La muy prestigiosa revista Comptes Rendus de
l'Académie de Sciences de Paris publicó,
al final de los años treinta, alguna
nota firmada por Nicolas Bourbaki, del que después
se dijo era miembro de la Real Academia de Poldevia.
A la vista de ello, el lector podrá dudar
de si Poldevia existió realmente o era
algo parecido a la Ruritania del Prisionero
de Zenda. En apoyo de lo primero puede citarse
que años antes prestigiosos intelectuales
habían convocado en París un mitin
en apoyo del pueblo poldevo, sometido a una
insoportable tiranía (¿les suena?),
que al parecer tuvo éxito.
Y sin embargo, no era así. Algún
tiempo antes un grupo de jóvenes y brillantes
matemáticos franceses, más o menos
de la misma edad, y que tenían en común
haber sido normaliens -es decir, haber estudiado
en la famosa Escuela Normal Superior, donde
se hicieron amigos, y ser profesores en universidades
francesas de provincias, habían tenido,
visto que no les agradaban los existentes, la
idea de escribir un nuevo texto de Análisis.
Empezaron a reunirse en algún café
cercano a la Sorbona y el proyecto se amplió
enseguida a un tratado que ofreciera de modo
sistemático y riguroso todas las bases
para una presentación de la matemática
a la altura de los tiempos. Se pusieron a la
tarea (detalles más abajo), adoptando
el pseudónimo colectivo de Nicolas Bourbaki,
pero la Segunda Guerra Mundial, que afectó
gravemente a los interesados, retrasó
en unos diez años la puesta en marcha
de la redacción y publicación
del grueso de la obra. Las notas antes citadas
fueron una especie de presentación en
sociedad, que no tuvo continuación, y
el camino seguido para publicarlas fue hacer
que Elie Cartan (1869-1951), uno de los grandes
matemáticos franceses, y académico,
padre de un miembro del grupo, las presentase.
A Cartan padre se le hizo notar que era obligación
de la institución cuidar el nivel científico
de las notas, pero no los detalles biográficos
de sus autores. El académico, que debía
estar al cabo de la calle, hizo la propuesta
a sus colegas cuando tomaban los licores al
final de un banquete y no hubo ninguna objeción.
