónica. Pues bien, en el caso de las quínticas
y las séxticas se puede recurrir a la cúbica semiparabólica
que ha obtenido en el caso de las cinco rectas, con lo que su
obra se cierra con una unidad que parecía difícil
de conseguir.
No es ésta la única
aportación que Descartes hizo a la matemática ---recordemos
su método para aproximar con regla y compás la longitud
de una circunferencia de radio dado, sus contribuciones en aritmética,
su intento por resolver el problema de deBaunne, su aproximación
a la fórmula de Euler-Poincaré, las curvas algebraicas
que introdujo, como los óvalos, el folio, etc.---, pero
es sin duda la más importante de todas y una de las más
importantes de la primera mitad del siglo XVII y uno de los textos
básicos de toda la historia de la matemática. En
él, Descartes no sólo introduce la geometría
analítica o cartesiana sino que pone los cimientos
de la geometría algebraica.
Basten los
ítems expuestos para comprender su profundidad, unidad
interna, originalidad y novedad y recúrrase a la bibliografía
para una mayor profundización
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