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| Historia
de las Matemáticas |
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| Matemáticos
| Arquímedes de Siracusa (3
de 3) |
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| Versión
para imprimir |
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(¿287?-212
a.n.e.) |
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Los escritos
de Arquímedes fueron múltiples
y variados. Aparte de la cuestión de
autoría, en parte facilitada por su dialecto
dorio original y en parte complicada por el
amplio eco de su nombre en la Edad Media [6],
un problema crucial es la cronología
de las obras acreditadas y conservadas (cf.
[8] y [13]).
Este punto tiene gran importancia para determinar
la posible evolución del pensamiento
matemático de Arquímedes, desde
una primera filiación más bien
eudoxiana hasta su propia madurez post-euclídea
–sus relaciones con los Elementos y el
Euclides alejandrino
distan de estar claras–. Las obras conocidas
suelen clasificarse dentro de tres grupos más
o menos característicos (añadiré
a cada título su probable número
de orden cronológico, a la luz del estado
actual de la discusión al respecto):
(A) Escritos matemáticos dirigidos a
la demostración de proposiciones sobre
áreas y volúmenes de figuras limitadas
por líneas o superficies curvas: Sobre
la medida del círculo (1), Sobre la cuadratura
de la parábola (3), Sobre la esfera y
el cilindro (6), Sobre espirales (7), Sobre
conoides y esferoides (8).
(B) Obras que proceden al planteamiento y la
resolución geométrica de problemas
de estática e hidrostática, o
se sirven de consideraciones mecánicas
en el tratamiento de cuestiones geométricas:
Sobre el equilibrio de planos I, II (4), Sobre
los cuerpos flotantes I, II (5), Método
(9).
(C) Trabajos con un aire de miscelánea
matemática: Arenario (2), El problema
de los bueyes (¿?), Stomachion (fragmentado,
¿?).
Por lo demás, no faltan otras muchas
recensiones, atribuciones dudosas y referencias
a obras perdidas sobre temas aritméticos
-sistemas de numeración-, geométricos
-poliedros semirregulares-, astronómicos
-técnicas de construcción de planetarios-,
ópticos -espejos y fenómenos de
refracción- o, en fin, mecánicos
-“balanzas”, estudios de centros
de gravedad y de condiciones de equilibrio-,
hasta cubrir una lista total de unos 30 títulos.
Alguna de las obras acreditadas ha cobrado una
especie de historia propia, en especial el Método
(la carta a Eratóstenes sobre el método
relativo a las proposiciones mecánicas).
La inesperada aparición, en 1906, del
palimpsesto bizantino -originario del s. X-
que lo contenía, provocó una reedición
en 1913 de las obras acreditadas de Arquímedes;
y ahora, tanto su reciente reaparición
-en una subasta de Christie’s en 1998-,
como su tratamiento digitalizado están
motivando una nueva edición crítica
en curso, con repercusiones no sólo eruditas
sino hermenéuticas (cf. [10]).
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Portada
de la Edición de Heiberg de las
obras de Arquímedes editadas entre
1910-13 (incluye el método recién
descubierto en 1906). |
La interpretación del
sentido y de la significación de su forma
de hacer matemáticas es seguramente la
cuestión más interesante y debatida
sobre Arquímedes. Por fortuna, es una
rara avis entre los antiguos matemáticos
a la hora de explicitar sus supuestos y procedimientos.
Para empezar, da a entender una suerte de realismo
matemático de las propiedades inmanentes
en los objetos geométricos (“figuras”),
cuando trata de explicar su descubrimiento de
ciertas relaciones entre el cono y la esfera:
«Estas propiedades ya eran inherentes
por naturaleza a tales figuras, pero las ignoraban
quienes se habían dedicado antes que
nosotros a la geometría porque nadie
había reparado en la simetría
que hay entre esas figuras» (Prefacio
de Sobre la esfera y el cilindro, I).
Puede que esta sensibilidad hacia la simetría
sea una de las claves de su olfato geométrico
y físico-matemático. De hecho,
la idea de simetría también desempeña
un papel notable en su concepción del
equilibrio en estática. Pero no faltan
ocasiones en la que se muestra más bien
indiferente o ecléctico, e. g. al adoptar
dos modelos distintos de referencia, uno cosmológico
de líneas convergentes (Sobre los cuerpos
flotantes, I), el otro geométrico de
verticales paralelas (ibd., II), en sus estudios
de hidrostática. En todo caso, resaltan
una libertad de movimientos, una lucidez teórica
y metódica, y un interés por la
investigación monográfica avanzada
que dan a su trabajo matemático un aire
moderno de originalidad y autonomía.
Este aire moderno es uno de los problemas subyacentes
en la comprensión de la forma de hacer
matemáticas de Arquímedes.
El Método, su comunicación a Eratóstenes
sobre el uso de nociones mecánicas en
la investigación y la prueba plausible
-no demostración canónica- de
resultados geométricos, es casi un paradigma
a ese respecto. En algunas sugerencias de los
experimentos mentales de equilibrio allí
expuestos -e.g. en la consideración de
líneas como palancas y, más aún,
en el supuesto de que las figuras se componen
o llenan de sus cuerdas (o, para el caso, los
sólidos de sus secciones)-, se han querido
ver no sólo violaciones de la norma geométrica
clásica, sino un preludio físico-matemático
moderno y, más aún, el uso de
infinitesimales hasta, en definitiva, el origen
del cálculo integral e incluso la idea
de límite (tópicos reiterados
a partir de la entusiasta interpretación
de [12]). Con todo y por mucho que se insista
en el talento creador de Arquímedes,
no son menos ciertas la integración de
su obra en la doble tradición matemática
griega, -calculística y métrica
por un lado, deductiva y “axiomatiforme”
por otro-, y sus contribuciones al desarrollo
de la prueba dentro del marco finitista clásico,
según muestra su tratamiento alternativo
de algún problema del Método en
Sobre la cuadratura de la parábola. La
contribución más notable en este
sentido es su refinamiento de la base teórica
del método de convergencia avanzada por
Eudoxo y sentada por
Euclides, al adoptar
como lema en el prefacio de Sobre la cuadratura:
«El exceso de la mayor
de dos áreas desiguales sobre la menor
[es una magnitud que] puede sobrepasar, si es
añadida a sí misma [cuantas veces
sea preciso], cualquier área finita dada»
y como asunción 5ª
en Sobre la esfera y el cilindro (cf. el prefacio
de Sobre las espirales):
«De dos líneas o superficies
o sólidos desiguales, la mayor excede
a la menor en una magnitud que, añadida
a sí misma, puede exceder cualquier magnitud
dada entre las consideradas».
Estas precisiones añaden a la consideración
euclídea de la multiplicación
o la aditividad (Elem. V, deff. 3-4), el caso
de los excesos o las diferencias, y envuelven
dos condiciones al respecto: (1) la diferencia
entre magnitudes es una magnitud, y (2) es una
magnitud del mismo tipo o de la misma dimensión
que las consideradas.
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| Autor: Luis Vega
Reñón (U.N.E.D.) |
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