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| Historia de las
Matemáticas |
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| Matemáticos
| Nicolás Copérnico
(2/3) |
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| Versión
para imprimir |
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1473
– 1543 |
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El
19 de Febrero de 1473 nació Nicolás
Copérnico en Thorn (hoy Torún),
ciudad de la Prusia Real (anexionada a Polonia
en 1466), donde su padre se había asentado
y casado con Bárbara Waztendole, hija
de un próspero comerciante perteneciente
a la burguesía local .
Nicolás Copérnico quedó
a los 10 años de edad huérfano
de padre, siendo acogido junto a su madre y
hermanos, por Lucas Watzendrole, tío
materno. De haber sido éste un rico comerciante
como lo había sido el padre de Copérnico,
quizás el joven Nicolás hubiera
seguido sus pasos. Pero su tío, que era
canónigo y llegaría un tiempo
después a ser Obispo en la diócesis
de Warmia, había previsto para él
que tras una etapa de formación académica
en Universidades de prestigio como Cracovia
y Padua, en las que él también
había estudiado, fuera nombrado canónigo
y siguiera, también como él, la
carrera eclesiástica. Él debía
saber que esa era un buena ocupación:
con el respaldo de la Iglesia de Roma y las
posesiones del cabildo, su sobrino no debería
volver a preocuparse de los aspectos materiales
de su vida, pues tendrían ingresos garantizados.
Es de suponer que en aquellos años recibiera
Copérnico una primera educación
adecuada a los fines para los que parecía
estar destinado, pero poco o nada se sabe a
ciencia cierta sobre su vida y formación
hasta que en 1491, con 18 años de edad,
su tío le inscribe en la Universidad
de Cracovia. Era la más famosa universidad
del extenso reino de Polonia y gozaba de un
prestigio académico reconocido en toda
Europa. Las corrientes humanísticas ya
habían llegado y convivían con
prestigiosos estudios científicos. Existían
activas cátedras de Astronomía
y Astrología y entre sus profesores se
encontraba Alberto Brudzewo, autor de un comentario
a los trabajos astronómicos de Peuerbach
que gozó de cierta fama. También
parece documentado que alguno de los profesores
de la universidad había colaborado con
Regiomontano y se explicaban, entre otros, el
“Tratado de la Esfera” de Sacrobosco
y la “Teoría de los Planetas”
de Peuerbach. Copérnico estudió
“artes liberales”, un programa de
formación básica universitaria
que incluía cierta preparación
en matemáticas. Pasó en Cracovia
4 años y en 1496 se marchó a Italia,
a la Universidad de Bolonia donde también
su tío había estudiado. Salvo
una corta estancia en Polonia en 1501 para la
toma de posesión como canónigo,
pasaría en Italia siete años estudiando
leyes y medicina entre Bolonia, Padua y Ferrara.
En esos años italianos también
llevó a cabo observaciones astronómicas
que guardará toda su vida y además
de completar su formación matemática
y astronómica, aprendió griego
y entró en contacto con las fuentes literarias,
filosóficas y científicas que
serían el alimento intelectual de generaciones.
Conoció el renacer de las teorías
pitagóricas y platónicas, tuvo
noticia de los saberes ocultos y antiguos que
atraviesan la historia y, también, indudablemente,
tomó conciencia de los problemas que
acosaban a la astronomía de su época.
Con todo ese bagaje en la primavera del año
1503 emprende el viaje de vuelta a su patria
de donde nunca más saldrá.
La vida de Copérnico sufrió un
cambio radical. Fue a residir directamente al
palacio obispal en Lidzbark. Su tío le
acogió como médico y pronto también
como consejero, secretario y ayudante íntimo
en su labor política, administrativa
y diplomática. Con él vivió
y viajó durante los años siguientes,
hasta la muerte del Obispo, ocurrida en 1512.
Pero la influencia italiana no desapareció:
Tradujo del griego al latín una obra
bizantina del siglo VII que tituló “Epístolas
morales, rurales y amatorias”. La publicó
en 1509 e iba dedicada a su tío. Su importancia
literaria es inapreciable, pero biográficamente
tiene interés por tener un prólogo
en forma de poema, escrito por un amigo de Copérnico,
en el que éste comenta cómo Copérnico,
además de acompañar a su tío,
lleva acabo observaciones astronómicas
de estrellas, Luna y Sol, sobre las que medita
y trabaja. En efecto, alguna de estas observaciones,
lo mismo que las hechas en Italia, aparecerán
reflejadas en el “De Revolutionibus”.
Así pues, Copérnico no había
dejado su afición a los cielos. Más
aun, parece estar fuera de dudas que en esa
época escribió su primera versión
del sistema heliocéntrico. Lo hizo en
un manuscrito del que repartió unos cuantos
ejemplares. Nunca se imprimió y de él
se conservan sólo tres copias. El opúsculo
en cuestión se titula “De hypothesibus
motuum coelestium a se constitutis comentariolus”,
es decir, “Breve exposición de
las hipótesis acerca de los movimientos
celestes”, y, como es usual nos referiremos
a él como el “Comentariolus”.
Copérnico no lo firmó ni le puso
fecha, lo que como tantas otras cosas referidas
a nuestro protagonista, ha sido objeto de debate
hasta hace no mucho tiempo. Se creyó
que era un esbozo previo a su obra mayor, “De
Revolutionibus” y que, en tal caso, no
estaría escrita mucho antes, de modo
que se establecía como fecha posible
en torno a 1530, pero actualmente se admite
como fecha tope para su elaboración el
año 1514.
No es una obra estrictamente matemática,
paro en absoluto está carente de argumentaciones
y “técnicas” matemáticas,
como la introducción de un tercer movimiento
de la Tierra al que denominó “declinación”,
necesario para mantener el eje paralelo a sí
mismo durante su traslación y que le
permitió dar cuenta, cualitativa pero
simple y elegantemente, de uno de los fenómenos
que más se habían resistido, la
precesión de los equinoccios. Su lectura,
pues, requería ciertos conocimientos
que, por un lado la alejaban de los aficionados
sin base y por otro supuso que a su autor se
le tomara en serio.
El contenido del “Comentariolus”
es el siguiente: Una breve introducción
a la que siguen siete axiomas o postulados y,
a continuación, los epígrafes
titulados “El orden de las Esferas”,
“Los movimientos aparentes del Sol”,
“Los movimientos uniformes no deben referirse
a los equinoccios sino a las estrellas fijas”,
“La Luna”, “Los tres planetas
superiores: Saturno, Júpiter y Marte”,
“Venus” y “Mercurio”.
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| Autor: Juan Luis
García Hourcade |
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