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| Historia de las
Matemáticas |
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| Matemáticos
| Nicolás Copérnico
(3/3) |
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| Versión
para imprimir |
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1473
– 1543 |
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Los
postulados que inauguran la astronomía
heliocéntrica moderna aparecidos en el
“Comentariolus” son los siguientes:
1. No existe un centro único de todos
los círculos o esferas celestes.
2. El centro de la Tierra no es el centro del
Universo, sino sólo de la gravedad y
de la esfera de la Luna.
3. Todas las esferas giran alrededor del Sol
y por lo cual es el centro del Mundo.
4. ... la distancia de la Tierra al Sol es imperceptible
en comparación con la distancia del firmamento.
5. Cualquier movimiento que pueda aparecer en
el firmamento, no se debe a ningún movimiento
de este, sino al movimiento de la Tierra alrededor
de sus polos fijos en un movimiento diario.
6. Los que se nos aparecen como movimientos
del Sol no se deben a él mismo, sino
que están ocasionados por el de la Tierra
y nuestra esfera, con la que giramos alrededor
del Sol como cualquier otro planeta, y así,
la Tierra tiene varios movimientos.
7. Los movimientos observados en los planetas,
de retrogradación o directos, tampoco
provienen de sus movimientos sino del de la
Tierra y este basta por sí solo para
explicar las aparentes irregularidades que en
el cielo se observan.
Es decir, una exposición de motivos,
las hipótesis de trabajo y una reformulación
de la astronomía de la época desde
una nueva perspectiva heliocéntrica.
Con todo ello consiguió lo que casi con
seguridad había sido su preocupación
principal: restaurar el movimiento uniforme
en los cielos.
A la muerte de Lucas Watzendrole, acaecida en
1512, el capítulo de Warmia y los sucesivos
obispos confiarán en Copérnico,
bien como canciller, bien como administrador
o visitador, y comenzará para él
una época de actividad que casi podría
describirse como febril. Durante los siguientes
veinte años al menos, Copérnico
deberá atender a la administración
de bienes y servicios de la diócesis,
llevará a cabo intensas gestiones diplomáticas,
se verá inmerso en una guerra cruel en
la que coordina la defensa y fortificación
de las ciudades de la diócesis, habrá
de meditar sobre los modos de enfrentarse a
la inflación debida a los fraudes monetarios
de los teutones (afrontó el problema
desde una perspectiva teórica y comenzó
la elaboración de un informe que terminaría
siendo un tratado de economía monetaria
-“Monéate cudendae ratio”-
publicado en su versión definitiva en
1528), organizará los reasentamientos
de colonos en las tierras de Warmia... y además
de todo eso, observará el cielo, anotará
pacientemente posiciones del Sol, días
y horas de eclipses, ocultaciones y conjunciones,
y comprobando pacientemente y de forma minuciosa
cada dato conocido irá elaborando su
obra magna, el “De Revolutionibus”.
Sólo utilizó tres instrumentos:
el Cuadrante (descrito en el Libro II, cap.
2 del De Revolutionibus), el Astrolabio (Libbro
II, cap.14) y el “instrumento paraláctico”
(Libro IV, cap. 15). Con ellos, desde su torre,
observará Sol, Luna y estrellas durante
esos años. La última observación
que utiliza en el “De Revolutionibus”
es del 12 de Marzo de 1529 y lo es del planeta
Venus. Por entonces debía estar finalizando
su redacción y tenía ya 56 años.
Quizás demasiados para seguir observando
en las frías noches bálticas.
O quizás no necesitó más.
Prácticamente todos los especialistas
piensan que “De revolutionibus”
estaba acabado en torno a 1530. Pero Copérnico
no lo publica. Que se sepa, ni intenciones de
hacerlo tuvo.¿Por qué Copérnico,
que llevaba quizás 20 años o más
trabajando en esa obra, se mostraba indeciso
y hasta remiso a publicarla? Él mismo
esbozará algunos motivos en la dedicatoria
del “De Revolutionibus”, pero, ¿por
qué?. Sólo caben hipótesis:
Los datos que profusamente utilizaba en su obra
provenían de las obras antiguas y, por
consiguiente, podían tener errores notables
acumulados; por otro lado estaba el problema
de la reforma religiosa planteada por el luteranismo
y la sensación de vivir un periodo de
ortodoxia cambiante en el que, quizás
(y Copérnico sí que dio siempre
muestras de portarse así) lo mejor era
guardar cierta distancia y prudencia respecto
a ciertas formulaciones que pudieran “herir
sensibilidades” filosóficas o religiosas.
Si a todo esto se añade (¿por
qué no creerlo, si él mismo lo
dice?) sus veleidades elitistas inspiradas en
el secretismo pitagórico, quizás
podamos hacernos una idea de por qué
“De Revolutionibus” permaneció
probablemente otra docena de años en
los cajones de la mesa del canónigo de
Frombork.
Sin embargo, lo que no pudo Copérnico
fue evitar que las noticias de su existencia
y de lo que pensaba acerca de los movimientos
y ordenación de los cielos se extendieran
por toda Europa como se atraviesan las membranas
en un proceso osmótico. Los ecos de la
figura solitaria de Frombork llegaron finalmente
a la corte papal y en 1536 Copérnico
recibió una carta del cardenal Nicolás
Schömberg en la que se expresaba así:
“Habiéndome hablado hace algunos
años de tu capacidad, constante conversación
de todos (...). Comprendí que no sólo
conocías con suficiencia los hallazgos
de los antiguos matemáticos, sino que
habías establecido una nueva estructura
del mundo, en virtud de la cual enseñas
que la Tierra se mueve, que el Sol ocupa la
base del mundo y por tanto el lugar central,
que el octavo cielo permanece inmóvil
y fijo perpetuamente ... “
Así pues, el personaje y la obra “flotaban
en el ambiente” hasta el punto que desde
las más altas instancias, religiosas
por añadidura, se solicitaba la luz pública
para estos trabajos.
La salida a la situación vendría
con la aparición de un joven astrónomo
y matemático que se convertiría
en el único discípulo en vida
de Copérnico y a quien éste consideró
como un analizador y corrector suficientemente
preparado como para cotejar con él sus
cálculos.
|
Cuadro
de Jan Matejko (siglo XIX) que muestra
a Copérnico en el castillo de
Olsztyn (Warmia) rodeado de un astrolabio
y la imagen del sistema heliocentrista
de "De Revolutionibus". |
Nos referimos a Rhetico (nombre latinizado que
adoptó Georg Joachim von Lauchen, nacido
en 1514 en la región de Retia, el Tirol
austriaco), que apareció por Frombork
al final de la primavera de1539.
Rhetico había tenido, gracias a la fortuna
económica de sus padres, una educación
amplia y exquisita que le había permitido
viajar por Italia y estudiar en las universidades
alemanas de prestigio: Gotinga, Nuremberg y
Wittemberg. Llegó a ser un protegido
de Melanchton por cuya influencia, posiblemente,
se le concedió a los 22 años una
de las dos cátedras de astronomía
de la Universidad de Wittemberg, el centro universitario
luterano por excelencia. También a la
luterana Wittemberg habían llegado las
noticias de la obra de Copérnico. Es
precisamente Lutero una de las fuentes de ese
dato, pues datada precisamente en ese año
de 1539, se tiene noticia de una apreciación
del líder reformista en la que manifiesta
su desprecio por “un astrólogo
que, contra lo que dicen las escrituras, propone
establecer el movimiento de la Tierra y no del
Sol”. Pero a Rhetico no le debía
preocupar tanto la teoría astronómica
contenida en la Biblia como la posibilidad de
estudiar detenidamente, si existían,
los cálculos del canónigo prusiano
del que tanto se hablaba. Así pues, solicita
permiso para desplazarse a conocer “in
situ” al autor y a su obra.
Copérnico debió rápidamente
reconocer en Rhetico al matemático competente
que necesitaba y el joven matemático,
que pronto percibió la valía e
importancia de la obra que Copérnico
guardaba desde hacía años, trató
de convencerle de la necesidad de darla a conocer.
Rhetico la analizó matemáticamente
durante los dos intensos meses que duró
la visita y ante la resistencia, a pesar de
todo, de Copérnico, llegó a un
acuerdo que debió plasmarse de la siguiente
manera: Rhetico escribiría un resumen,
más extenso y algo más técnico
que el “Comentariolus” y sería
esto lo que, de momento, se publicaría.
Una especie de “globo sonda”. Inmediatamente
finaliza Rhetico su trabajo, que fechó
en Frombork, el 23 de Septiembre de 1539. El
título es “De libris revolutionum
Nicolai Copernici narratio prima” (primera
narración de los libros de Nicolás
Copérnico sobre las revoluciones) y tiene
la forma de una carta dirigida a Juan Schöner,
astrónomo en Nuremberg, perteneciente
al círculo de humanistas que rodeaban
a Melanchton. La “Narratio Prima”,
que así se conoce, es considerada, a
pesar de que su autoría es de Rhetico,
como uno de los tres tratados copernicanos (junto
al “Comentariolus” y la “carta
contra Werner”) que anteceden a “De
Revolutionibus”. En ella, Rhetico describe
el contenido de los seis libros en los que se
divide la obra de “su maestro”,
hace apreciaciones sobre algunas particularidades
geométricas del trabajo, defiende y explica
el principio-guía de mantener exclusivamente
movimientos uniformes con la eliminación
del ecuante, y todo ello, recogiendo mediciones
y cálculos que permitían justificar
matemáticamente la nueva hipótesis.
La “Narratio Prima” se publicó
en Danzig en febrero de 1540 y se difundió
intensamente entre los más reticentes,
los luteranos. Su efecto debió ser notable
pues inmediatamente se solicitó permiso
para otra edición, que se hizo en Basilea
a los pocos meses.
Rhetico, que había vuelto tras el verano
a Wittemberg para continuar sus clases, retornó
a Frombork en el verano de 1540. Para entonces
las solicitudes y la presión sobre Copérnico
para que desvelase su trabajo se habían
hecho intensas y provenían de todas partes.
El joven e ilusionado Rhetico no tuvo que esperar
mucho, pues cuando abandonó Frombork,
en agosto de 1541, quince meses después
de su llegada, llevaba consigo una copia en
limpio del manuscrito copernicano, dispuesta
para ser impresa en Nuremberg.
A partir de ese momento se inicia el proceso
de publicación del “De Revolutionibus”
que, como tantas otras cosas relacionadas con
Copérnico, ha estado rodeada de sombras,
constituyendo, en este caso, uno de los episodios
que más ha dado que hablar y más
páginas escritas ha originado en la historia
de la ciencia. Se trata del hecho de que el
libro apareciera publicado con un prólogo
que no había escrito Copérnico,
ni tampoco Rhetico, y que avisaba al lector
de que el contenido de la obra era hipotético
y su finalidad simplemente la de facilitar los
cálculos, sin corresponderse necesariamente
con la realidad. Su autor (hecho descubierto
curiosamente por Kepler) es Andreas Osiander
y lo redacta de forma que no deja clara la autoría,
con lo que podía ser interpretado, efectivamente,
como una advertencia del propio autor que altera
la intención de la obra. Si Copérnico
leyó o no el texto de Osiander con anterioridad
a ver la obra impresa es algo aun no resuelto.
A finales de 1542 Copérnico sufrió
una hemorragia cerebral que lo incapacitó
parcialmente y supuso un grave deterioro de
su salud. Fue en esas condiciones, si lo hizo,
como leyó el texto que subrepticiamente
cambiaba el significado de su obra.
En
marzo de 1543 apareció finalmente publicada
la obra que había estado gestándose
durante 40 años. Su título fue
“De Revolutionibus Orbium Celestium libri
VI”. La edición incluía
la “Advertencia al Lector” redactada
por Osiander, la carta que el cardenal Schömberg
había escrito a Copérnico en 1536
y una dedicatoria del propio Copérnico
al Papa Paulo III, en la que Copérnico
nos dice algo sobre la génesis de su
trabajo.
Los seis libros de que consta la obra se pueden
dividir en dos partes perfectamente diferenciadas.
El Libro I es, fundamentalmente, la exposición
cosmológica del Sistema Copernicano,
y en él, sin ningún tipo de aparato
matemático, se justifican las proposiciones
fundamentales. Sólo los últimos
capítulos de este primer libro están
dedicados a presentar las matemáticas
que usará para las pruebas científicas
que en el resto del libro aparecen. Son los
capítulos que ya había publicado
Rhetico separadamente.
Los Libros II al VI constituyen la parte técnica
de la obra. En ellos repasa, siguiendo un esquema
clásico como el del Almagesto, las cuestiones
de que se ocupaba la astronomía: movimientos
del Sol y de la Luna, la precesión de
los equinoccios, el movimiento de los planetas...
dando soluciones a los mismos desde la perspectiva
anunciada en la Dedicatoria y en el Libro I.
Copérnico presenta en múltiples
ocasiones la “historia” de las observaciones
usadas o del modo de resolver alguna irregularidad.
Usa profusamente de los datos heredados y conocidos
del Almagesto, del Epítome de Regiomontano
y otras obras clásicas, a los que añade
los suyos, apareciendo 27 observaciones propias.
El contenido de estos cinco libros es de lectura
prácticamente imposible para los no especialistas
en astronomía de posición y geometría
esférica, y, como él mismo reclama,
debió, de hecho, quedar reservado su
estudio a los astrónomos y matemáticos
avezados y profesionales. Pero el Libro I no
era matemático. Al contrario, era transparente
en sus enunciados y razonamientos. La influencia
que tuvo lo convirtió en la obra que
dio el pistoletazo de salida a un proceso que
haría cambiar la perspectiva que el hombre
tenía del mundo y del modo como acercarse
a él. También de la imagen que
de sí mismo se había hecho hasta
entonces. .
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| Autor: Juan Luis
García Hourcade |
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