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Igual que quien sería su director de
tesis: Gauss, el “primero
entre los matemáticos”, Dedekind
nació en Braunschweig (Brunswick), capital
de un pequeño ducado situado al oeste
de Berlín.
Era el cuarto hijo de una familia acomodada,
de padre jurista, profesor en el Collegium Carolinum
de la ciudad. En ese mismo lugar, convertido
en Politécnico, impartiría clases
el matemático desde 1862 y durante más
de 30 años, encargándose entre
otras cosas (como rector) de su transformación
en Escuela Técnica Superior. Siendo estudiante,
en 1850 fue a la célebre Universidad
de Göttingen, y escuchó entre otras
las lecciones de Gauss sobre el método
de mínimos cuadrados y las de Wilhelm
Weber sobre física experimental. Tras
el doctorado, fue miembro del Seminario Físico-Matemático
de la universidad, donde conocería nada
menos que a Bernhard Riemann, figura capital
en su desarrollo como matemático.
En el año 1854 se “habilitan”
como profesores asistentes (Privatdozent) tanto
Dedekind como su compañero Riemann, cinco
años mayor. Pero, a diferencia de las
tremendas contribuciones que hizo Riemann en
sus dos tesis y en su lección de habilitación,
no encontramos nada comparable en los trabajos
de Dedekind. Eso sí, la lección
de habilitación mostraba su interés
por los fundamentos de la matemática
y su orientación reflexiva y sistemática.
Fue a partir de 1855, cuando muere Gauss y la
universidad contrata a otra gran figura, Gustav
Lejeune-Dirichlet, que Dedekind entró
realmente en la atmósfera de la alta
investigación. La interacción
con Riemann, a cuyos cursos asistía regularmente,
y la conversación diaria con el riguroso
y omniabarcante Dirichlet, resultaron estímulos
decisivos.
Hacia 1856 nuestro hombre encontró el
que sería su principal campo de trabajo.
Escucha las lecciones de Dirichlet sobre teoría
de números, famosas por haber puesto
el contenido de las Disquisitiones arithmeticae
de Gauss al alcance
del “gran público” matemático,
y las discute minuciosamente con su maestro.
Pero sobre todo estudia los trabajos de Abel
y Galois, a resultas
de lo cual imparte un curso sobre álgebra
superior y teoría de Galois,
aparentemente el primero de este tipo en Alemania.
El primero, y el más avanzado por mucho
tiempo: se conserva un manuscrito (redactado
probablemente hacia 1858, después de
concluidas las lecciones) y de él se
ha dicho que constituye “el primer tratamiento
moderno del tema”. Concibe la teoría
directamente en términos de extensiones
de cuerpos, estudia cuidadosamente las relaciones
entre dichas extensiones y los grupos de las
ecuaciones, y además –a diferencia
de sus contemporáneos– pone en
segundo plano el estudio de las soluciones de
ecuaciones.
Pero Dedekind no llegó a publicar ese
manuscrito cuidadosamente redactado, y de hecho
tardó mucho (demasiado) en publicar contribuciones
importantes. En 1858 se desplaza a Zurich como
profesor del Politécnico (la famosa ETH
posterior), año y lugar donde por cierto
concibió su célebre definición
de los reales mediante cortaduras. En 1862 vuelve
a Braunschweig, y durante unos años parece
abandonar la investigación para dedicarse
a publicar trabajos de sus grandes maestros:
las Vorlesungen über Zahlentheorie
de Dirichlet (1863) y algunos trabajos
de Riemann (en 1868 los célebres trabajos
de habilitación, sobre geometría
y sobre teoría de funciones reales, con
la definición de la integral; en 1876
las obras completas editadas por él y
Heinrich Weber).
Segunda edición
(1871) por R. Dedekind de las “Vorlesungen
über Zahlentheorie de Dirichlet, que
incluye un apéndice “sobre la
teoría de los números enteros
algebraicos”
La razón
de no publicar venía en buena medida
de lo exigente que era Dedekind a la hora
de juzgar sus logros, cosa quizá normal
en alguien que había conocido en persona
a Gauss y Riemann (!). Su largo trabajo sobre
números algebraicos, hacia 1860, no
le había permitido elaborar una teoría
perfectamente general, y eso al parecer le
desencantó. Por fin, ya a los 40 años,
publica la segunda edición de las
Vorlesungen de Dirichlet (1871), y dentro
de ella –curioso lugar en una época
ya de artículos especializados–
un apéndice “sobre la teoría
de los números enteros algebraicos”.
Se ha llegado a decir que este trabajo dio
forma a la teoría de números
moderna. Aparecían aquí diversas
estructuras algebraicas, estudiadas empleando
homomorfismos, isomorfismos, clases de equivalencia:
las estructuras de cuerpo, anillo –sin
este nombre–, módulo, ideal (siempre
dentro del contexto particular de los números
complejos). La teoría de los enteros
algebraicos se convertía en una teoría
de ideales en anillos de enteros, y mediante
esta transformación Dedekind lograba
la generalidad deseada.
Un ideal (en un anillo de números)
es un conjunto de infinitos números
enteros del anillo, cerrado para la suma y
también para la multiplicación
por números cualquiera del anillo.
El replanteamiento que propuso Dedekind significaba
introducir “a todo trapo” el lenguaje
conjuntista en este campo de la matemática.
La recepción de su trabajo fue lenta,
sin duda porque se trataba de un cambio muy
radical. Este punto es difícil de juzgar
hoy para nosotros, acostumbrados como estamos
desde muy pronto al lenguaje conjuntista.
Pero en aquella época el álgebra
era todavía la teoría de las
ecuaciones, y el estudio de los enteros algebraicos
consistía en estudiar propiedades y
relaciones de números concretos. Dedekind
pasaba a analizar las propiedades de la multiplicación
de ideales, y esto representaba para sus contemporáneos
una abstracción sumamente difícil.
Se puede decir que sólo hacia 1890
encontró continuadores...
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